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Hoy, el desentierro del carnaval en la casa de Severo Báez será especial. El Centro de Residentes Vallistos y Puneños cumple 50 años; de hecho, don Severo había planeado con sus hijos el festejo. Desde los 70, los vecinos de la ciudad de Salta llegados desde sus pueblos podían y pueden celebrar sus costumbres y fiestas como en sus lugares en esta casa de puertas abiertas.
Este año se suma también un homenaje a don Severo que formó con Rafaela Gaspar una gran familia de hijos, nietos, biznietos y amigos. Partió en enero.
"Y este lunes se hace un encuentro de comparsas, y el martes se hace la tradicional pechada de caballo, en homenaje a mi padre también", dice en diálogo con El Tribuno Viviana Báez, quien con sus hermanos y su madre han asumido el compromiso de seguir en el camino marcado por Severo Báez.
Este carnaval es especial...
Sí... Mi padre estuvo internado desde agosto hasta casi fines de diciembre. Cuando salió de alta, estaba lúcido y no es que se despedía, sino que nos decía que teníamos que continuar adelante. Y habíamos armado la cartelera... Qué fecha empezamos, cuándo va ser lo de las comadres, los compadres, cuándo se hace el desentierro... Y nosotros seguimos... Él nos había hecho hacer que el desentierro y los 50 años de la casa sea el 15 de febrero, y resulta que esa fecha se cumple el mes de su muerte. Entonces él nos pone, yo digo, con esa prueba de cumplir la promesa y de seguir más allá del dolor. Nos hemos criado rodeados de copleros, de bandoneones, rodeados de la gastronomía, no solamente cuando mi mamá hace fiesta, sino que mi mamá siempre nos está preparando la comida en el fuego...
Son costumbres que se conservan...
Nosotros nos hemos criado los 15 hijos con muchas tradiciones... Incluso a la Pachamama no le llevaban el apunte, ¿no? Porque era una cosa de burla, de gente loca que hace cosas... La falta de respeto a los copleros existía en ese tiempo también. Yo siendo adolescente vi la burla hacia los copleros. Y por esta lucha que hizo mi papá junto con mi mamá, Rafaela Gaspar, por años, hoy los copleros tienen un valor en cada pueblo, en cada lugar. Las tradiciones como la Pachamama hoy están vigentes... incluso tiene una declaración el 1 de agosto. Lo que hicieron ellos en los peores tiempos donde era burla, hoy tiene un propósito que es el seguir adelante, mantener estas costumbres. Nosotros este domingo hacemos el desentierro del carnaval, el homenaje a mi padre, Severo Báez, y también los 50 años del Centro de Residentes Vallistos y Puneños. Tenemos el mojón del carnaval en el patio de los bandoneones... Siempre en José Echenique 1074, en Villa Primavera.
¿De dónde venían don Severo y doña Rafaela?
Mi papá figura que es nacido en San José de Cachi, pero nació en Corral de Piedra y como ahí no había para asentarlo, lo asentaron en San José de Cachi. Y mi mamá es de Cieneguillas, departamento de Santa Catalina, Jujuy. Ellos se conocen acá, en la procesión de la Virgen del Milagro hace 54 años. Y después se casaron y cada uno con sus tradiciones, cada uno con sus formas, han comenzado a hacer juntadas, primero con sus amigos, que eran cantores residentes, con mi abuelito –Modesto Gaspar- que fue el primero… Cuando mi abuelo venía a verla a mi mamá traía el erquencho y él tocaba y venía con algunos primos y cantaban en la casa y así se formó el Centro de Vallistos y Puneños. Y hace 50 años mis padres hicieron y abrieron la primera Pachamama en la casa, y el primer carnaval... Ellos ya estaban viviendo ahí.
Cuando mi abuelo venía a verla a mi mamá traía el erquencho y él tocaba y venía con sus primos y cantaban".
¿Cómo explicaría el carnaval?
Más allá de las tradiciones que uno respeta, y hace el desentierro y el encuentro de comadres y todo, es un momento de diversión, de volver a cargar energía para después volver al trabajo y estar un año entero, ¿no? Las personas esperan el carnaval. En lo que es tradición, esperan el carnaval en el campo para hacer un encuentro de comadres, para encontrarse con su comadre, para hacer chicha, aloja, para encontrar a su ahijado que no vio durante el año, para saludarse entre compadres, para cantar coplas. Porque durante este tiempo de carnaval se canta de una manera diferente, son coplas más alegres, con una tonada más divertida. O hay muchos que esperan para hacer sonar su erquencho, que solamente suena en ese tiempo. O bien, muchas personas esperan el carnaval para ponerse su ropa típica, ¿no? Y salir, ahora sí. Costó mucho que hoy la gente respete a alguien que ande con su ojota, con su bota, con su sombrero, o que haga sonar una caja. Pero el tiempo hizo que hoy la gente respete y valore. Mi padre hizo por eso también. Y acá se notan mucho los tres días de carnaval, en los mismos barrios uno ya juega con agua, con bombuchas, con pintura. Son tres días de diversión sana… Al carnaval hay que desenterrarlo con respeto. Es pedir permiso a Dios, a la Virgen, a la Madre Tierra la Pachamama para que sea un carnaval sano, alegre y después que pase, enterrar el carnaval de esa misma manera...
¿Los nietos de don Severo tocan la caja, coplean?
Nosotros, los hijos, los nietos y los bisnietos... todos tienen la herencia de mi papá. La caja, el canto... las mujeres al elaborar las comidas regionales... Tenemos hermanos copleros, un hermano toca el bandoneón, nuestros niños, nuestros nietos son copleros. Ya tengo nietos que coplean, o sea que los bisnietos de Severo también son copleros. Se ponen un poncho y ya saben qué significa. Siendo niños, ellos saben que cuando están con el poncho y la caja, hay que comenzar a cantar, se sienten feliz, piden que uno les ponga la serpentina… Como lo han visto desde niños, desde niños nos criamos con esto. Yo tengo un nietito de dos años, Cirito, va camino a los 3... y anda con la caja y canta a la Pachamama. El año pasado desfiló en mis brazos para los 17 de junio. Y él ya sabe el sentido de ponerse el poncho porque su mamá también se pone el poncho, porque su abuela, porque su abuelo, como él le decía "el papi", se ponía el poncho... No es que nosotros obligamos a nuestros hijos, a nuestros nietos. Ellos ven y cuando son grandes entienden y siguen. Aman la tradición desde niños.
Hoy, mi padre nos acompaña desde el cielo y mi madre nos agarra la mano a los quince hijos y nos va a guiar para seguir adelante…".
Don Severo enseñaba a cantar con caja...
Mi papá ha formado a muchos copleros en todos sus años, formó el primer grupo de bagualeros -Bagualeros del Norte Argentino-, que el año que viene cumple los 50 años. Mi papá formó a muchos copleros que hoy son reconocidos, como Balbina Ramos, como Juan Jaime, como Calixta Díaz. Ellos ya sabían, lógicamente, cantar de su pueblo. Pero ellos iban a la casa y mi papá les enseña las diferentes tonadas. Les enseñó a armar sus propias coplas. Y así como ellos, a un montón de copleros. No solamente gente que venga de un pueblo o de la ciudad, sino a turistas también. Mi papá llegó a tener una alumna que era de Alemania… ella antes de aprender a hablar en español, aprendió a cantar copla. Iba dos veces a la semana a aprender, ya tenía su caja… y se fue con eso. Mi papá nunca fue mezquino de sus tradiciones, mi mamá tampoco. Siempre fueron abiertos para el que quiera aprender, el que quiera saber... Ahora se ve muchos encuentros de comadres, de copleros... Antes no estaba eso, y en mi casa se mantuvo por siempre. Mi papá me decía: "Hija, yo he logrado muchas cosas". Y es verdad. Una persona de la Dirección de Cultura me decía: "Don Severo se merece todos los homenajes. Hizo un montón por la cultura. Hace 30 años atrás no se veía lo que se ve ahora, Viviana". Como digo, hoy mi padre nos acompaña desde el cielo y mi madre nos agarra la mano a los quince hijos y nos va a guiar para seguir adelante…
"Mi papá y mi mamá son personas llenas de cultura"
El homenaje a Severo Baéz será hoy, en Echenique 1074, Villa Primavera, en el oeste de la ciudad. A partir de las 15.30, la casa de Severo Báez abrazará una vez más a quienes se acerquen.
"Tengo mi grupo de folclore... Y me tocó llegar en medio de los cerros a un patio criollo y que paren la música y digan: 'Ahí llegó la hija de Severo, los recibamos con los aplausos, porque es la hija de un grande que hizo respetar las tradiciones", cuenta Viviana Báez.
Severo fue muy querido, la familia toda es muy querida, por muchas razones. "No solamente tuvo su Centro de Vallistos y Puneños, tuvo un comedor comunitario hasta hace cinco meses, que se cerró porque mi papá estaba internado. Y estábamos todos abocados a él", comparte Viviana.
"Mi mamá hace unos días nos dijo: 'Hijos, quiero volver a tener el comedor y el merendero'. Siempre fue a pulmón. Siempre ayudado por nosotros cuando hemos ido creciendo", dice, y recuerda: "Mi papá salía de trabajar y venía en bicicleta y nos daba plata para comprar las verduras para hacer salsa, fideo, un guiso, lo que sea... Y cuando nosotros hacíamos los desentierros del Carnaval, y pasábamos el lunes y martes, la milanesa con papas fritas para los chicos de los asentamientos".
"Mi papá y mi mamá son personas llenas de cultura, pero sobre todo en su sangre corre amor, mucho amor... Dios decidió que mi padre tenía que descansar porque estaba sufriendo. La Virgen yo siento que nos está abrazando. Él fue bien devoto a la Virgen y a nuestra Madre Tierra, la Pachamama, y hoy está al lado de él. Vamos a seguir adelante porque eso es lo que él quería y eso es lo que mi madre nos pide. Somos quince hermanos para abrazarnos y seguir adelante junto a mi mamá, a través de nietos, sobrinos, bisnietos y toda una familia", dice.
Mi papá y mi mamá son personas llenas de cultura, pero sobre todo en su sangre corre amor, mucho amor...".
Severo Báez, en un desentierro del carnaval en Villa Primavera, en febrero de 2012.