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Partiendo de la idea de que las convicciones son las creencias a las que estamos fuertemente arraigados, podemos concluir en que la clase política desconoce su existencia.
El arraigo no es un término que les resulte muy familiar y menos aún en sus discursos, las que fluctúan en forma permanente, conforme lo exija la simplicidad de su conveniencia.
Este fenómeno si así nos animamos a definirlo, es directo responsable de las situaciones que estamos viviendo.
Las consecuencias de la falta de convicciones en la clase política son graves. Me atrevo a decir que sin convicciones no hay futuro posible.
Un hecho elocuente es la desaparición de los partidos políticos debido a distintas razones entre las que encontramos, mezquinos intereses de grupos de poder, y pérdida del apoyo popular debido a la falta de credibilidad, producto de hechos de corrupción, entre los más significativos. Esto ha generado la desaparición de los espacios de libre discusión. Ahora solo existen intereses electoralistas por el ascenso a cargos públicos y la lucha despiadada por su permanencia.
Cada día que pasa, cada hecho que sucede nos prueba la falta de interés de la clase gobernante por dar soluciones a las necesidades del pueblo. íCómo nos duele ver la hipocresía que registran sus actos cuando pretenden, bajo una evidente falsía, mostrar un inexistente interés por las mismas!
Todo es un simulacro, un diario engaño, porque la gran grieta está entre la clase política dirigente, nuestros supuestos representantes y el pueblo tantas veces humillado y ya desesperanzado. Los acuerdos han dejado de ser programáticos y son tan solo para el reparto de cargos en las listas.
El Partido Justicialista, por ejemplo, registra dos situaciones completamente antagónicas, pero que coinciden en la misma finalidad, con miras a las elecciones nacionales de octubre de 2025.
En el ámbito nacional baten el parche con un mensaje de falsa unidad. Se ha logrado "meter" en una sola lista (o bolsa) a todo el espectro de personajes existentes en el partido. Ahora, no nos animemos a mirar dentro de la bolsa. ¿Se imaginan que sucederá si alcanzan el poder?
Por otra parte, en la provincia de Entre Ríos, con un menor grado de inteligencia y mayor grado de soberbia, el partido ha sido desguazado en cuatro partes irreconciliables. En ambas situaciones no tengan dudas de que las necesidades del pueblo, no han siquiera aparecido en escena.
En el resto de los partidos, agrupaciones, frentes y toda otra mezcolanza que se pueda uno imaginar, es exactamente igual. La soberbia y la ambición desmedida, entre otros, son los nuevos "valores" de la clase dirigente que vergonzosamente conduce nuestros designios.
Como bien dice el dicho popular, "no le pidamos peras al olmo".
En verdad, cuando la ética, valor fundamental de todo dirigente, ha sido desplazada de los altares de la política y reemplazada por el vil materialismo engendrado en la corrupción, solo nos queda apiadarnos de nosotros mismos.
En un par de meses tendremos la oportunidad de participar de un proceso eleccionario libre, no le demos la espalda. Es nuestra oportunidad, la de los sufridos habitantes de nuestra querida patria.
Que nuestro voto no sea tirado al viento, o echado al azar, sino que sea pensado, eligiendo el correcto, el que está destinado a la persona o agrupación que nos merezca la mayor confianza y donde rescatemos algo, tan solo algo, de esos valores perdidos.
Paso a paso iremos orientando nuestro camino hacia un esperado futuro de prosperidad. Nuestra querida Patria y cada uno de los argentinos de bien nos lo merecemos.