PUBLICIDAD

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
17°
15 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
PUBLICIDAD

No habrá desarrollo en el país sin un sólido proyecto industrial

Domingo, 15 de marzo de 2026 01:37
Javier Milei.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

La ética ciudadana no es un rasgo distintivo de la política. En la Argentina, tampoco. Hay honrosas excepciones, por cierto, pero es por esa soledad que se las recuerda.

Dentro de la ética ciudadana está la conciencia de pertenecer a una sociedad, el respeto por la dignidad de las personas y la responsabilidad frente a los deberes de Estado. Y esa responsabilidad, en el caso de gobernantes, legisladores y funcionarios públicos debe estar puesta en el esfuerzo por construir el futuro y desarrollar un Estado.

Esto no se hace con espasmos ideológicos de ningún signo, sino con responsabilidad. Hay que saber qué hacer. Y hacerlo.

En los últimos 23 años, uno tras otro los gobiernos se sucedieron y demostraron notoria impotencia para afrontar el desafío global y generar el desarrollo del país. Y como las consecuencias las paga el pueblo, que es el que vota, los expresidentes quedaron fuera de carrera.

También es cierto que los tiempos han cambiado. Habría que ver si los líderes también cambian, o solo cambian la camiseta.

En su tercer año de mandato, ya desde el discurso ante la Asamblea Legislativa, Javier Milei ha extremado sus esfuerzos en mostrar fidelidad a la camiseta y reflejos, notables pero grotescos, para responder a los opositores como si siguiera siendo panelista. Desde las bancas, las intervenciones de los legisladores tuvieron el mismo tono. Mera pugna por el voto, pero sin rating.

"Llamar "Don Chatarrín" a Paolo Rocca, o "Gomita Alumínica" a Javier Madanes Quintanilla es propio de un humorista, nunca de un presidente"

En su maratónica gira por Miami, Nueva York, Chile y España, el presidente hizo una vehemente ratificación de su fe libertaria y sobreactuó su discurso moral para denostar a quienes no se alineen.

Si en España su presencia solo tenía como objetivo promocionarse cómo dirigente de la derecha ultraliberal, a EEUU viajó, acompañado por once gobernadores, con el propósito de convocar a los potenciales inversores. Allí, el CEO del JP Morgan, Jamie Dimon, elogió a Milei y el rumbo económico de su gobierno en Argentina: "Este presidente tiene convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país". La entidad que Dimon gerencia, encargada de calcular el riesgo país, no parece tan convencida como el CEO. Con 527 puntos, la Argentina está en los escalones más altos de riesgo en Latinoamérica, apenas por debajo de Bolivia, Bélice y Venezuela.

El nudo del problema está en la economía real.

Y la economía real muestra que el grupo Techint, empresa líder en su rubro con presencia y licitaciones exitosas en 27 países, pierda una licitación de YPF frente a una empresa india a la que denuncia por dumping. O que Javier Madanes Quintanilla, principal accionista de Fate y de Aluar, no haya podido con los chinos en la competencia por los neumáticos.

En su discurso dentro de la sede del banco neoyorquino, Milei atacó a ambos industriales, acusándolos de "robar" a los argentinos mediante proteccionismo y prebendas. No dio pruebas, por supuesto. Y sin reflexionar sobre las arbitrarias medidas arancelarias impuestas por Donald Trump, planteó que las barreras comerciales son "violencia del Estado" y un "robo" a los consumidores; defendió la apertura total del comercio como una política "justa", aunque implique la desaparición de sectores industriales que no puedan competir.

El alineamiento, evidentemente, tolera heterodoxias.

Milei organizó la reunión para ofrecer seguridad a los inversores. Uno de sus argumentos es el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para atraer capitales en sectores estratégicos como la energía y la minería. Sin embargo, no cree en la política industrial y cuestiona la idea de "industria nacional". Los industriales argentinos deben afrontar una agobiante carga tributaria y falta de financiamiento, para competir con países como China que sobreprotegen a su industria, la subsidian y hasta la gerencian.

Un editorial de la revista Visión Desarrollista define que "el regreso de la política industrial al centro de la escena económica global es uno de los cambios más relevantes del último tiempo". Y señala ejemplos de Europa, Asia e, incluso, de Donald Trump, que reflejan un giro hacia políticas más activas de promoción productiva, con fuerte participación estatal. La publicación especializada advierte que la manufactura argentina enfrenta la obsolescencia técnica y una carga tributaria que castiga la capitalización. Si las medidas para crear un mercado competitivo se agotan en facilitar la importación de maquinaria extranjera, el país corre el riesgo de importar el desarrollo en lugar de generarlo.

El ataque a un proyecto industrial nacional por parte de Milei expone la misma fragilidad que su desprecio con la idea de Justicia social. Ese concepto, inserto en nuestra cultura, pone a la persona humana como el centro de la ética y de cualquier política humanista. E incluye un principio válido para cualquier ética política: "Todos los seres humanos tienen derecho a producir por lo menos lo que consumen".

La Argentina puede llegar a arreglar sus cuentas exportando carnes y granos, energía y minerales, pero sin industria no habrá empleo ni desarrollo.

 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD