Este mediodía, cuando el aceite chisporroteaba y los tallarines esperaban su turno en la olla, doña “Pochita” Zigarán -una conocida vecina del pueblo- jamás imaginó que el invitado especial no tocaría timbre. Primero fue una sombra de pico generoso en el jardincito interno; después, un salto audaz y plumífero directo a la cocina. Un tucán, enorme y desorientado, decidió que el menú del día incluía chipá ajeno.
La escena, digna de un sainete barrial, tuvo como escenario una casa del barrio Antártida Argentina, en Cerrillos. Mientras “Pochita” Zigarán defendía la mesada cual guardiana del santuario culinario, el ave -asustada pero con hambre- estiraba el cuello con diplomacia tropical para arrebatar los pancitos de queso y mandioca. Pero no hubo acuerdo. el tucán retrocedió, cruzó el umbral y, en un giro inesperado, se mudó al lavadero, como quien busca alquiler temporario.
La familia, entre risas nervios y teléfono en mano, consultó a biólogos y veterinarios amigos hasta que llegó la recomendación certera: llamar al 911. Dicho y hecho. En menos de diez minutos, un patrullero de la Policía Rural estacionó en la puerta. Con pericia y calma, los efectivos rodearon al intruso, lo contuvieron y lo trasladaron a la estación de fauna, donde recibirá atención especializada antes de ser devuelto a su hábitat.
El tucán, al que los vecinos bautizaron “Joaco”, es un ejemplar de gran tamaño que, por razones aún no determinadas, no podía emprender vuelo. Sin heridas visibles, se presume que pudo haberse desorientado tras las tormentas recientes. Estos animales suelen desplazarse en pareja o en bandadas; verlo solo refuerza la hipótesis de que estaba perdido y en busca de cobijo.
Los encuentros con tucanes se han vuelto más frecuentes a medida que las urbanizaciones avanzan sobre territorios que antes les pertenecían. Se los ve en plazas y copas de árboles, pero rara vez en una cocina. La recomendación es que "no hay que molestarlos y comunicarse de inmediato al 911 ante cualquier situación similar". La respuesta de la Policía fue tan rápida como el intento de “Joaco” por birlar los chipá.
Y así, entre milanesas, fideos y plumas coloridas, Cerrillos sumó una anécdota que quedará para el recetario de lo inolvidable, cuando el monte golpea la puerta, o la ventana, conviene tener a mano el teléfono y sujetar bien la bandeja.