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16 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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VIDEO. Último adiós con coplas y tradición: Salta rindió homenaje a Don Severo Báez

En Villa Primavera, entre coplas, cajas, zambas y una profunda emoción colectiva, Salta despidió a Don Severo Báez como él mismo había sembrado su vida: rodeado de su gente, de su cultura y de sus raíces. Comparsas, músicos, copleros, familiares y vecinos colmaron la calle y la casa que fue refugio de la tradición para rendir homenaje a un hombre que dedicó su existencia a mantener viva la identidad del norte argentino.
Viernes, 16 de enero de 2026 15:48
Los hijos de Severo Báez en su despedida. Fotos: Nicolás Poclava
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En un clima de profundo respeto y sentimiento popular, familiares, amigos, copleros y vecinos despidieron este viernes a Don Severo Báez, referente indiscutido de la cultura tradicional del norte argentino. El homenaje se llevó a cabo en Villa Primavera, en el Centro de Residentes Vallistos y Puneños, espacio que el propio Don Severo ayudó a forjar y que hoy es considerado un emblema de la tradición viva.

La despedida fue tal como él la hubiera querido. Comparsas actuaron primero sobre la calle principal, frente a la casa de Don Severo Báez, y luego ingresaron al centro cultural para integrarse a los homenajes. Allí, junto al cajón con sus restos, se unieron a copleros, músicos y cantores, mientras sus hijos y su comunidad lo rodeaban en un último adiós cargado de identidad y memoria.

Don Severo Báez falleció a los 77 años, dejando un legado cultural que trascendió generaciones y fronteras.

“Fue mi compañero de la vida”

En diálogo con El Tribuno, su esposa, Rafaela Gaspar de Báez, expresó con serenidad y orgullo lo que significó compartir la vida con Don Severo.

“Fue mi compañero de la vida. Un padre ejemplar, siempre presente. El respeto, la crianza de los hijos y el trabajo al par del marido son valores que uno aprende en el campo”, señaló.

Juntos formaron una familia numerosa: 15 hijos, 22 nietos y ocho bisnietos. “Vivo por ellos y para ellos”, afirmó Rafaela, recordando sus orígenes en la Puna y el encuentro con Don Severo en el marco de las celebraciones religiosas. “Nos conocimos en la procesión del Milagro. Yo soy puneña, él vallisto, y así unimos dos culturas”.

De esa unión nació también el Centro de Residentes, un espacio abierto al público para preservar las costumbres. “Empezamos a abrir nuestras fiestas, las del pago chico, las religiosas, las cantabalera, el Día de la Madre. Salta me acogió, aquí crié a mis hijos y aquí seguimos sembrando cultura”, relató.

Un adiós como él lo soñó

Durante toda la jornada, el féretro permaneció acompañado por copleros y músicos que, con cajas y cantos, marcaron el ritmo de la despedida. “Así lo estamos despidiendo, como él quería, cantando”, expresó Rafaela. “Severo no se va a callar nunca. Siempre va a estar presente”.

El cajón fue rodeado por sus hijos, cantores, copleros y vecinos, mientras el poncho, el sombrero, la caja, las botas y el traje de Don Severo ocuparon un lugar central como símbolos de una vida dedicada a la tradición. “Todo está listo para que el carnaval no se caiga y las costumbres no se pierdan”, coincidieron.

El legado continúa

Los hijos de Don Severo tomaron la palabra para reafirmar la continuidad de su obra. “Somos 15 hermanos que vamos a gritar siempre que viva Severo, que viva la cultura y que viva la tradición”, expresaron.

Uno de ellos, quien lleva su nombre, sostuvo: “Negarnos a cantar sería negar su apellido. Mi viejo siempre va a ser una leyenda, la leyenda pura de la tradición. La posta continúa”.

Una despedida multitudinaria

La casa de Don Severo Báez se vio colmada durante toda la jornada. Vecinos, comparsas, músicos, queneros, anateros, bandoneonistas y copleros llegaron desde distintos puntos de Salta, Jujuy y la Puna para acompañar a la familia. “La cantidad de gente que vino demuestra todo lo que sembró”, coincidieron.

El Tribuno acompañó la despedida a pedido de la familia, para que este momento quede registrado como parte de la memoria colectiva salteña. “Ustedes fueron testigos de cómo siempre se defendieron las tradiciones y la cultura”, agradecieron los familiares.

Último adiós

Los restos de Don Severo Báez fueron trasladados al cementerio Santa Teresita, en la zona sur de la ciudad, cerca de Santa Ana. Hasta el final, el sonido de las cajas y las coplas acompañó su partida.

Así se fue Don Severo Báez: cantando, rodeado de su pueblo y dejando sembradas tradiciones que, como su familia y su comunidad prometen, seguirán vivas por muchos años más.

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