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La primera guerra híbrida total: Irán vs coalición EEUU - Israel

Miércoles, 25 de marzo de 2026 01:03
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Vivimos la era de la guerra algorítmica. Pese a pérdidas devastadoras y una inflación superior al 60 %, Irán logró regionalizar el conflicto y disparar los precios del petróleo mediante una estrategia asimétrica de "guerrilla naval" y hostigamiento multisectorial. Las operaciones inauguraron un "nuevo orden bélico global", donde la frontera entre lo físico y lo digital se difumina.

Esta primera guerra "Híbrida Total" marcada por saturación robótica e inteligencia artificial abre una era en la que la soberanía se definirá por la velocidad en procesar información. Medio Oriente es el epicentro y su temblor alcanza al planeta. Por ello es que la eficiencia operacional iraní no se mide en bajas infligidas, sino en la incertidumbre generada. En lo convencional pierde terreno; en lo asimétrico regionaliza el conflicto, dispara precios y mantiene a Occidente en estado de paranoia. La soberanía del futuro se definirá por la capacidad de procesamiento de datos, no por líneas en un mapa.

La furia y el rugido

El 28 de febrero de 2026, se desencadenaron las operaciones "Furia Épica" (EE. UU.) y "Rugido del León" (Israel) contra Irán, inaugurando un ensayo de guerra híbrida actual, donde la inteligencia artificial, la autonomía tecnológica y la saturación multisectorial son vectores decisivos. En 72 horas, cazas F-35 Adir y F-22 Raptor cegaron los radares rusos S-300, y ofensivas cibernéticas inutilizaron la red de comando y control. Antes de que los Tomahawk impactaran en Fordow cerca de la ciudad de Qom, el tablero estratégico ya estaba hackeado. La denominada "Decapitación Sistémica", que eliminó al Líder Supremo y al menos 40 altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), no generó el vacío de poder previsto. Contra todo pronóstico, Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido Ali Jamenei, asumió el liderazgo, garantizando continuidad en la conducción, pese a rumores actuales sobre heridas graves sufridas esta semana.

El Golfo como epicentro

Con el Golfo militarizado, en un principio Irán desplegó lanchas rápidas con misiles Noor y Qader, su "guerrilla naval", reforzadas por baterías costeras hacia el estrecho de Ormuz, arteria crítica del comercio energético mundial. En contraposición, Washington proyectó los portaaviones USS "Dwight D. Eisenhower" y el USS "George H.W. Bush", escoltados por destructores AEGIS y submarinos nucleares clase Virginia. Los primeros enfrentamientos dejaron tres embarcaciones iraníes hundidas y una fragata dañada, mientras Teherán logró derribar drones MQ-9 Reaper y dañar un buque logístico estadounidense.

"Medio Oriente es el epicentro y su temblor alcanza al planeta. Por ello es que la eficiencia operacional iraní no se mide en bajas infligidas".

Tras los bombardeos en la llamada "Guerra de los 12 días" contra el programa nuclear iraní entre el 13 y el 24 de junio de 2025, la capacidad de Teherán para desarrollar armas atómicas quedó severamente limitada. Persistió, no obstante, la preocupación por sus misiles balísticos de largo alcance, fruto de más de veinte años de preparación. Así, las motivaciones de la guerra fueron mutando: primero fue la cuestión nuclear, luego la defensa frente a misiles, más tarde el objetivo de un cambio de régimen y finalmente la exigencia estadounidense de una "rendición incondicional". La estrategia de Washington y Tel Aviv apunta a obtener el colapso interno iraní, alentando tensiones dentro del país entre kurdos, baluchis, ahvazíes y azeríes, aunque sin éxito por el momento. Las líneas de máximas dorsales del Zagros, habitadas por estas etnias, favorecen tanto la resistencia como el aislamiento, configurando un escenario de pesadilla para un ejército convencional y un refugio ideal para la insurgencia.

La estrategia israelí

Detrás de todo esto, se encuentra la visión estratégica de Benjamín Netanyahu y su partido Likud, en un proyecto de largo plazo. El primer ministro israelí ha señalado reiteradamente que aguardó durante décadas la ocasión de confrontar directamente a Irán, al que percibe no solo como amenaza militar, sino como obstáculo para la realización del ideal político - ideológico del "Gran Israel". Esta concepción, influida por corrientes mesiánicas como Jabad-Lubavitch, sostiene que la reconstrucción plena de la tierra de Israel es condición para la llegada del Mesías. El poder de Netanyahu descansa en dos pilares con fuerte peso religioso-político: los colonos seculares que ocupan territorios palestinos en Cisjordania y los judíos religiosos que respaldan la expansión territorial y la agenda mesiánica.

La respuesta iraní

Desde la perspectiva iraní, la respuesta fue económica y estratégica. Teherán atacó infraestructura energética y portuaria en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudita y Kuwait, además de cerrar parcialmente el estrecho de Ormuz, permitiendo solo tránsito hacia China. Por allí circula 1 de cada 5 barriles de petróleo y hasta el 25 % del GNL mundial, lo que busca elevar precios e inducir a la inflación en Estados Unidos, debilitando políticamente más a su gobierno. Irán persigue así un objetivo, "contrario sensu", inverso al de sus adversarios: presionar para un cambio de régimen en Washington. La situación se complica por divisiones internas en la política estadounidense. Y cualquier conflicto por la existencia de un país, como en este caso el iraní, tiende a prolongarse en el tiempo.

Con el Golfo militarizado, en un principio Irán desplegó lanchas rápidas con misiles Noor y Qader, su "guerrilla naval"

En Ormuz, enjambres de drones baratos obligan a la coalición a gastar millones en interceptores. Esta "Guerra de los Costos" convierte la inferioridad tecnológica en ventaja estratégica. Irán lanzó más de 300 drones Shahed y misiles para saturar defensas Iron Dome y THAAD, logrando impactos en Jordania y Arabia Saudita. No obstante, ello, Israel reafirmó su superioridad aérea al derribar un Yak-130 iraní con un F-35 Adir. El CGRI dispersó cerca del 60 % de sus lanzadores hacia los Zagros, preservando capacidad residual. La guerra se volvió un algoritmo: saturar sensores, dispersar activos y forzar al adversario a gastar más de lo sostenible.

Expansión del conflicto

En Siria, la Fuerza Quds coordina milicias chiíes contra posiciones israelíes en los Altos del Golán. Israel responde con bombardeos quirúrgicos de F-35 y F-16, destruyendo depósitos y sistemas SA-17, con bajas civiles que alimentan la narrativa iraní. Hezbolá intensifica el hostigamiento desde el sur del Líbano, lanzando cohetes Katyusha y misiles contra el norte israelí, interceptados parcialmente. Mantiene aferrados a 100.000 soldados israelíes en la frontera, limitando la ofensiva y funcionando como artillería adelantada iraní.

La guerra se extendió al Océano Índico tras el hundimiento de la fragata "Dena" frente a Sri Lanka. Se registraron ataques de "bandera falsa" contra Chipre, Turquía y Azerbaiyán. Arabia Saudita intentó desviar exportaciones por el Mar Rojo, pero los hutíes cerraron el comercio con drones marinos. Irán perfecciona células "dormidas" en Europa y Asia Central, infiltrándose en redes financieras y culturales.

"En Siria, la Fuerza Quds coordina milicias chiíes contra posiciones israelíes en los Altos del Golán. Israel responde con bombardeos quirúrgicos"

En el ciberespacio, ofensivas iraníes contra bancos y sistemas energéticos europeos provocaron apagones en Polonia y pérdidas en Alemania. La OTAN responde con unidades de ciberdefensa que rastrean servidores en Teherán y Damasco. La destrucción se mide en sistemas colapsados y datos exfiltrados.

En el plano diplomático, Rusia envía asesores y sistemas S-400; China sostiene el flujo energético y provee información estratégica en tiempo real. Teherán abandonó el GPS en favor de la red de geolocalización china el año pasado, mejorando precisión de ataques y consolidando su alianza geopolítica con Pekín que, alarmado por el aumento del Brent del Mar del Norte (que lo desestabiliza internamente), busca contener la escalada mientras transfiere inteligencia de alta resolución a cambio de la provisión del crudo por Ormuz.

La ofensiva iraní debilitó a Ucrania frente a Rusia, erosionó la cohesión europea y expuso fisuras en la OTAN. Kiev envió expertos antidrones para hacer frente a los "Shahed" a 11 países del Golfo y occidentales, condicionando su asistencia a ser apoyados contra Rusia, que, con sus satélites, suministró inteligencia orbital que permitió a Teherán calibrar ataques contra instalaciones estadounidenses en Qatar.

El Reino Unido autorizó operaciones limitadas tras ataques a la RAF en Akrotiri. Francia desplegó el portaaviones "Charles de Gaulle" en Ormuz; Italia acompañó en el Mediterráneo oriental; Alemania se enfocó en defensa nuclear. España bloqueó el uso de sus bases, tensando su relación con Washington. La fragmentación europea refleja la dificultad de sostener una estrategia común frente a un conflicto que combina lo militar, lo energético y lo digital.

Costos humanos y materiales

A doce días del inicio, el costo humano y militar es crítico. Irán registra unas 3000 bajas, aunque reconoce oficialmente 531 muertos. En el ámbito civil, entre 1262 y 1348 fallecidos y más de 17000 heridos, incluyendo la muerte de 170 niñas en Minab. Más de 50 buques hundidos, al menos 10 aviones destruidos, neutralización del 60 % de radares y reducción del 92 % en capacidad balística.

La Coalición reporta 9 militares estadounidenses muertos, 150 heridos, daños en 17 instalaciones, pérdida de 3 cazas F-15E y un buque logístico dañado. Israel contabiliza 12 muertos y 2571 heridos (entre militares y civiles), además de pérdidas en cazas y sistemas defensivos. En el Líbano, los enfrentamientos dejaron 570 muertos y 700.000 desplazados. Los Emiratos suman 12 muertos y 126 heridos; Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita registran al menos 8 muertos adicionales. Cuando el lector lea estas cifras, ya estarán en desuso, pues habrán aumentado geométricamente.

El impacto económico es severo. Organismos financieros internacionales advierten sobre un "oscurecimiento global": inflación en ascenso, alimentos y transporte encarecidos, tasas de interés en alza. El Estrecho de Ormuz sigue cerrado, la producción de GNL en Qatar, paralizada y el precio del petróleo oscila peligrosamente. Las instalaciones del crudo en el Golfo no pueden "estoquear" combustibles. La métrica de la guerra ya no se mide en kilómetros conquistados, sino en inflación y volatilidad bursátil.

 

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