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20 de Mayo,  Salta, Centro, Argentina
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La obesidad de nuestros ríos

Lunes, 15 de abril de 2024 01:43

Los ríos del norte argentino están sufriendo un proceso de inflación sedimentaria. El nivel de sus cauces aumenta progresivamente. La explicación del fenómeno es simple. Los ríos reciben de sus cuencas mucho más material del que pueden evacuar. Como resultado de ello los cauces aumentan su volumen de sedimentos y los ríos se vuelven obesos. Y ello trae innumerables consecuencias aparejadas.

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Los ríos del norte argentino están sufriendo un proceso de inflación sedimentaria. El nivel de sus cauces aumenta progresivamente. La explicación del fenómeno es simple. Los ríos reciben de sus cuencas mucho más material del que pueden evacuar. Como resultado de ello los cauces aumentan su volumen de sedimentos y los ríos se vuelven obesos. Y ello trae innumerables consecuencias aparejadas.

Si sube el nivel del cauce, entonces los ríos pueden desbordar y aumentan las inundaciones. Las obras civiles, especialmente carreteras y ferroviarias, quedan expuestas a la erosión de sus bases y fundaciones. Cuando el nivel sube lo suficiente puede alcanzar los puentes e incluso sobrepasarlos.

Los cauces sufren desviaciones y pueden erosionar las orillas dejando barrancas y atacando campos productivos.

El aumento del cauce hace elevar también el nivel freático y puede dar como resultado desde lugares inundados hasta zonas con alta salinidad. El fenómeno es especialmente notable en los ríos de la Cordillera Oriental, esto es los que se encuentran entre la Puna y las Sierras Subandinas. Y se aprecian especialmente en las grandes quebradas y valles como son la Quebrada de Humahuaca, Quebrada del Toro, Quebrada de Escoipe, Valles Calchaquíes, Valle de Lerma, y sus distintos afluentes.

Un contexto imprevisible

El aporte de una cuota extra de materiales tiene mucho que ver con los fenómenos de remoción en masa. Son los llamados vulgarmente "volcanes de barro" y también aludes y avalanchas que llenan las páginas de los diarios en el verano austral. Innumerables cortes de ruta, crecientes repentinas, daños a la infraestructura de pequeños poblados o puestos de campesinos y sus ganados son noticia común.

Jugamos ante la impredecibilidad, o sea, se sabe que el fenómeno va a ocurrir, pero no se sabe cuándo. Cualquiera que viaje por las quebradas y valles del norte argentino va a ver en los cerros arañazos que forman cárcavas. Las laderas están desestabilizadas y la escasa vegetación no logra contenerlas. A ello se suma el sobrepastoreo de cabras, ovejas, burros y otros animales que no formaban parte del ecosistema original y fueron introducidos por los españoles unos cuatro siglos atrás. Animales que arrancan el pasto de raíz y debilitan la delgada cubierta de suelo exponiéndola a la erosión.

Las quemazones también afectan fuertemente a la débil vegetación y dejan expuesto el suelo. Sobrepastoreo y quemazones eran una de las grandes preocupaciones del Ing. Carlos Saravia Toledo, un estudioso profundo de la región y notable especialista en el ecosistema del Chaco. Saravia Toledo era profesor extraordinario de la Universidad Católica de Salta y estuvo a cargo de un módulo en la Maestría en Valoración del Patrimonio Natural y Cultural hasta su fallecimiento. A lo expuesto debe sumarse la meteorización física. Las rocas se calientan de día y se enfrían de noche y esa dilatación y contracción las va debilitando hasta romperse.

Dicha acción recibe el nombre de termoclastismo y es diferencial de acuerdo con el color de las rocas, su mineralogía interna, la posición respecto del sol, entre otros parámetros. El fenómeno se acelera en terrenos que han perdido la vegetación por cambio de la reflectividad o albedo. Fenómenos físicos similares ocurren en las partes más altas de las montañas con el congelamiento nocturno del agua que rompe las rocas por crioclastismo.

El Niño y La Niña

El régimen de lluvias también ha sufrido cambios y ocurren precipitaciones más intensas y concentradas en corto tiempo. Por otro lado se observa el tema de los años Niño y los años Niña donde los primeros son lluviosos en la pampa y secos en las montañas y viceversa.

Los años Niña son particularmente lluviosos en las cabeceras de las montañas y en las regiones altas, caso de la Puna. De esta manera, sobrepastoreo, quemazones, lluvias concentradas, meteorización física, entre otros, liberan una gran cantidad de materiales en la estación seca que quedan disponibles para la época de lluvias.

Al llegar las precipitaciones monzónicas del verano austral, estas penetran en los cordones más altos, especialmente en los años Niña y pueden remover todo el material que estaba acumulado. Y a su vez coadyuvado por laderas inestables y de altas pendientes. Los materiales embebidos en agua y luego de sortear un límite de liquidez, comienzan a movilizarse ladera abajo y van formando una mezcla imprecisa de rocas sueltas y fango que alcanza una relativa velocidad pero que una vez puesto en marcha no hay manera de detenerlo.

Son como dijimos los clásicos fenómenos de remoción en masa llamados volcanes de barro entre los que se encuentran los que llevan más barro que escombros rocosos (mud flows) o viceversa (debris flows). Estos son particularmente notables en las quebradas de Humahuaca, El Toro y Escoipe y no por ello menos importantes en otros valles y quebradas de la Cordillera Oriental. Lo cierto es que esa alta cuota de materiales que ingresa a los ríos no puede ser evacuada en su totalidad y se comienza a acumular haciendo subir el nivel por agradación.

Interés internacional

La fenomenología de los flujos densos fue ampliamente estudiada en el pasado por el Dr. Antonio Igarzábal y su discípulo Felipe Rivelli de la UNSa. También por el geomorfólogo norteamericano William J. Wayne de la Universidad de Nebraska. En las últimas décadas el fenómeno fue estudiado en profundidad por el Dr. Manfred R. Strecker de la Universidad de Potsdam y un numeroso grupo de geólogos, climatólogos, hidrólogos y otros científicos que realizaron numerosas tesis de grado y doctorales en la región, especialmente en la Quebrada del Toro y Quebrada de Humahuaca, así como también publicaron más de un centenar de trabajos científicos internacionales en las revistas más prestigiosas.

Entre ellos se pueden mencionar a los doctores Bodo Bookhagen, Heiko Pingel, Taylor Schildgen, Stefanie Tofelde, Sara Savi, Hella Wittmann, Andreas Mulch, John Cottle, Alexander Rohrmann, Bárbara Carrapa, Isabelle Coutand, Benjamin Bekeschus, Andrew D. Wickert, Ed Sobel, Martin Trauth, George Hilley, Lidsday Schoenbohm, Jessica Freymark, Felix Eckelmann, Ben Purinton, Lisa Luna, Patrick Lanouette, Walter Düsing, Stefan Klingler, Anne-Katrin Ponta, Elizabeth N. Orr, entre muchísimos más.

Sus trabajos abarcaron geología de campo, muestreo en terreno para estudios especiales con isótopos cosmogénicos, dataciones de cenizas volcánicas intercaladas en capas sedimentarias, dataciones de la edad de los distintos terrenos y especialmente las terrazas fluviales, estratigrafía y topografía de las terrazas de los viejos ríos, análisis climáticos, modelamientos por computadora de la evolución de las cuencas, entre otros muchos asuntos.

Hoy podemos decir en base a todos esos estudios, que estas cuencas que comenzaron con observaciones empíricas de geomorfología de los viejos ingenieros de ferrocarriles, entre ellos el genial Richard F. Maury, padre del C-14, hoy se cuenta con una increíble cantidad de trabajos internacionales de primer nivel para entender su origen, desarrollo y evolución.

Extracción racional de áridos

De vuelta, los ríos están acreciendo por una elevada carga de materiales de las cuencas que los tornan obesos y peligrosos para obras de arte viales y ferroviarias, erosión de campos de cultivo, elevación del nivel freático y salinización, entre otras problemáticas asociadas.

Ríos que antes iban a gran profundidad en los puentes ahora su lecho está casi a la cota de ellos y requieren el permanente trabajo de máquinas pesadas para remover el material acumulado. Lo más sano entonces es la correcta extracción de áridos de los ríos. Sacarles a los ríos la mayor cantidad de áridos para construcción es una manera de bajar la acumulación natural. Lógicamente con todos los resguardos que requiere la explotación de canteras húmedas de áridos como son las de los ríos de acuerdo con la normativa que establece la Secretaría de Minería y Energía de la provincia de Salta.

Entre otras, y además de los permisos legales pertinentes, se encuentran al menos tres premisas mayores que son la explotación en el cauce medio, la colocación de los estériles en los laterales y la distancia necesaria con respecto a las obras civiles. Extraer los áridos del cauce medio y acumular el descarte hacia los laterales ayuda a crear una barrera artificial contra las crecientes y erosión de los terrenos vecinos y además a canalizar el río en los tramos de explotación.

Conservar las distancias con respecto a las obras civiles ayuda a preservar fincas, rutas, caminos, puentes, viaductos y otras obras civiles que pudieran estar amenazadas. A su vez los áridos son un tesoro de la naturaleza, ya que ésta se encarga de prepararlos, transportarlos, seleccionarlos y acumularlos para su concentración por medios mecánicos. Dado que los ríos están cada vez más altos y los terrenos cada vez más bajos, la extracción racional de los áridos puede ser un paliativo para enripiar calles en barrios bajos y zonas inundables. Con ello no sólo se libera al río del exceso de carga sino que además se soluciona un problema crónico de las urbanizaciones municipales.

 

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