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El gasoducto, un paso para superar dos décadas de malas políticas energéticas

El chicaneo político y la sobreactuación minimizaron la importancia de la obra. El yacimiento neuquino comenzará a proveer gas al AMBA cuando estén terminadas dos compresoras.
Domingo, 16 de julio de 2023 03:05

La grosera politización del acto celebrado en 9 de Julio en la localidad bonaerense de Salliqueló empañó la importancia de ese tramo. Los discursos imprudentes y éticamente cuestionables del presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner y el ministro de Economía y precandidato presidencial Sergio Massa sobredimensionaron la proyección de la obra al presentarla como "una de las más grandes de la historia". La realidad argentina no requiere pirámides de Egipto y acueductos romanos, sino un Estado que planifique sin plazos electorales, proyectos que han de tener continuidad al paso de la alternancia democrática.

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La grosera politización del acto celebrado en 9 de Julio en la localidad bonaerense de Salliqueló empañó la importancia de ese tramo. Los discursos imprudentes y éticamente cuestionables del presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner y el ministro de Economía y precandidato presidencial Sergio Massa sobredimensionaron la proyección de la obra al presentarla como "una de las más grandes de la historia". La realidad argentina no requiere pirámides de Egipto y acueductos romanos, sino un Estado que planifique sin plazos electorales, proyectos que han de tener continuidad al paso de la alternancia democrática.

Por eso también fue desafortunado que el Gobierno transmitiera la ilusión (y pareció que esa ilusión era genuina) de una solución definitiva a la tremenda crisis energética que atraviesa el país que, en dos décadas, perdió el autoabastecimiento y, por supuesto, su rol exportador de hidrocarburos.

La importancia inmediata del primer tramo del gasoducto permitirá, cree el gobierno, ahorrarle al país este año más de 2.200 millones de dólares en importación de gas y subsidios energéticos.

El primer tramo

Por lo pronto se inauguró la primera mitad del gasoducto, que se extiende por 573 kilómetros. Desde Tratayén, en Neuquén, hasta Salliqueló, en la provincia de Buenos Aires. Poco a poco ese primer tramo abastecerá al Área Metropolitana de Buenos Aires y a Bahía Blanca.

Falta un segundo tramo, desde Salliqueló hasta San Jerónimo, que aún no está licitado, y que permitirá llevar gas de Vaca Muerta hasta el gasoducto del NEA. Pero este ducto no está terminado y será necesario revertir el sentido de las válvulas, porque el proyecto original era traer gas natural de Bolivia, pero ahora Bolivia se quedó sin gas. La próxima etapa es la construcción de dos plantas compresoras para incrementar el flujo hasta 21 millones m3 diarios, una en Tratayén, punto de origen del entubado, y otra en Salliqueló. En su informe en el Congreso, el jefe de Gabinete Agustín Rossi informó que se "licitarán las operaciones junto con su mantenimiento", es decir, será de gestión privada.

La ilusión populista

Actualmente, el potencial de Vaca Muerta permite a la Argentina aspirar a recuperar el autoabastecimiento y la capacidad de exportación que perdió a partir de 2006, cuando Néstor Kirchner se encandiló con malos negocios en la sociedad bolivariana, congeló los precios del fluido en boca de pozo y las reservas de gas cayeron en picada. Por lo tanto, ese potencial será hecho realidad si se dejan de lado las ilusiones distribucionistas y estatistas y se comienza a pensar con realismo en las necesidades de la sociedad y de la producción.

Con las políticas estatizantes aplicadas desde 1998, bajo la conducción de Hugo Chávez, asesor y financista para negocios argentinos en ese tiempo, Venezuela, se convirtió en el primer Estado petrolero fallido.

Según el periodista Humberto Vacaflor Ganam, hasta 2014, la producción boliviana de gas era de 62 millones m3/d pero ahora está en 40 millones, lo que pone en aprietos a YPFB, que debe enviar a Brasil 16 millones, a Argentina 14 millones y destinar 15 millones al mercado interno.

Bolivia gestiona ante PDVSA que esa empresa entregue GNL a Argentina y Brasil. "La hermandad del 'socialismo del siglo XXI' de los regímenes de La Paz y Caracas podría hacer posible ese acuerdo, sobre todo después de la visita del canciller ruso, Serguei Lavrov, a Venezuela, y también del presidente iraní, Ebrahim Raisi", señala Vacaflor. El "eje musulmán-comunista", facilitaría un acuerdo que probablemente sea saldado en yuanes chinos.

El ex vice de Evo Morales, Álvaro García Linera, considera un error no haber alentado las inversiones petroleras que hubieran permitido reemplazar las reservas de gas exportadas y que generaron ingresos por 55.000 millones de dólares.

Y el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada, derrocado por una revuelta de Morales en 2003, dijo también que fue un error haber frenado las exploraciones petroleras, similares a las que él hizo posibles para que las reservas llegaran a superar los 40 millones de pies cúbicos.

El exsecretario argentino de Energía y Minería de la Nación, Emilio Apud, advirtió, en este contexto, sobre el riesgo de depender de los picos de consumo interno. "No se puede tener 8 meses al año el caño vacío, hay que salir a buscar demanda, que estaría dada por la venta de gas a los generadores, exportación a Chile y la reversión urgente del Gasoducto Norte, de lo contrario la región del NEA se quedará sin gas porque Bolivia ya no puede vendernos gas por el declino de su producción. Estamos hablando de una inversión de US$ 700 millones, de los cuales faltarían financiar más de US$ 300 millones", señaló.

Este es el verdadero problema de nuestros gasoductos, y no las chicanas de baja política sobre el simulacro de apertura de la válvula, que no es más que un corte de cintas como en cualquier otra ceremonia.

La matriz energética

Se estima que el flujo regular de gas se concretará en los próximos 8 a 10 días y será utilizado para generación de electricidad.

Un estudio de la académica Elizabeth Möhle, de la Universidad de San Martín, compara la matriz energética primaria de la Argentina en 1970 con la que el país tenía en 2016, y señala un clarísimo reemplazo del petróleo por el gas.

"El porcentaje de petróleo bajó de un 71% a un 33%, mientras que el gas aumentó de un 18% a un 53%. Esto es relevante porque, si bien ambas son fuentes fósiles, el petróleo tiene un 37% más de emisiones de gases de efecto de invernadero que el gas", indicó la especialista.

El 86% de la energía que se consume en el país tiene su origen en los combustibles fósiles. Y esta es una gran asignatura pendiente. La falta de ferrocarriles y el uso casi monopólico de los automotores en el transporte terrestre nacional solo favorece a las grandes empresas del rubro y a los gremios; además, contradice todos los acuerdos internacionales firmados por la Argentina para contener la emisión de carbono que daña la capa de ozono y produce efecto invernadero.

No solo hay un avance muy lento en las energías renovables, sino que desde hace 40 años se ha desaprovechado el nivel de excelencia de nuestra producción de energía nuclear.

 

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