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Lejos de ser una sorpresa aislada, lo ocurrido en Melbourne fue la confirmación de una tendencia. Elena Rybakina jugó con autoridad, temple y convicción para quedarse con el Abierto de Australia, tras derrotar en la final a la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, en un partido que exigió precisión, fortaleza mental y resistencia física hasta el último punto.
El duelo se resolvió en tres sets, con parciales de 6-4, 4-6 y 6-4, luego de dos horas y 19 minutos de juego de alto voltaje. Rybakina, actualmente número 5 del ranking WTA, supo administrar mejor los momentos clave, especialmente en los cierres de set, donde marcó diferencias con su servicio y su potencia desde el fondo de la cancha.
El desarrollo del partido fue tan cambiante como equilibrado. En el primer set, la kazaja tomó la iniciativa con golpes profundos y un saque sólido que le permitió sostener la ventaja. Sabalenka reaccionó en el segundo parcial, ajustó su agresividad y logró empatar el encuentro, apoyada en su potencia habitual y una mayor efectividad en los puntos largos.
El set decisivo mostró lo mejor de ambas. Allí, Rybakina mantuvo la calma en los juegos más ajustados y aprovechó una de las pocas oportunidades de quiebre que concedió su rival. Esa diferencia mínima terminó siendo decisiva para cerrar el partido y desatar el festejo en el Rod Laver Arena.
Con este triunfo, Rybakina conquistó por primera vez el título en Australia y sumó su segundo Grand Slam, tras el logrado en Wimbledon 2022, consolidando su presencia entre la élite del tenis femenino. A sus 25 años, la kazaja continúa ampliando un palmarés que refleja regularidad en los grandes escenarios.
Para Sabalenka, la final significó una oportunidad perdida. La bielorrusa disputaba su cuarta final consecutiva en Melbourne, pero no logró alcanzar su tercer título en el torneo. Su palmarés en torneos grandes se mantiene con cuatro trofeos de Grand Slam, pese a seguir mostrando un nivel que la sostiene en lo más alto del ranking mundial.
El partido también tuvo un fuerte componente simbólico: fue la reedición de la final de 2023, cuando Sabalenka se había impuesto por 4-6, 6-3 y 6-4. Esta vez, el desenlace fue inverso y reforzó una rivalidad intensa y muy pareja, que ya se refleja en el historial entre ambas, con ocho triunfos para Sabalenka y siete para Rybakina.
La final del Abierto de Australia dejó algo más que una campeona. Confirmó una competencia directa entre dos de las figuras centrales del circuito, con estilos distintos pero igualmente efectivos, y anticipó nuevos capítulos de un duelo que promete seguir marcando el pulso del tenis femenino en los próximos años.