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La reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU celebrada ayer para abordar los ataques de EEUU e Israel contra Irán y la respuesta de ese país volvió a poner de manifiesto profundas divisiones entre las principales potencias mientras se multiplican los temores de que la crisis derive en un conflicto regional más amplio.
El secretario general del organismo, António Guterres, abrió la sesión calificando la situación como una "amenaza para la paz" global, y advirtió de que la escalada militar, incluyendo tanto los ataques como las represalias, podría desencadenar una crisis de "graves consecuencias" si continúan las hostilidades.
Guterres insistió en que se debe "respetar la legalidad internacional" y urgió a reanudar las negociaciones sobre la cuestión nuclear iraní cuanto antes.
Sin embargo, el diálogo no formó parte de la intervención de Mike Waltz, embajador estadounidense ante la ONU, quien justificó los ataques para garantizar que el régimen iraní "nunca pueda amenazar al mundo con un arma nuclear".
Waltz enfatizó que "la diplomacia no puede tener éxito cuando no hay un socio real para la paz", y responsabilizó a Teherán de "amenazar a aliados regionales" y de "poner en peligro la seguridad del transporte marítimo internacional".
Irán, por su parte, reaccionó con dureza durante el Consejo y su embajador, Amir-Saeid Iravani, definió los ataques de EEUU e Israel como "un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad" por la muerte de civiles inocentes, entre ellos cientos de niños. Por eso, defendió que su país seguirá ejerciendo su derecho a la autodefensa "hasta que la agresión termine".
Iravani subrayó que Irán no apuntó a la soberanía ni a los intereses de los países vecinos que atacó, incluyendo los del Golfo pérsico, sino a bases estadounidenses como represalia.