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Tensión en alta mar: EEUU incauta el petrolero Marinera tras una persecución de alto riesgo en el Atlántico

Después de semanas de seguimiento y una compleja operación marítima internacional, Washington logró tomar control de un petrolero sancionado vinculado al comercio de crudo venezolano y registrado bajo bandera rusa, en un episodio que intensifica la disputa geopolítica con Moscú y se inscribe en la presión norteamericana sobre el régimen chavista.
Miércoles, 07 de enero de 2026 11:35
Estados Unidos persigue a un petrolero escoltado por un submarino ruso.
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El mapa de tensiones globales sumó en los últimos días un escenario inesperado: el océano como tablero de una pulseada energética y geopolítica. Estados Unidos confirmó que confiscó un petrolero vinculado a Venezuela, registrado como buque ruso, tras dos semanas de persecución en el Atlántico Norte. El episodio, lejos de agotarse en una interdicción naval, desató una crisis diplomática con Moscú y puso en primer plano el endurecimiento de la política de Washington sobre las exportaciones de crudo venezolano.

El buque Marinera, antes denominado Bella-1, navegaba bajo bandera rusa y transportaba crudo de origen venezolano. Según información atribuida a la Agencia Noticias Argentinas, su derrotero se convirtió en el centro de la controversia cuando el Kremlin dispuso el envío de un submarino de su Armada para escoltar al navío e intentar impedir su incautación por fuerzas estadounidenses. El gesto elevó el conflicto a un nivel inédito desde el inicio de la nueva etapa de sanciones.

El “bloqueo total” y la estrategia de asfixia

La operación se inscribe en la ofensiva lanzada por el presidente Donald Trump, quien el 16 de diciembre decretó un “bloqueo total” sobre las exportaciones energéticas de Venezuela. La medida busca cerrar rutas de comercialización, interrumpir flujos financieros y desmontar redes de intermediación que, según Washington, sostienen a los remanentes del poder chavista.

El secretario de Estado Marco Rubio explicó que el objetivo es asfixiar financieramente a los sectores que aún operan en nombre del régimen de Nicolás Maduro y evitar que actores sancionados continúen movilizando recursos. En ese esquema, nombres como Alex Saab aparecen como piezas centrales de una red que combina opacidad comercial, cambios de bandera y rutas marítimas alternativas.

Balance de la ofensiva naval

Desde diciembre, la Marina estadounidense desplegó una secuencia de acciones que revelan una táctica sostenida:

  • Buque Skipper: incautado el 10 de diciembre cuando se dirigía a China.

  • Buque Centuries: abordado el 20 de diciembre; tras una inspección, se le permitió continuar viaje.

  • Buque Marinera: confiscado luego de persecución prolongada y presencia militar rusa en la zona.

  • Intercepción adicional: otro petrolero vinculado a Venezuela fue interceptado en aguas latinoamericanas en las últimas 48 horas.

El patrón sugiere controles selectivos, con énfasis en buques sancionados o con documentación y trayectorias irregulares.

La maniobra de los “buques fantasma”

Analistas de TankerTrackers.com detectaron un fenómeno que complejiza el cuadro: una saturación masiva de salidas tras la captura de Maduro. Al menos 16 petroleros sancionados desaparecieron de los radares satelitales en puertos venezolanos.
De ese total, 12 apagaron sus sistemas AIS (identificación automática) y 4 realizaron spoofing, es decir, falsificación de señales GPS, para ocultar destinos y simular trayectorias falsas hacia el este.

La práctica no es nueva, pero la escala y simultaneidad encendieron alarmas en los centros de monitoreo marítimo y en las cancillerías involucradas.

Riesgo operativo y presión interna

La salida apresurada de estas embarcaciones responde, según expertos, a una urgencia técnica: las instalaciones de almacenamiento en Venezuela están al límite. Si el crudo no se moviliza, el sistema petrolero enfrenta riesgos de daño estructural en ductos, tanques y terminales, con costos difíciles de revertir.

En ese contexto, la estatal PDVSA quedó expuesta. En Caracas, la líder interina Delcy Rodríguez enfrenta su primer desafío de autoridad: varios buques habrían zarpado sin aval del gobierno provisional, un indicio de fractura en la cadena de mando y pérdida de control operativo sobre activos estratégicos.

Un conflicto que se mueve por mar

Más allá de la incautación puntual, el episodio del Marinera marca un punto de inflexión. Estados Unidos trasladó la presión del plano diplomático al marítimo, mientras Rusia respondió con señales militares para proteger intereses asociados a su bandera. El resultado es un frente naval activo, con impacto directo en el mercado energético, riesgos operativos crecientes y una Venezuela atrapada entre sanciones, urgencias técnicas y disputas de poder internas.

En el Atlántico, las rutas del crudo se volvieron rutas de conflicto. Y cada petrolero que apaga su señal suma incertidumbre a un tablero que ya no se juega solo en despachos y comunicados, sino en mar abierto.

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