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La primera víctima

Martes, 10 de marzo de 2026 01:10

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En estos días de guerra llegan mensajes a toda hora.

Uno dice que destruyeron el sistema de alarmas… justo cuando estoy escuchando la alarma donde estoy. Y mientras me lo decía caminaba a la habitación blindada.

Otro asegura que el aeropuerto Ben Gurion Airport fue destruido.

Otro habla de cientos de muertos.

Aparecen fotos de ciudades devastadas que luego se descubre que pertenecen a otros países o a otros años.

En pocas horas circula una realidad paralela.

Esto confirma algo que se repite en casi todos los conflictos: la primera víctima de una guerra es la verdad.

Pero más allá de la indignación, también es una oportunidad para elevar el análisis.

Hace décadas, los psicólogos Gordon Allport y Leo Postman estudiaron cómo nacen y se expanden los rumores.

Su fórmula era sorprendentemente simple: Rumor = Importancia × Ambigüedad.

Cuando algo es extremadamente importante para las personas —como una guerra— y la información es incompleta o confusa, la mente humana tiende a rellenar los vacíos. Allí nace el rumor. Y el rumor no viaja intacto. Se transforma.

Primero ocurre la nivelación: la historia se simplifica, se pierden detalles.

Luego aparece la acentuación: ciertos elementos se exageran, se vuelven dramáticos.

Finalmente llega la asimilación: el relato se adapta a lo que cada grupo teme, desea o cree.

Por eso, en contextos de conflicto, los rumores no solo transmiten información incierta: también expresan emociones colectivas profundas. Entre ellas, muchas veces aparece el deseo de ver derrotado o incluso eliminado al adversario. En esos casos, cualquier historia que confirme ese anhelo encuentra terreno fértil y se difunde con rapidez.

Una imagen vieja puede circular como prueba de un desastre reciente.

Una hipótesis puede convertirse en "noticia". Una sospecha termina transformándose en certeza compartida.

Por eso, en tiempos así, la lucidez también implica disciplina informativa.

No reenviar todo. No reaccionar antes de verificar. No alimentar la cadena de ansiedad que da vida al rumor.

Porque el rumor prospera cuando se juntan tres cosas: incertidumbre, emoción intensa y la urgencia humana por encontrar una explicación inmediata. En una guerra vuelan misiles, pero también vuelan historias.

Y entender cómo nacen y se deforman esas historias es una forma pequeña - pero importante - de proteger algo que siempre queda en riesgo en los conflictos: la verdad.

 

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