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La captura de Nicolás Maduro y su esposa, acción que tuvo por gestores al Presidente de Estados Unidos Donald Trump y a su formidable Fuerzas Armadas en una operación quirúrgica, ha sido motivo de regocijo y celebración por parte de los venezolanos en todo el orbe y de toda persona que adhiere a los valores democráticos. Cabe recordar que nueve millones de venezolanos debieron optar por el ostracismo ante la continua violación a los derechos humanos, la aguda crisis humanitaria y los sistemáticos crímenes de lesa humanidad perpetrados en el célebremente triste Helicoide.
¿Era necesario este operativo digno de un libreto de película de acción? No. Como expresara Marco Rubio en la conferencia de prensa a poas horas de la captura, Maduro tuvo muchas oportunidades para gestionar una salida negociada. Cabía la posibilidad de una transición razonable. Bien pudo Maduro acatar la decisión de los venezolanos surgida de las urnas que consagró a Edmundo González Urrutia en la presidencia y a María Corina Machado en la vicepresidencia, entregando el mando y respetando la decisión ciudadana. Eso pudo haber reivindicado su horrenda imagen.
Pero la cerrazón de quien se atrinchera en el trono presidencial, el que solo tiene como norte la gestión desde la óptica del autoritarismo, del irrespeto hacia el ser humano, no tiene la capacidad de entender que el mundo demanda a los gobiernos que respeten como principio básico la libertad, la posibilidad de desarrollo en su tierra y de poder expresarse sin censura. Quienes consagran como válidas a la democracia y la necesidad de respetar la alternancia partidaria y las reglas que las rigen, no pueden menos que celebrar esta novedad con que el mundo ha amanecido en un día histórico como pocos.
Otra lectura nos aproxima a la reafirmación del liderazgo del país del norte que cobra un protagonismo inusitado en el contexto de Occidente. El presidente Trump que ya tiene un caudal importante de protagonismo en escala mundial, reafirma su figura y la potencia. Es el héroe que ha logrado quitar a un líder opresor. No cabe duda alguna que hay un importante sector del mundo que ansiaba la salida de Maduro y sus adláteres del régimen y la recuperación del estado de derecho en Venezuela.
Pero he aquí que Trump ha expresado en Mar -a - Lago que su país va a liderar la transición hacia la democracia plena, ofreciendo su ayuda a los ciudadanos venezolanos.
Es de esperar que ese período sea gestionado con celeridad y que las medidas adoptadas sean para beneficio de la sufrida población venezolana y quienes se vieron forzados a un destierro voluntario para que puedan volver a sus casas y recuperar sus afectos familiares.
Una incógnita a resolver es cómo se producirá esa participación de Estados Unidos en la reconstrucción venezolana, la que evidentemente ha sido devastada en todos sus estamentos, en todas sus estructuras y erradicada su población productiva. Otro interrogante nos lleva a la gestión judicial en la corte americana, el desarrollo del proceso y los cargos que se formulan, que ha llevado a la captura del nefando personaje. En los próximos días se irán develando todos estos aspectos y el decurso que toman los acontecimientos, hasta terminar con el régimen dictatorial que ha gobernado a la bella tierra venezolana.
En una jornada que queda para la Historia, en un mundo que se reconfigura continuamente, en la encrucijada que colocan los dictadores a los pueblos a los que sojuzgan y oprimen con el uso de las armas, cabe esperar que prime la racionalidad entre los sectores chavistas que responden a Maduro y posibiliten un pleno retorno a la democracia y puedan las autoridades electas tomar sus cargos.
Y cabe también en un día histórico una reflexión: la perpetuidad no es para los gobernantes, la Vida Eterna es solo para Dios. El querer imitarlo y superarlo es sencillamente catastrófico para los pueblos.