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La Fundación Equinoterapia del Azul llegó a la Unidad Penal N° 1 de Villa Las Rosas. Se trata de una propuesta que nació hace unos años, que es itinerante porque visita a diversas instituciones, y que es solidaria. Es un programa que lo denominaron “Caballos que Visitan”.
La visita fue realizada ayer, sábado 28 de febrero, llevaron los caballos a Villa Las Rosas y trabajaron con 30 personas alojadas en el penal. La experiencia fue increíble para todos.
La iniciativa fue creada por Elena Cataldi Fleming, fundadora de Equinoterapia del Azul, a partir de una situación personal vivida en un hospital mientras acompañaba a un familiar en un momento delicado.
En trabajo en la Unidad Penitenciaria N°1 de Villa Las Rosas se realizó en articulación con la Fundación Espartanos. "Ellos (Espartanos) tienen experiencia en el trabajo intramuros, es por eso que articulamos para hacer el trabajo juntos. Yo quiero agradecer a ellos la predisposición", dijo Elena Cataldi Fleming en diálogo con El Tribuno.
La Fundación Equinoterapia del Azul cuenta con más de 20 años de trayectoria en Salta, trabajando con niños, jóvenes y adultos a través de la equinoterapia y programas de inclusión social. A lo largo de estas dos décadas, la institución se ha consolidado como un espacio de referencia en la provincia, promoviendo el bienestar integral, la autonomía y la mejora en la calidad de vida de las personas que participan de sus actividades.
La actividad estuvo encabezada por el Director General del Servicio Penitenciario de Salta, Prefecto Mayor Enrique Torres, junto al Subprefecto Rodolfo Cabrera, el Subprefecto Claudio Monasterio y el Alcaide Joaquín López. Estuvo Soledad Sosa en representación de la Fundación Espartanos.
La coordinación técnica estuvo a cargo de Tomás Beverina, referente del programa de Equitación Adaptada de la Fundación, quien dirigió cada dinámica con el carisma y profesionalismo que lo caracterizan, logrando que las actividades fueran fluidas, ágiles y profundamente humanas.
Se trabajaron valores del deporte como el respeto, el compromiso, la responsabilidad, el liderazgo y la cooperación. Hubo trabajo en equipo, aprendizaje y también disfrute genuino. A medida que avanzaba la mañana, el clima se transformaba.
Libertad
El trabajo con los 30 internos se realizó de la siguiente manera: se dividieron en 2 grupos. Los que sabían montar y los que no. Se trabajó el acercamiento a los animales y para que luego todos logren montarlos. El objetivo final fue que se logre una combinación entre pato y rugby ya que al final se buscaba que, a través del trabajo en equipo, puedan avanzar el línea montando y circulando la pelota de rugby. Lo lograron. Alta satisfacción por las destrezas logradas y por el trabajo coordinado.
Uno de los participantes contó que había estado atravesando un día muy difícil y decidido a no subirse al caballo. Sin embargo, al acercarse, tocarlo y sentir su olor, algo cambió. “Sentí que me invadía la calma”, expresó. Se fue agradecido, asegurando que se sentía completamente distinto a como había llegado.
Otro interno, que proviene del campo, relató que mientras galopaba se olvidó por un momento del contexto en el que estaba. “Me sentí otra vez en mi lugar”, compartió.
"El caballo es alegría y es libertad. Montar es sentir que uno está en otro lado, que no importa nada. Y eso, para una persona privada de su libertad, fue algo emocionante. A todos los que participamos nos abrió la cabeza. Fue un trabajo realizado con total respeto, que fue fluido, ágil y con el cuidado al animal. Lo que siempre digo: el caballo no juzga y todos tenemos el derecho a tener un momento de felicidad. Y creo que en eso momentos, esas personas fueron felices y libre. Y eso nos emocionó a todos", dijo Cataldi Fleming en un tono que conmueve.
“Caballos que Visitan” reafirma así su propósito original: acercar alivio, humanidad y esperanza a quienes atraviesan momentos de espera o situaciones complejas.
"Porque todos merecemos que alguna vez un caballo nos visite el alma. Porque donde un caballo visita, alguien se siente mirado, reconocido… y eso transforma", concluyó.
Innovar también es abrir puertas
El ingreso de caballos a un hospital, a hogares infantiles o a un penal no es algo habitual. Es una propuesta innovadora que implica animarse a pensar diferente y confiar en nuevas formas de acompañamiento.
Que esto esté sucediendo en Salta, impulsado por una fundación salteña, habla no sólo del trabajo de un equipo comprometido, sino también de instituciones que deciden abrir sus puertas y apostar por iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida de personas en distintas situaciones de vulnerabilidad.
Elena Cataldi destaca especialmente la apertura del Hospital Materno Infantil, del Servicio Penitenciario de Salta, de los responsables de los hogares y de cada institución que eligió confiar.
“Trabajamos con personas que tienen una enorme responsabilidad sobre la vida de otros. Que hayan decidido confiar en nosotros, en nuestro equipo y en nuestros caballos, y facilitar que esto suceda, es un gesto enorme de compromiso con la gente para la que trabajan”, señaló.
Lo que comenzó como una reflexión silenciosa en una sala de espera hoy es un programa que cruza hospitales, hogares, una casa que alberga a niños en tratamiento oncológico y un penal salteño.
"Porque a veces innovar no es hacer algo grandilocuente. Es animarse a abrir una puerta… y dejar que entren los caballos", cierra Cataldi.
Una historia particular
“En esa sala de espera, viendo el dolor, la incertidumbre y el desgaste emocional que implica atravesar una situación difícil de salud, sentí una necesidad muy profunda: aliviar, aunque fuera un poquito, esa espera. Y pensé en los caballos, nuestros compañeros de camino. En su presencia, en su sensibilidad, en su capacidad de conectar sin palabras. Ahí surgió la pregunta que lo inició todo: ¿y si llevamos los caballos de la Fundación a esos lugares donde tanto se los necesita?”, recordó Cataldi Fleming.
De esa inquietud nació “Caballos que Visitan”, un programa itinerante que adapta la experiencia de la equinoterapia para trasladarla a hospitales, hogares, instituciones y espacios comunitarios. El objetivo es claro: que el poder transformador del vínculo con el caballo pueda llegar a quienes no pueden acercarse a la fundación por diferentes motivos.
La propuesta ha demostrado cómo el contacto con el caballo favorece la regulación emocional, fortalece la autoestima y mejora la calidad de vida, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
Experiencias similares se han desarrollado en países como Estados Unidos, Reino Unido y México, donde programas con caballos dentro de contextos penitenciarios han mostrado resultados positivos en la regulación emocional, la convivencia y los procesos de reinserción. En ese marco, desde la Fundación destacan que la iniciativa que se llevará adelante en Salta representa una experiencia innovadora en Argentina, ampliando el alcance de la equinoterapia más allá del ámbito tradicional y extendiendo su impacto a nuevos contextos sociales.
La actividad se desarrolla de manera coordinada con cada institución participante, respetando protocolos y lineamientos específicos. Desde la Fundación destacaron el acompañamiento y la apertura de los equipos directivos de hospitales, hogares e instituciones que han recibido el programa, así como el apoyo del Gobierno de la Provincia de Salta y de las áreas competentes en materia de seguridad, que permiten y acompañan esta iniciativa en el ámbito penitenciario.
“El caballo no juzga, no pregunta por el pasado. Responde al presente. Y en ese presente se abren posibilidades. Creemos firmemente en el poder transformador de los caballos y en cómo pueden mejorar la calidad de vida de las personas, incluso en los contextos más difíciles”, señaló la fundadora.