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Don Carlos Garnica, hacedor de guitarras | Lo mío es

Domingo, 12 de julio de 2015 00:30

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Ingresar en la casa de don Carlos Garnica, en villa Primavera, es adentrarse en un espacio donde el arte se esconde en cada rincón, con un particular aliciente: un agradable aroma a madera está presente en cada respiro dentro de esa casa.
Carlos nació en Salta y con sus 63 años trabaja como luthier o artesano musical. Con sus manos elabora las más finas guitarras desde hace más de 40 años. Envuelto en la más simple de sus cualidades, su sencillez, repasó sus inicios en el arte de crear un instrumento.
"A diferencias de otros luthiers, yo no heredé este hermoso oficio, simplemente puedo decir que lo encontré gracias a mi gusto por la música", explica. Cuenta que desde que tiene uso de razón sintió una increíble atracción por este arte, pasión que lo llevó a estudiar desde joven la guitarra.
A los 18 años se fue a Buenos Aires por trabajo y allí comenzó a dar sus primeros pasos en el estudio de este instrumento, por el cual, afirma "siente mucha admiración".
Por esas cosas de la vida no pudo continuar con su carrera y debió regresar Salta, entre otras cosas, para poder terminar sus estudios secundarios. Así fue que, antes de volver, decidió juntar unos pesos y comprar una guitarra.

"Cuando estudiaba supe, por un profesor que tenía en aquel entonces, que Pedro Malosetti (tío del bajista Javier Malosetti) era luthier así que antes de venirme, yo tendría unos 20 años, le encargué una guitarra. Pasaba todos los días para ver cómo avanzaba en la construcción del instrumento y allí pude ver todo lo hermoso de este oficio. Todas las tardes iba al taller de Pedro, durante mis visitas, nos poníamos a cantar, él me hacía segunda voz y yo, a la vez que cantaba, tocaba la guitarra y luego me quedaba horas viendo detenidamente cómo trabajaba", señaló.
Continuó con su relató y explicó que allí se dio cuenta de que su verdadera pasión estaba en convertirse en un artesano musical.
Ya en Salta, y tras haber pasado por la Escuela de Música, un amigo le presentó a Valderrama, un destacado luthier, de quien no supo recordar el nombre, pero dijo que aún vive y tiene un taller en "calle Santiago del Estero al 1300, más o menos".
"Cuando conocí a Valderrama creamos un lindo vínculo, a él le gustaba escuchar cómo yo tocaba la guitarra y a mí me encantaba ver cómo él trabajaba con la madera", explicó.
De esta manera, dice Carlos, inició su carrera como luthier. Sus visitas a la casa de Valderrama fueron más constantes y contribuyeron para que se dé cuenta del gusto y de la habilidad que tenía para crear instrumentos.
Después, agrega, trabajó con otro luthier llamado Adrián Gunella, a quien le hacía los "trabajos de lustre" y de quien, afirma, también pudo "aprender mucho".
Con el paso de los años, Carlos se convirtió en un destacado y respetado artesano musical, reconocido solo por aquellos que transitan el mundo de la música y que sienten gran pasión particularmente por la guitarra.

Realiza sus trabajos en un pequeño taller en su casa ubicada en pasaje ingeniero Fernando Solá de villa Primavera. Agrega que durante mucho tiempo supo trabajar de "lunes a lunes" para terminar sus trabajos. "Lo hacía por el placer que me genera ver terminado un instrumento. Ahora, con mis 63 años, tengo algunos problemitas de salud así que ya no puedo trabajar todo los días".

"Una guitarra me lleva unos cinco meses para poder terminarla", explica, y recalca que entre las diferentes maderas que se necesitan para crearla se destacan el palisandro de la India, el jacarandá de Bahía, el pino abeto Alemán, guayacán y el ébano de la India. Las dos primeras son maderas típicas de Brasil, muy protegidas por lo que ya no es común conseguirlas. "Son clave para crear la caja del instrumento", resalta.
Uno de sus productos puede costar, dependiendo del material que se utilice, unos 19 mil pesos o más. "Siempre hay que tener presente el tipo de madera con la cual se trabaja", y remarcó orgulloso la diferencia entre un luthier y una fábrica de guitarras. "El luthier trabaja con madera maciza en cambio los grandes casas de música lo hacen con laminados o madera terciada para, de esta manera, abaratar costos en la elaboración, esto no quiere decir que no realicen buenos instrumentos, solo que a la vista se nota la diferencia entre uno y otro", expresó.
Destacados profesores y alumnos de la Escuela de Música figuran en su lista de clientes. No recuerda con precisión, pero dice haber fabricado más de 50 guitarras a pedido a lo largo de toda su carrera. "Crear un instrumento es algo que lleva tiempo y, por sobre todo, mucha paciencia. No se puede trabajar en este tipo de arte con ansiedad y de manera apresurada, ya que todo esto se transmite al momento de darle vida a una guitarra", dijo.
Hoy la vida lo encuentra divorciado y con 8 hijos de los cuales, lamenta, "ninguno se inclinó por este hermoso oficio".

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