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Historia natural de los ocres y los primeros pasos del arte humano

Producto de la oxidación de minerales en la maravillosa dinámica de la tierra, los ocres forman los colores de rocas, ríos y tierras.
Lunes, 02 de febrero de 2026 00:38
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La historia del arte comienza cuando un humano primitivo descubre el ocre y lo utiliza como pigmento. Primero debió probarlo en su propio cuerpo, luego en algún objeto y finalmente lo habrá utilizado para decorar una cueva.

Decenas de cuevas paleolíticas conservan pinturas realizadas al ocre por los humanos prehistóricos. Las pinturas en cuevas, cavernas y aleros se remontan así a una gran antigüedad. Hay lugares con pinturas de animales tropicales en medio de los desiertos más extremos, caso del Sáhara. Representan la larga mutación de los climas y de los ambientes. Pero su representación sobrevivió gracias a esos ocres. Ocres naturales que fueron también usados en cerámicas, pinturas, telas y papeles antiguos. Los ocres minerales y la imaginación crearon el arte.

Primero fue una paleta de colores simples donde destacaban los rojos, castaños y negros. Las mezclas llevarían a crear decenas de tonalidades de azules, amarillos, grises, blancos, verdes y así sucesivamente. En el principio fueron los minerales, pero luego se incorporaron elementos vegetales y animales. Y mucho más tarde productos químicos artificiales.

Un mundo de colores

El ojo humano puede distinguir 10 millones de colores. Y el mundo digital más de 15 millones. Nunca podré olvidar la visita en la década de 1990 a los depósitos de Colorobbia en Montelupo Fiorentino acompañado por el Cavalleri don Vitoriano Bitossi (1923-2018), padre de la cerámica italiana, con esos espacios colmados de materias primas minerales para la coloración de cerámicas especiales, finas y exquisitas.

El oro para los dorados, el azul del cobalto, los verdes intensos de las sales de cobre y los rojos del almagre. Pero también los amarillos de los ocres de antimonio, los marrones de las tierras de siena y umbra, los negros del manganeso, entre muchos otros. Ese mundo de colores que eran el leitmotiv de los ceramistas italianos y donde conté con la guía experta del gran constructor de plantas industriales, el Ing. Mario Pepi Bernini (1944-2022).

Los ocres naturales 

La pregunta de rigor es cómo se forman estos ocres naturales. Y ahí nos encontramos con un amplio universo de minerales que se originan en la interface entre el mundo interno y el mundo exterior, entre las dinámicas internas de la tectónica y el volcanismo y la dinámica externa del clima y los agentes meteóricos.

La interrelación entre litósfera, hidrósfera y atmósfera. Los magmas que se generan en el interior de la corteza continental, especialmente donde las placas alcanzan la zona de fusión por encima de los 1.200° C, suben a la superficie o cristalizan en su interior. En su largo recorrido, desde las cámaras magmáticas profundas, hasta explotar como volcanes, arrastran ingentes cantidades de elementos químicos y los van depositando diferencialmente. Así se van a formar masas metalíferas profundas, intermedias, cerca o en la misma superficie, mayormente asociadas a edificios volcánicos. Allí se originan grandes pórfidos en sus raíces y también yacimientos vetiformes en su interior o alrededor de los viejos cráteres.

El omnipresente azufre va a formar una amplia gama de minerales llamados sulfuros y sulfosales. Más de 600 sulfuros y más de 100 sulfosales se reconocen como especies minerales en la actualidad. Y también vamos a encontrar el azufre nativo, en hermosos cristales amarillos, emplazado en la cumbre de algunos volcanes. Tal el caso de la famosa mina "La Casualidad" en Salta. El más universal de los sulfuros es pirita, un sulfuro de hierro conocido como "el oro de los tontos" por su color amarillo dorado y su brillo metálico.

La pirita se encuentra diseminada en las grandes masas que dan lugar a los pórfidos de cobre, en toda clase de vetas de sulfuros, en depósitos volcánicos submarinos y en muchas otras yacencias de distintos orígenes. Lo cierto es que esa especie mineral tiene un alto poder de oxidación cuando queda expuesta cerca de la superficie. Se oxida igual que lo haría un trozo de hierro y forma herrumbres que se conocen como "limonitas". Son óxidos terrosos y pulverulentos.

Uno de los componentes de esas limonitas es goethita, un hidróxido de hierro de coloración castaña o marrón amarillenta que constituye el ocre de ese color.

También se forma hematita, un óxido rojo de hierro, color sangre y de allí su nombre; ya que Teofrasto, en la antigua Grecia, pensaba que era sangre coagulada. Es el ocre rojo por excelencia en su variedad terrosa.

Aun cuando en superficie aparezca de coloraciones pardas a negruzcas, ambos minerales, goethita y hematita, se diferencian claramente cuando se los raya con una navaja ya que mientras uno muestra una raya marrón amarillenta el otro acusa un color rojo sangre.

Río Amarillo y Río Tinto

Cuando las aguas atraviesan un terreno cargado de sulfuros forman óxidos que las tiñen y de allí toman su designación lugares como el río Amarillo del Famatina en La Rioja (Argentina) y el Río Tinto en España, de donde a su vez adquiere su nombre la compañía minera homónima.

En el caso del río Amarrillo del Nevado de Famatina este ha formado capas gruesas de un ocre amarillento que se acumuló allí por muchos milenios y está considerado como uno de los ejemplos más destacados del mundo. Esos ocres se explotaron para pinturas en la mina "Corral Amarillo".

Como dijimos, los sulfuros, del metal que sean, quedan expuestos por la erosión y se oxidan dando colores amarillentos y rojizos. Los antiguos mineros de los Andes les llamaban "pacos", que es el color de los camélidos o como les decían los españoles "carneros de la tierra". Esos minerales "pacos" eran los sulfuros oxidados que se formaban a expensas de los agentes meteóricos. Toda una terminología minera hace referencia a esos óxidos, herrumbres y limonitas de los pacos, panizos, quemazones, colorados, etcétera, que no es otra cosa que los sulfuros alterados. Dan lugar a los llamados "sombreros de hierro" de la literatura minera y que puede consultarse en extenso en el "Diccionario Minero" del suscripto publicado en Madrid en 1995.

Téngase presente que esos sulfuros originales son minerales que se forman en un ambiente reductor profundo, generalmente a alta temperatura y presión propia de esas profundidades de formación y por la erosión quedan expuestos a las condiciones ambientales de la superficie.

Es interesante destacar que goethita, hoy un nombre universal para el hidróxido de hierro pardo amarillento, proviene del famoso escritor y padre de la literatura alemana, Johan Wolfang Goethe que era geólogo y había estudiado en la prestigiosa Academia de Minas de Freiberg. Allí fue discípulo del sabio Abraham Gottlob Werner y realizó su tesis sobre el granito siguiendo las ideas neptunistas de su maestro. Al final fue el propio Werner quién bautizó el mineral como goethita para honrar el nombre de su discípulo.

Uno de los depósitos más ricos en limonitas en la Puna es la mina "La Colorada de Cobres", en el pueblo homónimo, donde se han encontrado vetas oxidadas de hasta 3 m de espesor. Esos óxidos provienen de la descomposición de sulfuros y han formado goethita, hematita y oxidados de cobre.

En la Puna, en los aluviones de oro, hay una base de esos óxidos y costras de herrumbres llamadas "llampos", generalmente en el contacto con la roca madre. Habitualmente se encuentran allí cristales de pirita que fueron arrancados de las vetas madres y rodados junto al oro de los aluviones. Apenas conservan sus formas cúbicas originales ya que están redondeados por el transporte. Les llaman "binches" y para los mineros es señal de la presencia de oro. El punto es que las tierras ocráceas fueron ampliamente aprovechadas para la fabricación de pinturas tanto las rojas hematíticas como las pardas limoníticas.

En Salta y Jujuy hay extensos yacimientos de hematita que se explotaron para la fabricación de arrabio de hierro, para agregar al cemento y también como ocre de pintura. Esos yacimientos se extienden al este del Valle de Siancas (Cianca) en Unchimé y Puesto Viejo, y en Zapla en la sierra homónima.

Pintura de la Cavernas y del presente

Un ejemplo de tierras rojas se encuentra en Misiones, famosa por sus postales de caminos colorados. Las rocas basálticas que forman el basamento y también las Cataratas del Iguazú, contienen mucho hierro que el clima tropical convierte en herrumbre. Esos sedimentos rojos ferruginosos se acumulan para formar los depósitos de "tacurú" o piedra manchada que contiene un porcentaje importante de óxido de hierro. Al punto que fueron explotados por los jesuitas para fundir hierro en rústicos hornos.

Se le reconoce al padre Anthony Sepp haber logrado en 1700 la proeza de fundir ese mineral de hierro alcanzando las temperaturas necesarias con una tecnología primitiva de fuelles y hornos.

Dentro de las sustancias ocráceas quedan aún decenas de tierras que concentran en forma natural óxidos de hierro o manganeso. Entre ellas las tierras de siena y de umbra. Esta última es una tierra marrón oscura compuesta por óxidos de manganeso, óxido férrico hidratado, sílice, alúmina y cal. Muy apreciada como pigmento permanente para pinturas, se utiliza tanto en su estado natural, de color marrón verdoso como en su estado calcinado, de color marrón oscuro a rojizo. En todos los casos mencionados, el mayor valor reside en ser colorantes naturales y muy apreciados por su naturaleza ecológica para las diversas aplicaciones industriales.

 

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