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Takaichi, la dama de hierro arrasa en Japón

"¡Japón ha vuelto!". Este slogan de la flamante primer ministra representa el fortalecimiento del nacionalismo en su país, dispuesto a dejar atrás todas las restricciones militares impuestas por los Aliados en 1945 y convertirse en una potencia de peso geopolítico.
Jueves, 19 de febrero de 2026 01:34
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La abrumadora victoria de la primera ministra nipona Sanae Takaichi y del oficialista Partido Demócrata Liberal (PDL) en las recientes elecciones legislativas, que le otorgaron una amplísima mayoría parlamentaria para implementar su plan de gobierno, implica el retorno de Japón al protagonismo político mundial del que estaba marginado desde 1945, cuando las bombas de Hiroshima y Nagasaki obligaron a su rendición y pusieron fin a la segunda guerra mundial.

El PDL obtuvo el récord histórico al alcanzar 316 diputados, por lo que tendrá más de los dos tercios de la Dieta (Parlamento), una cifra a la que corresponde sumar los 36 legisladores de su aliado del Partido de la Innovación de Japón. Hasta ahora, el mayor número de bancas logradas por el PDL había sido 304 en las elecciones de 1986. Esa mayoría inédita le permitiría a Takaichi incluso avanzar en una reforma constitucional, uno de los puntos fundamentales que se avizora en el horizonte.

En abierto contraste, la opositora Alianza Reformista de Centro (ARC), una entente conformada por el Partido Democrático Constitucional de Japón de centroizquierda y el centrista Komeito (ex aliado del PDL), gestada pocas semanas antes de las elecciones, experimentó una aplastante derrota que redujo a 49 sus anteriores 172 escaños.

Desde su fundación en 1955 el PDL solamente fue derrotado dos veces, en 2008 y 2024. Tras un turbulento periodo de gobierno opositor entre 2009 y 2012, retornó al gobierno bajo el liderazgo de Shinzo Abe (mentor político de Takaichi), quien fue primer ministro hasta 2020, cuando dimitió por razones de salud y fue sustituido primero por Yoshihide Suga y poco más tarde por Shigeru Ishiba.

En 2022, Abe fue asesinado por un ex oficial naval que justificó su crimen en las presuntas conexiones entre el ex primer ministro y la Iglesia para la Unificación Universal, una organización religiosa nacida en Corea del Sur y con un alineamiento político furibundamente anticomunista con fuertes ramificaciones económicas y políticas en Japón.

En las elecciones de 2024, el PDL volvió a perder su mayoría parlamentaria y quedó al frente de un gobierno en minoría. Ishiba, considerado responsable político de esa derrota, resolvió dar un paso al costado. Su retiro posibilitó el ascenso de Takaichi quien, luego de triunfar en una áspera contienda contra la vieja guardia de su partido que desconfiaba de sus posturas radicalmente derechistas, asumió el cargo en octubre de 2025 y tras apenas 110 días de gestión convocó sorpresivamente a elecciones legislativas anticipadas para conseguir la libertad de acción que estima indispensable para ejecutar su plan de gobierno.

Takaichi, que por su identificación con Margaret Thatcher es llamada la "dama de hierro", es la primera mujer que asumió la jefatura de gobierno en la historia de Japón. Tiene una trayectoria singular: en un país donde las mujeres suelen ocupar un discreto segundo plano, no vacila en proclamar su afición al rock pesado ("heavy metal") y su admiración por el baterista japonés Yoshiki, del grupo musical "X Japon" y recuerda que ella misma en su adolescencia tocaba ese instrumento.

Su vida familiar presenta también particularidades manifiestas. En 2004 se casó con el diputado Taku Yamamoto, con quien por una enfermedad ginecológica no tiene hijos en común, pero adoptó a los tres hijos de un matrimonio anterior de su cónyuge y actualmente tiene cuatro nietos de sus hijastros. En 2017 se divorció alegando diferencias de opiniones y de aspiraciones políticas, pero se volvieron a casar en 2021.

Durante su primer matrimonio Takaichi adoptó legalmente el apellido de su esposo, pero en su vida pública siguió usando su nombre de soltera con el que ya era conocida públicamente. Al volver a casarse Yamamoto adoptó el apellido Takaichi, para cumplir con la obligación legal de que las parejas casadas tengan el mismo apellido. En 2025 Yamamoto sufrió un infarto cerebral que lo dejó paralizado del lado derecho del cuerpo. Takaichi comparte actualmente sus funciones gubernamentales con el cuidado de su esposo.

La trayectoria pública de Takaichi se inició como graduada en el Instituto Matsushita de Gobierno y Administración, creado por el fundador de Panasonic, Konosuke Matsushita, para formar a los líderes del futuro. En 1987 se mudó a Estados Unidos para desempeñarse en la Cámara de Representantes como asesora de la legisladora demócrata Patricia Schroeder, un antecedente que la distinguió del resto de sus colegas.

Cuando regresó a Japón en 1989 atrajo la atención de los medios de comunicación como analista legislativa por su experiencia en el Congreso estadounidense y sus libros basados en ese conocimiento. Comenzó su carrera como presentadora en la cadena pública TV Asahi pero en 1992 creó el Consorcio Kansai hi-Visión y fue su primera presidenta.

Diputada ininterrumpidamente desde 2005, ocupó diversos cargos significativos durante el mandato de Abe, entre ellos el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones. En 2021 se postuló como candidata a la presidencia del PDL, pero quedó relegada al tercer lugar. Insistió en 2024 y ganó en la primera vuelta, pero fue derrotada por Ishiba en el balotaje. Recién un año después, favorecida por la crisis interna desatada por la derrota electoral del PDL, logró alcanzar ese acariciado objetivo.

Takaichi integra la Nippon Kaigi, una formación ultranacionalista fundada en 1997 que cuenta con más de 20.000 militantes activos. La organización, que respaldó activamente a Abe, reivindica el pasado imperial de Japón, exalta sus valores tradicionales y tiene una interpretación "revisionista" de su papel junto a las potencias del Eje en la segunda guerra mundial.

Una foto de Takaichi, profusamente distribuida por sus adversarios, la muestra junto a Kazunari Yamada, dirigente del Partido Nacionalsocialista de Japón. Si bien ella negó toda vinculación con ese polémico personaje y con su partido, Takaichi se opuso siempre a la culpabilización del pasado militarista de Japón y es asidua visitante del santuario sintoísta de Yasukuni en Tokio que evoca la memoria de los jerarcas nipones condenados por crímenes de guerra por los aliados. Silenciosamente, Japón afronta este debate desde el fin de la segunda guerra mundial. Durante la ocupación estadounidense (1945-1952), Washington impuso una constitución que eliminó el Ejército y consagró el pacifismo, aunque el estallido de la guerra de Corea modificó sus prioridades estratégicas por lo que pasó a concebir a Japón como un aliado y permitió la creación de las Fuerzas de Autodefensa.

Desde entonces Tokio amplió gradualmente el campo de actuación de sus tropas. En 2015, bajo el gobierno de Abe, fue sancionada una reinterpretación constitucional que permite el ejercicio de la "legítima defensa colectiva". En 2022 dio otro paso al aprobar un plan para elevar el presupuesto militar hasta el 2% del producto bruto interno y adquirir capacidad de contraataque con misiles de largo alcance.

Una encuesta organizada por el gobierno en noviembre y diciembre pasados reveló que el 45% de la opinión pública apoya el fortalecimiento de las Fuerzas de Autodefensa, un porcentaje muy elevado si se tiene en cuenta que, en el primer sondeo de este tipo, realizado en 1991, sólo el 9% se manifestaba a favor del rearme.

Con la victoria de Takaichi comienza a visibilizarse un cambio cualitativo en ese proceso hasta ahora gradual. El ala derecha del PDL no desmiente la posibilidad de impulsar una reforma constitucional que elimine las restricciones establecidas por la normativa impuesta tras la rendición y que Japón vuelva a ser una potencia militar y hasta con capacidad nuclear, esta vez aliada de Estados Unidos en una estrategia orientada a frenar la expansión de China en el Océano Pacífico.

"¡Japón ha vuelto!", ese slogan popularizado por Takaichi, que algunos analistas emparentan con el "¡Make America great again!" acuñado por Donald Trump, adquiere entonces una significación geopolítica cuya dimensión será imposible ignorar en los próximos años.

 

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