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La escena no tuvo persecuciones ni despliegues espectaculares. Tampoco grandes botines ni robos millonarios. Lo que sí tuvo fue un componente inesperado que convirtió a dos procedimientos recientes en episodios difíciles de pasar por alto: un canasto metálico para residuos y un gato hidráulico de automóvil fueron los protagonistas de sendas intervenciones realizadas en la Ciudad de Salta, en el marco de patrullajes de rutina.
Ambos hechos ocurrieron con pocas horas de diferencia y en zonas distintas de la Capital, pero comparten un denominador común: los objetos transportados no pudieron ser justificados por las personas demoradas, lo que derivó en su secuestro y en la intervención de fiscalías penales distintas.
Un canasto de basura, la primera alerta
El primer procedimiento se registró durante la madrugada, en inmediaciones del barrio Santa Cecilia, cuando personal de Seguridad Urbana realizaba un recorrido preventivo. En ese contexto, los efectivos advirtieron la presencia de un hombre que transportaba un canasto metálico, similar a los utilizados como recipientes de residuos en la vía pública.
Al ser consultado por la procedencia del objeto, el hombre -de 40 años- no logró brindar una explicación clara ni documentación que acreditara su pertenencia. Ante esta situación, se dispuso su demora preventiva y el secuestro del canasto, considerado de dudosa procedencia (hurtado).
El caso quedó en manos de la Fiscalía Penal 6, que tomó intervención para determinar el origen del elemento y la eventual responsabilidad del involucrado.
Horas después, un gato hidráulico
Ya entrada la mañana, alrededor de las 9 del miércoles, se produjo una segunda intervención en el loteo Cervera, más precisamente en la zona de avenida Monseñor Tavella y calle Socompa. Allí, durante otro patrullaje preventivo, se demoró a un hombre de 33 años por una situación similar, aunque con un objeto distinto.
En este caso, durante la requisa se encontró en su poder un gato hidráulico, herramienta comúnmente utilizada para levantar vehículos. Al igual que en el hecho anterior, el hombre no pudo justificar la procedencia del elemento, lo que motivó su secuestro inmediato. La causa fue caratulada como supuesto encubrimiento y quedó bajo la órbita de la Fiscalía Penal 4, que ahora deberá establecer si el objeto fue sustraído y, en tal caso, de dónde.
Más allá de las diferencias horarias y geográficas, ambos episodios reflejan una postal poco habitual: elementos de uso cotidiano, sin un valor económico significativo, que terminan generando actuaciones judiciales por la imposibilidad de acreditar su origen. Canastos de basura y gatos hidráulicos forman parte del paisaje urbano y doméstico. Sin embargo, fuera de contexto y sin explicación, se convierten en piezas clave de intervenciones que llaman la atención por lo inesperado de los objetos involucrados.
Las investigaciones continúan por carriles separados, con el objetivo de determinar si los elementos fueron sustraídos y si existen denuncias previas que permitan vincularlos con hechos concretos. Mientras tanto, ambos casos quedaron registrados como ejemplos de esas situaciones que, sin grandes titulares, revelan lo extraño que puede volverse lo cotidiano cuando algo no cierra.