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24 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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"Pudimos criar a nuestros 4 hijos con la venta de artesanías"

Lo mío es...  Héctor Fabián Mancilla, artesano
Sabado, 24 de enero de 2026 12:37
Fotografías: Javier Rueda.
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Héctor Fabián Mancilla tiene 60 años de edad y hace más de 40 años que trabaja de joyero artesanal. En su stand de Punto Artesanal muestra colgantes, pulseras, anillos, aros, piedras y hasta porta anteojos elegantes.

Explica apasionado cómo realizó el trabajo de cada una de las piezas que expone y vende. Qué metal es, para qué sirve (y de dónde viene) cada piedra, si un cóndor tiene dos cabezas merece una leyenda, una charla, una sonrisa. 

El hombre tiene una historia para cada cosa, cada obra lo remite a su vida, a los recuerdos, a las anécdotas. Compre o no compre siempre se llevará algo de Héctor Mancilla. Con El Tribuno se sienta en una mesa del Punto Artesanal y comienza a desandar los gajes de su oficio.

Muy pocos saben que Mancilla nació y se crió en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, Patagonia argentina. Durante su infancia y adolescencia ni se imaginaba el potencial de sus manos; andaba en otra. 

Cuando tenía 17 años y ya con la vuelta de la Democracia a  nuestro país, la familia de Héctor comenzó a viajar regularmente a la ciudad de Río Ceballos, en Córdoba. Hablamos de trabajos estacionales por la cual pasaban temporadas en centro y luego volvían al sur del país.

A los 18 años comenzó a trabajar en una fábrica de telas a orillas del mar. Fueron sus compañeros, de esa fábrica, los que en los tiempos libres le enseñaron el trabajo con metal. Fue un comienzo. De pronto se compró una pinza, consiguió alambre y empezó "a dibujar". La siguiente temporada la hizo en Río Ceballos en una fábrica de arandelas para una marca francesa de autos. Con su primer aguinaldo se compró herramientas y ya hacía sus propias piezas de joyería artesanal. A los 20 años renunció al trabajo en la fábrica.

Esa renuncia fue una borna en su vida. Se puede decir que con la salida de la fábrica comenzó su vida adulta. Y lo explica así: "Cuando me voy de la fábrica, es una renuncia a todo salario, al trabajo registrado, a los aportes y nunca más vuelvo a estar en relación de dependencia. Tiene sus pro y sus contra, pero ya jamás volví a tener un jefe", dijo el artesano.

"Ni jefe ni destino", dice y ríe. El hombre salió con su oficio a dar vueltas por la Argentina y se metía en cuanta concurrencia había. Ferias, plazas, festivales y todo tipo de encuentros. Así fue aprendiendo no sólo el arte sano de las manos, sino que fue sabiendo cómo vender, a dónde sí, a dónde no, cuándo pelear un precio y cuándo había que retirarse.

En su gira artística llegó a Salta, a la plaza 9 de Julio. Allí conoció al amor y nunca más se alejó.

En esta ciudad conoció a Malú, una hermosa artesana, pero de otro rubro. Eso sucedió en 1989 y ahora comenzaron los preparativos para un aniversario que celebre los 37 años juntos. "Comenzamos a viajar y a trabajar juntos desde ese año. Anduvimos por Córdoba, Santiago del Estero, Jujuy, 2 años de novios. Tuvimos idas y vueltas pero siempre estuvimos juntos. Cuando comenzaron a venir los hijos decidimos quedarnos en Salta. Consideramos que acá es la mejor ciudad porque es tranquila, es una ciudad barata, turística y muy segura; además de tener un clima único", dijo Mancilla.

Héctor y Malú tuvieron 4 hijos y 6 nietos.

"Siendo los dos artesanos criamos a todos nuestros y yo veo que son buenas personas; que los criamos bien. Ellos saben trabajar las artesanías, pero ninguno se va a dedicar a esto. Todos tienen un trabajo registrado con un salario. Ellos prefieren la estabilidad y está muy bien. Son decisiones de cada uno y yo me siento orgulloso de ellos", dijo emocionado.

Siempre en la calle, casi sin horarios, con la incertidumbre de ingresos siendo la única certeza, los criaron a todos.

Otra fecha clave se puede decir que fue el 5 de septiembre de 2018, cuando inauguraron el espacio Punto Artesanal. Allí se agruparon más de 50 artesanos para tener un local propio con una variedad de artesanías, cerámicas y textiles, en frente de la plaza 9 de Julio.

"Este espacio es maravilloso. Yo no me quiero más de acá. Hoy ya no volvería a la calle. Acá tenemos como islas donde estamos varios artistas y nos turnamos para atender. En la calle vos no estás, no vendés, no tenés dinero. Esta forma, solidaria, colectiva y autogestiva es lo mejor que nos pasó", definió el artesano.

Cuando ya no hay más palabras

 

"La esencia del artesano muere con el artesano. Es muy difícil que los artesanos tengamos hijos artesanos. Hablo en general", dijo Héctor Mancilla.

"Yo me voy a morir haciendo artesanías. Las haré hasta que la vista y las manos me lo permitan. Y después nada, no lo sé", definió.

Se quedó callado.

El reporteo le hizo pensar y por eso dijo esa frase contundente. Nadie lo puede reemplazar, su estilo es único y es su capital. Sus obras quedarán en el recuerdo de las personas que compran sus productos. Se lucirán en los cuellos y manos de las mujeres que tienen un pedacito del talento de Mancilla. Muchas de sus obras ya están esparcidas por el mundo, lo sabe.

Ahora lo piensa y se queda callado.

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