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15 de Febrero,  Salta, Centro, Argentina
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Cuando el Carnaval también es memoria, resistencia y pertenencia

En el norte de la Provincia, en Yariguarenda, el pueblo guaraní celebra el Arete Guazú, la “gran fiesta”, con pim pim, comidas comunitarias, en armonía con las yungas.
Domingo, 15 de febrero de 2026 12:24
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Salta es una provincia extensa y diversa. Por dónde uno vaya encontrará particularidades regionales sin que esto signifique que se diluya la salteñidad. Se puede llegar a decir que en esta provincia, la riqueza mayor es la diversidad cultural que tiene. Ahí entra el Carnaval y la paleta amplia de colores y opciones que tiene no alcanza un año para experimentarla.

En el extremo norte de la provincia, muy cerca de la frontera con Bolivia, la pequeña comunidad de Yariguarenda vive el carnaval de una manera muy particular. Allí, la celebración no se reduce a comparsas o corsos urbanos, sino que se funde con una de las expresiones culturales y espirituales más profundas del pueblo guaraní: el Arete Guazú, la “gran fiesta”.

Hablamos de una celebración con raíz ancestral. El Arete Guazú (que en lengua guaraní significa justamente “fiesta grande”) es mucho más que un festejo de Carnaval. Se trata de una ceremonia comunitaria que combina espiritualidad, memoria ancestral y celebración colectiva. Coincide en el calendario con los días de carnaval, pero su sentido trasciende lo festivo: es un tiempo de encuentro entre vivos y muertos, de renovación y de reafirmación cultural.

Durante varios días, las familias se preparan con semanas de anticipación. Se elaboran máscaras de madera talladas a mano, se cosen trajes coloridos y se organizan las comidas comunitarias. El maíz, base de la alimentación tradicional, ocupa un lugar central en la preparación de alimentos y bebidas típicas.

Máscaras y personajes

Uno de los rasgos más llamativos del carnaval en Yariguarenda es la presencia de los mascaritas o aña, figuras que recorren la comunidad con máscaras que representan animales, ancestros o personajes simbólicos. Estas máscaras no son simples disfraces: cada una tiene un significado y forma parte de una tradición que se transmite de generación en generación.

Acá se baila el pim pim. Es una manifestación dancística ancestral presente en los carnavales guaraní como una de las categorías de conjuntos: hombres y mujeres bailan al ritmo del instrumento de percusión que da nombre a la danza, llevando colores, movimientos rítmicos y fuerza comunitaria. Esta danza no es solo un elemento estético, sino una expresión viva de la identidad ava guaraní.

El sonido de cajas y flautas acompaña el recorrido. La música, repetitiva y profunda, marca el ritmo de las danzas circulares que reúnen a grandes y chicos en el centro de cada comunidad.

 

 

Las claves

 

  • El evento destaca por sus raíces culturales, marcando el Arete Guazú como un ritual ancestral de agradecimiento a la tierra por la cosecha.
  • Se baila con pim pim (baile tradicional guaraní), siendo un punto de encuentro para la comunidad local y visitantes.
  • Se desarrolla en el paraje Yariguarenda, en el norte de Salta, a menudo asociado con la zona de Virgen de la Peña.
  • Forma parte de las experiencias de turismo rural comunitario que ofrece la zona, conectando a los visitantes con la historia y tradiciones guaraníes. 
  • Yariguarenda significa "Tierra de Sapos", ofrece un carnaval que combina la algarabía popular con el respeto a la herencia indígena.

 

Encuentro y comunidad

A diferencia de los corsos urbanos de ciudades como Salta u Orán, en Yariguarenda el Carnaval mantiene una fuerte dimensión espiritual. El Arete Guazú es también un momento de recuerdo a los antepasados. Según la cosmovisión guaraní, durante estos días los espíritus regresan para compartir con sus familias.

La celebración culmina con rituales que simbolizan el cierre del ciclo festivo y el inicio de uno nuevo. Hay abrazos, comida compartida y un sentimiento colectivo de renovación.

En tiempos donde muchas tradiciones corren riesgo de diluirse, el Carnaval de Yariguarenda y el Arete Guazú representan una manifestación viva de identidad cultural. No es un espectáculo montado para turistas, sino una práctica comunitaria que reafirma el vínculo con la tierra, la historia y la espiritualidad guaraní.

Cada año, cuando llegan los días de carnaval, Yariguarenda vuelve a latir al ritmo ancestral del Arete Guazú, recordando que la fiesta, en el norte salteño, también es memoria, resistencia y pertenencia.

 

El orígen es la diferencia

Valdez explica que el carnaval en la comunidad “no es solamente una fiesta”, sino un momento profundamente espiritual. Señala que el Arete Guazú representa un tiempo de encuentro entre las familias, de reencuentro con los ancestros y de reafirmación cultural. “Es cuando recordamos quiénes somos y de dónde venimos”, suele destacar en relación al valor simbólico de la celebración.

También remarca que las máscaras, la música y las danzas no son elementos folclóricos aislados, sino expresiones vivas de una cosmovisión. Según su mirada, cada máscara tallada y cada recorrido de los aña forman parte de un ritual que conecta a la comunidad con sus mayores y con la tierra.

Valdez diferencia el Arete Guazú de los corsos tradicionales: “No es un espectáculo, es una ceremonia comunitaria”, subraya, insistiendo en que se trata de una práctica cultural que se transmite de generación en generación.

Finalmente, suele vincular el carnaval con la defensa del territorio y del monte. Para ella, preservar el Arete Guazú es también preservar la identidad guaraní frente a los cambios sociales y económicos que atraviesan la región.

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