Gustavo Leguizamón habría dicho: “cómo seremos de opas los salteños que hasta del aniversario de mi muerte se olvidaron”. Lo cierto es que el Cuchi moría el 27 de septiembre del año 2000, a las 16.30 aproximadamente, a causa de un paro cardiorespiratorio.
Se nos iba un artista irrespetuoso, irreverente, sarcástico y genialmente inimputable.
Falleció a dos días de su cumpleaños, el que hubiera sido el 83.
El hombre que leía al Che Guevara en el aristócrata Club 20 de Febrero dejaba un legado de música y poesía que destacaba a nuestra provincia en todo el mundo.
Ese día, el de su cumpleaños incumplido, lo llevaron al cementerio y nuestro inolvidable compañero Toti Daher le tocaba la armónica al lado del cajón mientras todos lloraban. En los siguientes días los diarios de todo el mundo hablaban de la pérdida del genial pianista, abogado y padre.
Pero ahora, a 12 años de su muerte fue poco lo que se dijo en los medios de comunicación; sobre todo en los de nuestra provincia.
No hay músico que visite nuestra tierra sin que lo nombre al  Cuchi en el escenario, sin dejar alguna reminiscencia sobre la influencia en los orígenes.
Pues eso es el Cuchi, el origen de un paradigma musical.
Son inmortales sus andanzas con el Barba Castilla, sus huellas en el Dúo Salteño y las  anécdotas de sus ocurrencias. Aunque seguro, que como el Cielo es como uno quiere, debe andar el Cuchi por calle Caseros silbando fuerte El Aveloriao y asombrándose aún de nuestra realidad y de lo opa que somos los salteños.
 

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