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Fue diagnosticado a los 13 años con diabetes tipo 1. Durante la pandemia relajó los controles y su salud se deterioró gravemente: hoy realiza diálisis tres veces por semana, perdió la visión de un ojo y espera un trasplante de riñón y páncreas. Su testimonio es un mensaje directo sobre la importancia de no descuidarse.
Un diagnóstico en plena adolescencia
Marcos Sosa tenía apenas 13 años cuando comenzaron los síntomas: sed constante, cansancio extremo y necesidad frecuente de orinar. Era verano y, en medio de los cambios propios de la pubertad, esas señales no encendieron alarmas inmediatas.
“Tomaba mucha gaseosa porque tenía mucha sed. Después de Navidad terminé muy descompuesto”, recordó en diálogo con El Tribuno. El 25 de diciembre lo pasó en cama y al día siguiente fue internado. Permaneció tres días en observación hasta que llegó el diagnóstico: diabetes tipo 1, insulinodependiente.
“Yo no entendía bien qué significaba. Pensaba que no iba a poder comer carne”, cuenta hoy, a los 37 años. Con el tiempo comprendió que la enfermedad lo acompañaría de por vida y que el cuidado cotidiano sería determinante.
La enfermedad silenciosa y el descuido
Desde el diagnóstico comenzó a inyectarse insulina a diario. Sin embargo, la diabetes no siempre duele ni da señales claras cuando el daño empieza a avanzar.
“La diabetes es muy silenciosa. Uno se deja estar porque no siente nada en el momento”, explicó.
En 2020, durante la pandemia, continuó recibiendo la insulina en su domicilio, pero dejó de buscar las tiras reactivas para controlar sus niveles de glucosa. “Fue negligencia mía”, admite. Sin ese monitoreo, el control se volvió impreciso.
Las consecuencias no tardaron en aparecer. A fines de ese año fue internado en el Hospital Oñativia con una acumulación severa de líquidos: había aumentado 30 kilos producto de la retención. Sus riñones comenzaban a fallar.
La diálisis y el impacto en su cuerpo
En 2021 sus riñones dejaron de funcionar. Desde entonces debe someterse a diálisis tres veces por semana, cuatro horas por sesión. El procedimiento consiste en extraer la sangre mediante dos agujas, filtrarla en una máquina que elimina toxinas función que antes cumplían los riñones y devolverla al cuerpo.
“No se lo deseo a nadie, pero a mí me hizo recapacitar”, sostuvo.
La diabetes también afectó su visión. Tras varias intervenciones, perdió el ojo derecho. El izquierdo logró recuperarlo parcialmente gracias a una cirugía.
Hoy sus riñones no trabajan y la única alternativa para dejar la diálisis es un trasplante. En su caso, al tratarse de diabetes tipo 1, necesita un trasplante doble: riñón y páncreas. La operación no se realiza en Salta y deberá concretarse en Córdoba si logra ingresar a lista de espera.
Trabajo, esperanza y una vida con límites
A pesar de las limitaciones físicas y del tiempo que demanda el tratamiento, Marcos continúa activo. Es traductor de inglés idioma que incorporó desde la infancia por su familia de ascendencia británica y también es instructor de golf.
“No me gusta decir que quiero una vida normal porque mi vida es normal. Pero sí quisiera tener menos limitaciones”, reflexionó.
La diálisis es permanente hasta que llegue un eventual trasplante. Mientras tanto, avanza con los trámites necesarios y sostiene la esperanza.
Un mensaje claro a quienes viven con diabetes
Marcos insiste en que su historia no busca generar lástima, sino conciencia.
“La recomendación principal es cuidarse y hacerle caso a los médicos. A veces creemos que conocemos nuestro cuerpo y no es así. Hay que confiar en los profesionales y ser constantes con los controles”, enfatizó.
También destaca la atención recibida en el Hospital Oñativia, donde realiza su tratamiento, y valora la calidad médica disponible en la provincia.
Su recorrido es un recordatorio concreto de que la diabetes, cuando no se controla adecuadamente, puede afectar órganos vitales como los riñones y la vista. Pero también es una historia de aprendizaje y resiliencia: una advertencia sobre los riesgos del descuido y, al mismo tiempo, un llamado firme a la prevención y al seguimiento médico permanente.