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En los tiempos que corren, la búsqueda de herramientas de trabajo o insumos para el hogar suele comenzar -y muchas veces terminar- en el mundo de las redes sociales. Lo que para muchos es una oportunidad de ahorro, para otros se convierte en la puerta de entrada a una pesadilla económica. Esto fue lo que le ocurrió recientemente a un joven de 20 años, residente del Valle de Lerma, cuya intención de capitalizarse terminó en una denuncia judicial y una profunda sensación de impotencia.
El protagonista de esta historia detectó una oferta que, en los papeles, resultaba inmejorable. A través de Facebook Marketplace, una plataforma que se volivió el epicentro de las transacciones en Salta, encontró una hidrolavadora a un precio de 40 mil pesos. El valor, aunque tentador, no despertó sospechas iniciales debido a la naturaleza de los artículos usados que suelen circular en ese espacio.
El proceso del engaño
La comunicación con el supuesto vendedor fluyó con naturalidad. No hubo nada anormal que llamara la atención del joven vallisto. Tras una breve negociación donde se ultimaron detalles sobre el estado del producto y el envío, el comprador procedió a realizar la transferencia bancaria por el total del dinero. La confianza se vio respaldada por la recepción de un comprobante de compra, un documento digital que, lejos de ser una garantía, terminó siendo parte del andamiaje delictivo.
El intercambio, que parecía un éxito comercial, se mantuvo bajo una apariencia de legitimidad hasta que el correo llegó a destino. Al abrir el paquete en la tranquilidad de su domicilio, la realidad lo golpeó como un boxeador enfurecido: en lugar de la potente herramienta de limpieza que esperaba (e iniciar así un emprendimiento personal), el joven se encontró con un aro de acero sin valor alguno. La hidrolavadora nunca existió; solo fue el señuelo para sustraerle sus ahorros.
La vía judicial
Ante la evidencia del fraude, la víctima decidió no quedarse de brazos cruzados. Se presentó ante la Justicia para radicar la denuncia formal, aportando como prueba clave el registro de la transferencia realizada y los diálogos mantenidos con el estafador.
Actualmente, las autoridades competentes se encuentran investigando el rastro digital del dinero. Este caso se suma a una creciente lista de estafas virtuales en el interior salteño, donde los delincuentes aprovechan el anonimato que brindan los perfiles falsos y la inmediatez de las billeteras virtuales para desaparecer una vez concretado el golpe. Expertos en seguridad informática recomiendan nunca transferir dinero sin antes verificar la identidad real del vendedor o, preferentemente, realizar el pago contra entrega una vez constatado el estado del producto.
Fuente Radio Salta