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La República Argentina ha mantenido una posición histórica de defensa de la soberanía de los países y la no intervención en sus asuntos internos, coincidente con lo que se establece en la Carta de las Naciones Unidas.
En este sentido ha apoyado el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la libre decisión sobre sus sistemas políticos. En este sentido ha mantenido siempre la política de no reconocimiento de gobiernos de facto, surgidos de golpes de Estado e intervenciones extranjeras.
Es de destacar que, cualquiera sea el partido político gobernante, siempre se mantuvo esta política internacional, lo cual hacía a la coherencia y la respetabilidad de la política internacional de la República Argentina.
Por eso mismo la Argentina ha defendido la integridad territorial de los Estados, y ha condenado la secesión o la anexión de territorios por la fuerza.
Realizadas estas observaciones, ante el ataque a naves de Venezuela, la invasión del sábado con la fuerza y con bombardeos sobre centros urbanos, para el secuestro de un presidente.
Mi opinión no supone avalar a Nicolás Maduro, que desde hace dos años es un presidente ilegítimo, porque no aceptó su derrota en las urnas, ni la persecución, proscripción y encarcelamiento de sus opositores, ni el secuestro de un gendarme argentino cuyo destino se desconoce. Este artículo defiende la soberanía del Estado y ratifica el compromiso de no intromisión de un Estado en los asuntos de otro. Toda guerra tiene su fundamento en cuestiones económicas, aunque las disfracen con pretextos ideológicos, o el interés por los minerales, los hidrocarburos, luego será el agua-bienes de un país, y que otro más poderoso desea. Y como es poderoso, no piensa en el comercio internacional, ni en los tratados o acuerdos; simplemente invade, y se lleva lo que aspira.
Todos los países que no tenemos un espíritu armamentista ni vocación de invasores estamos en peligro. Y no es cuestión de hacernos amigos de los más fuertes como política de Estado, de aliarnos con los invasores, porque se parecen a la política del gobierno de turno.
No podemos aplaudir la invasión de un país a otro, por más que no nos guste la política del invadido y tengamos lazos "amorosos" con el invasor.
En las Naciones Unidas, ha sido esta nuestra posición, y podremos haber simpatizado más con unos gobiernos, estado en desacuerdo y hecho saber en las reuniones de la ONU, pero nunca apoyar y aplaudir la invasión.
Aunque sea por una política de autodefensa, pues como Argentina, que tiene mineras, petróleo, agua, y otras riquezas, pueda ser invadida por una potencia que aspire a esos recursos. No nos podemos vender, por un abrazo, una foto, o un préstamo que a la larga se tiene que pagar.
Podemos conformar alianzas con otros países, pero que beneficien al país, como el Mercosur, u otros acuerdos también económicos o de cuidado del ambiente, porque éste no reconoce límites políticos sino geográficos. Pero nunca por intereses únicamente del invasor contra un invadido. ¿O hemos vuelto a la ley de la selva, la ley del más fuerte?
Los tratados, los acuerdos, la conversación pacífica, la negociación ¿son dejados de lado?
La paz debe ser nuestro horizonte, nuestro objetivo; la paz ahora y después, para nosotros, esta generación, y para los jóvenes y niños, que miran las decisiones que tomamos los mayores y que les perjudica a ellos sin que tengan opinión ni voz.
Espero que la Argentina sea ejemplo de sensatez, de cordura, de solidaridad, y de procuradores de la paz.