inicia sesión o regístrate.
Pablo Rago atraviesa un momento de enorme exposición actoral con su participación en Yiya, la serie de cinco capítulos que Flow acaba de estrenar sobre la vida de María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, la célebre “envenenadora de Monserrat”. En la ficción, Rago interpreta a Félix, el periodista que reconstruye la historia del caso a partir de entrevistas con la protagonista en distintas etapas de su vida.
A los 53 años, el actor repasa su experiencia en el set junto a Cristina Banegas y Julieta Zylberberg, reflexiona sobre el fenómeno social que generaron figuras como Murano o Ricardo Barreda y revela un dato desconocido: tiene guardado un guion cinematográfico propio, escrito hace más de dos décadas, basado en la historia íntima de un excombatiente de Malvinas.
“Lo que está mal, está mal, seas o no famoso”
Rago no duda cuando se le menciona a Yiya Murano o al cirujano parricida Ricardo Barreda. “Algo curioso que tenemos los argentinos: tendemos a lavar un poco a ciertos personajes cuando se hacen famosos. A mí eso nunca me gustó. Lo que está mal, está mal, seas o no famoso”, afirma.
El actor recuerda un detalle particular que lo unía al caso Murano: conocía al hijo de la envenenadora, Martín, a quien había tratado en su paso por Telefe. “Le gustaba contar su historia poniéndose un poco en el lugar de víctima”, relata. También evoca el revuelo que generó la aparición de Yiya en una recordada entrevista con Mirtha Legrand, momento en que la criminal incluso llegó a cosechar seguidores.
El desafío de interpretar a un periodista frente a una figura tan polémica
Yiya es una coproducción de Flow, Kuarzo e Idealismo Contenidos, escrita por Marcos Carnevale y dirigida por Mariano Hueter y Pipi Levati. Allí Rago construye su personaje acompañando los relatos de Murano en su vejez (interpretada por Banegas) y en su adultez (en la piel de Zylberberg).
“La decisión que tomamos fue que mi personaje descubriera a Yiya a la par del relato. Me dejé llevar por la forma en que se desarrollaba el guion”, explica. La experiencia, cuenta, llegó con un inesperado plus: dos semanas de trabajo intenso y mano a mano con Banegas. “Fue muy lindo, muy intenso. Un curso completo con la cámara encendida… y también afuera del set”.
La película que escribió y nunca mostró
En medio de la conversación aparece una faceta poco conocida del actor: la escritura. Rago contó que en 2002 hizo un curso de guion y que, en ese contexto, desarrolló un proyecto cinematográfico que nunca llegó a mostrar.
“Escribí una película que quedó guardada. No tenía nombre. Y fue curioso: durante mi infancia y adolescencia estuve muy enojado con la guerra de Malvinas porque mi tío no fue convocado y sus amigos sí. Recién cuando retomé lo que había escrito me di cuenta de que el protagonista de mi historia era un piloto excombatiente de Malvinas. Sin darme cuenta, había sacado el tema desde ese lugar”, relata.
Otro detalle que lo intriga hasta hoy: en todos los textos que escribió durante ese período aparecía una mujer llamada Laura. “No sé por qué, pero algún día lo descubriré”, dice.
Entre lecturas, series y la costumbre de escribir a mano
Rago también admite que su rutina cambió con los años: ya no lee tanto como antes. “Me encanta leer, pero lo estoy perdiendo. En mis últimas vacaciones me llevé Cuentos sin plumas, de Woody Allen, para ver si volvía la costumbre… y no hubo caso”.
Confiesa, entre risas, que el hábito de la escritura manual también quedó relegado: “El otro día quise escribir algo a mano y no me salía la letra. Tanto escribir en el celular y la computadora…”.
Un futuro posible como guionista
Sobre el final, y casi sin proponérselo, Rago deja la puerta abierta a retomar aquel viejo proyecto: “¿Quién te dice? Algún día podría convertirme en el escritor de mi primera película. Tendría que desempolvar ese guion… Me diste una linda idea”.