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31 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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El fenómeno MacMix, el motovlogger que transformó la observación diaria en contenido viral

Nacido en El Carril y radicado en Buenos Aires desde hace más de una década, construyó una audiencia a partir del registro en primera persona.
Sabado, 31 de enero de 2026 00:28
Foto: Javier Rueda
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Lucas Tolaba

El Tribuno

MacMix -Maciel fuera de cámara- es creador de contenido y uno de los motobloggers más reconocidos del país. Nacido y criado en la localidad salteña de El Carril, vive desde hace más de una década en Buenos Aires, donde convirtió la moto y la observación cotidiana en una forma de narrar la calle. Con una cámara en el casco y millones de reproducciones acumuladas en YouTube y otras redes sociales, construyó una audiencia a partir de la constancia, el contacto directo con la gente y el registro en primera persona de escenas urbanas, viajes y situaciones inesperadas.

El recuerdo aparece rápido. Apenas baja el ritmo y mira alrededor, MacMix lo dice sin vueltas: "Hermoso, lindo, como siempre lo recuerdo". Hace 15 años que no vivía en Salta, pero el paisaje sigue funcionando como ancla. Antes de Buenos Aires, antes de YouTube y de los millones de vistas, estuvo la finca El Bordo y después El Carril. Ahí se crió. Ahí se formó. Volver no es solo viajar: es reconectar.

Hoy lo reconocen por la moto azul eléctrico, por el casco naranja espejado, por la cámara en el mentón. Pero él insiste en definirse con una sola etiqueta: creador de contenido. "Influencer, youtuber… como quieran llamarlo", dice, pero aclara que se dedica 100% a eso y que no fue un camino inmediato ni sencillo.

Foto: Javier Rueda

Cuando habla de sí mismo, lo hace a través de lo que otros le devuelven. Carisma, alegría, empatía. Después suma lo personal: cariñoso, sensible, cercano. No quiere "pifiarla", como dice, pero se nota que le importa cómo lo perciben. Esa relación con la gente es parte central de su contenido y también de su vida cotidiana.

El canal empezó de manera técnica. Fichas de motos, descripciones, características. Nada épico. El giro llegó cuando empezó a mirar alrededor y a registrar lo que pasaba en la calle. Observaciones diarias. Situaciones comunes. Escenas que cualquiera vive, pero que él decidió contar arriba de una moto. La idea nació al ver a otro creador recorrer los mismos lugares y atravesar experiencias similares. "¿Por qué no arrancar por ahí?", pensó. Y arrancó.

Antes de todo eso, estuvo en las Fuerzas Armadas. El quiebre llegó cuando tuvo que elegir. "Todo pasa por lo económico", dice sin rodeos. Comparó lo que le daba una vida y lo que le prometía la otra. Apostó por las redes, aun sabiendo que no había garantías. Durante casi tres años lo miraron muy pocos. Videos con 100, 200 reproducciones. Uno de 213 que todavía recuerda con exactitud. Lo veían su mamá, su papá —cuando aún vivía—, su hijo, algún vecino, algunos amigos. Nada más.

La clave fue insistir. Subir igual. Grabar igual. Editar igual. Hasta que explotó. El crecimiento fuerte llegó recién a mediados de 2024 y se aceleró durante todo 2025. A YouTube se sumaron Facebook, Instagram y TikTok. Un clip empuja al otro, una red alimenta a la siguiente. Pero MacMix no romantiza el proceso: sabe que el algoritmo cambia y que nada es lineal.

Foto: Javier Rueda

El orgullo familiar aparece como un hilo constante. Su mamá lo acompaña, lo mira, se entusiasma, incluso aparece en algunos videos. A veces lo ve en canales de noticias como TN y no lo puede creer. "Orgullosa", repite él. Esa palabra pesa. Sobre todo cuando recuerda que su papá ya no está.

Entre los contenidos que más lo marcaron hay uno que no buscó ser viral. Un cruce con un nene en la calle, en uno de sus peores días. Primero hubo un insulto, después el reconocimiento. El chico lo frenó, emocionado. Le contó que hacía poco se le había incendiado la casa. MacMix subió el video con una idea clara: ayudar. No pensó en las reproducciones, pensó en juntar algo para ese nene. La respuesta fue inmediata. Contacto con la familia, alias, donaciones. "La ayuda fue increíble", recuerda.

No todo es liviano. También hay momentos duros, incluso más allá de lo que se ve en cámara. El más fuerte: el robo de su moto. Dos motos lo cruzaron, le apuntaron en el pecho y se la pidieron. Cuando no pudieron arrancarla y uno le dijo "arrodillate", se le vino a la cabeza la imagen de sus hijos y de su mamá. "Ahí pensás cualquier cosa". Por suerte, quedó en un susto enorme y una pérdida material. "Acá estamos contándola", resume.

El reconocimiento en la calle es constante. En Capital y en la ruta. Lo identifican por la moto, por el casco, por los detalles. Incluso en medio de la nada, entre Rosario de la Frontera y Metán, alguien frenó, dio la vuelta y se quedó charlando varios minutos. "Es loco, pero le regalo ese tiempo porque gracias a ellos estoy donde estoy".

Cuando le preguntan por lo más gracioso, aparecen las escenas bizarras: noches de boliche, gente que se quiere subir a la moto, situaciones desbordadas. "No es que me pasen solo a mí", aclara, "pero yo tengo una camarita y lo filmo". Esa es, quizás, la diferencia.

También hay cosas que no se ven. Le cuesta editar sus propios accidentes. Cuando está flojo de contenido, paradójicamente, es cuando más se exige en la edición. Hay días bajón, días tristes, que se revierten con un simple saludo de un seguidor. Y hay datos mínimos que lo humanizan: tiene 35 años, es de Virgo, no le gusta la polenta aunque su mamá la intente disfrazar de mil formas, y disfruta profundamente cada vez que vuelve al norte porque siente que se conecta con su viejo.

 

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