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Un bochorno que cierra las puertas al consenso

El contrapunto del presidente y la oposición y la lluvia de agravios no contribuye en absoluto a construir políticas de Estado que atiendan a las expectativas de la sociedad.
Jueves, 05 de marzo de 2026 01:19
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Luego de la elección de medio término y en la mitad de su mandato, el presidente Milei se encontraba con una sociedad expectante que necesitaba creer en el rumbo de su gobierno.

Mantener las expectativas fue un logro del oficialismo y la oposición que, aunque dividida y sin un liderazgo claro, generaba propuestas que permitieron discusiones y cuestionamientos con debates que se produjeron en los medios de comunicación, redes sociales y en el congreso.

Las expectativas se generaron no tanto por el conocimiento de los temas que discutimos en el hogar, el trabajo o en una mesa de café, sino por la confianza de que los cambios propuestos mejorarían nuestra situación, en un periodo en que el primer problema nacional – según las encuestas de opinión pública – es la corrupción y el segundo es el desempleo, poniendo en el cuarto lugar a la inflación.

Todo esto, en una coyuntura en que la sociedad capitaliza la caída de la inflación como un activo, pero, a su vez percibe que "a tres de cada diez le va bien" y no le alcanza para organizar la vida y en que los apoyos al gobierno se dividen: en un tercio que afirma "el presidente es magnífico", otro que no quiere volver a dar crédito a la dirigencia anterior y otro por aversión al kirchnerismo.

Por otra parte, el gobierno capitalizaba la baja de la inflación y exhibía como un éxito el incremento de la Asignación Universal por Hijo, las reformas a las leyes de trabajo, a la que penaliza a menores y baja la edad de imputabilidad, y la reforma a la ley de glaciares.

Estos logros se veían opacados por la política para las personas con discapacidad, para los jubilados y por el aumento de la desocupación y el cierre de empresas. Un paisaje variopinto en que la discusión pública enhebra opciones posibles y el gobierno negociaba y lograba sancionar las leyes nombradas, consolidando una mayoría precaria que justifica la esperanza de la sociedad.

La oposición

La oposición se debatía en un archipiélago de intereses encontrados, en los que se posicionaban dirigentes sin legitimidad con partidos políticos desacreditados y sin democracia interna. Un activo para el gobierno.

Una oposición que no encontraba alternativas a la injusticia de desfinanciar la política para la discapacidad, tampoco para nivelar la desigualdad y marginación que se produce entre ganadores que acumulan ganancias y, los perdedores que pierden empleos y bienes; en un escenario desregulado a una velocidad que concentra sectores y fracciona otros poniendo en riesgo su continuidad.

En este sentido, según el Estimador mensual de actividad económica (EMAE): el petróleo y el gas, producción agropecuaria y minería, más intermediación financiera; se llevan la parte del león. Mientras que la construcción, el comercio y la industria decaen y se pierden más de 120 mil puestos de trabajo formal.

El discurso

En este contexto de expectativas sociales y logros del gobierno por las leyes sancionadas, el presidente pronuncia el discurso sobre el "estado de la nación" con el encuentro de dos de los tres poderes de la república, es decir, el Poder Ejecutivo y el Legislativo, con la presencia de todos los gobernadores y los jueces de la Corte.

El discurso causó desazón, porque la expectativa de respuesta a las demandas y justificación por el quiebre de empresas, desocupación o injusticias para los sectores más desfavorecidos como las personas con discapacidad, se transformó en un espectáculo bochornoso de minusvalía para con sus aliados e insultos para la oposición.

Con vergüenza presenciamos el empujón entre la vicepresidente y la hermana del presidente, la provocación al kirchnerismo al inicio de la asamblea diciendo "ustedes también deberían aplaudir…porque yo también soy su presidente" escalando hasta " ladrones y asesinos…tienen a su líder presa…los más chorros de la historia" o la "chilindrina trotskista" en referencia a una diputada del frente de izquierda; actuado desde una posición de poder, ya que sólo él podía ser visto y escuchado; mostrando la tónica elegida para hablar en "la casa de las leyes".

El presidente, en uno de sus párrafos iniciales, afirmó que la moral es el fundamento de su misión gubernamental, remarcando la fortaleza de su gobierno que acababa de sancionar leyes fundamentales con el apoyo de dirigentes que ahora llamó golpistas, y que los señalaba como miembros de una colusión entre empresarios de una industria prebendaria y ocasionales aliados, más el kirchnerismo.

Siguió diciendo "que el éxito de un plan de estabilización se mide en meses y la económica, en años…Es hora de abrazar políticas de Estado, es nuestro mandato. Reformas del código civil y comercial y sistema impositivo…Remover las barreras legales para explotarlos recursos naturales. Reformar el sistema electoral, cómo se financian alejados de las mafias y el narcotráfico…90 paquetes durante 9 meses. Devolver el poder a la gente, no queremos más poder…La batalla es cultural. Crear la arquitectura institucional para salir de la decadencia".

En este sentido, el éxito de los proyectos enumerados por el presidente será posible si cuentan con dos instrumentos: negociación con la oposición y expectativa de la sociedad, que sigue convencida de que el cambio de políticas es mejor que seguir sin discutirlas ni modificarlas.

Entonces, luego de la apertura de sesiones donde el escenario fue cooptado por las pasiones y la violencia y, el primero que tiene la voz autorizada, el presidente de la nación, que debe promover la mesura, la consideración, la claridad del rumbo; auspició la provocación y la respuesta al insulto de los violentos; condujo a romper los puentes de unión para negociar con la oposición y desbarató la expectativa social de seguir en el camino de la concesión y el dialogo.

En esta comedia de enredos, que fue la sesión de "el Estado de la Nación", se acabaron los diálogos y las expectativas de una sociedad empeñada en tener ilusiones y proyectos; no porque sea ingenua, sino porque la esperanza de un mañana mejor es necesario para transitar el presente.

En consecuencia, los insultos del kirchnerismo, el silencio cómplice de los aliados circunstanciales del gobierno y el fanatismo de los oficialistas, junto al presidente actuando como jefe de una facción que insinúa intenciones golpistas provenientes de su vicepresidenta de la nación nos lleva a un escenario imposible para los consensos imprescindibles, justamente, para el funcionamiento de un política de Estado y de un proyecto de Nación.

Porque, para que funcione la política, el debate de fondo no es "no importan las formas", naturalizando la violencia verbal, el desprecio por lo símbolos institucionales y el insulto a nuestros representantes; por el contrario, la práctica política inspirada por el consenso junto a las expectativas de una sociedad que apuesta a la fraternidad política y al desarrollo de proyectos esenciales para nuestro el país.

 

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