La violencia nos rodea. Desgraciadamente, está latente en la sociedad. Nos acecha. Y además de ser el mecanismo de defensa de los inadaptados contra su propia intolerancia, la violencia instintiva y genuina puede resultar un cóctel más peligroso aún cuando suele organizarse y encolumnarse para un fin determinado y confabularse con intereses creados de un estamento superior. Esto sucede con frecuencia en el fútbol argentino, donde el deporte más bello del mundo suele ensuciarse con la más baja escoria, para desvirtuar el hoy contaminado juego de la pelota.

Y si bien en las copas levantadas en el crepúsculo de un 2012 plagado de buenos augurios se constituía un anhelo de paz y sin manchas en todo lo que rodea al rectángulo de césped, el año que nos deja estuvo, lamentablemente, signado por una sucesión de hechos que quedarán en nuestras retinas como un paso atrás en la pregonada lucha contra el cáncer del fútbol.

Este 2012 se caracterizó también por la emergente irrupción de personajes justicieros, solitarios y sin amparo, que lucharon contra la corriente. Entre ellos, Javier Cantero, el presidente de Independiente, quien intentó sin éxito encolumnar a sus pares en pos de la lucha contra los violentos. No sólo no pudo cumplir su cometido y lo dejaron solo en el momento que el fútbol más necesitaba nutrirse de referentes fuertes en busca de un antídoto contra el mal llamado violencia.

Disputa de poderes

El 10 de mayo último, la Cámara de Casación Penal liberó a Rafael Di Zeo, absuelto en una causa en la que se lo juzgaba por asociación ilícita. Su liberación estuvo acompañada por un multitudinario banderazo encabezado por La 12 en la cual se lo coreaba como si fuese un héroe. Apenas un mes después, en la previa de un partido contra Unión, en Santa Fe, la facción que respondía al liberado se enfrentaba a los tiros en una autopista en Santa Fe con la barra de Mauro Martín, quien resultó herido, por la disputa del tan ansiado mando de la barra de Boca.

Cinco días más tarde, la AFA y el Gobierno Nacional implementaron conjuntamente el nuevo sistema biométrico de acceso a los estadios como una manera de empadronar e identificar a los hinchas, sin embargo, hechos puntuales en los estadios, como las bombas de estruendo lanzada el mes pasado por parte de hinchas de Independiente hacia la humanidad del arquero de Belgrano de Córdoba Juan Carlos Olave, cuestionaron la efectividad de dicha medida, al igual que el amparo a delincuentes que ingresaron como “panchos por su casa” al Monumental. en el superclásico River-Boca.

Ante toda esta problemática, la presidenta Cristina Fernández cometía un acto fallido al intentar justificar, sutilmente, el accionar de los barras. “Las cosas más grandes y violentas no pasan dentro de la cancha, sino afuera. Cuando se arman bardos, no es sólo en la popu, sino también en la platea”, dijo Cristina. Para luego rematar: “Mi respeto a ellos, que están colgados a los paravalanchas y ni miran el partido. Por algo hay que tener pasión”.

Un inédito clásico salteño

El 16 de septiembre será recordado en la historia como el primer clásico salteño que se suspendió sin comenzar. El árbitro Federico Guaymás Tornero decretó la suspensión del choque entre Central Norte y Juventud Antoniana, luego de que alrededor de 20 hinchas antonianos no acataran la orden de bajarse del parapelotas del Martearena. Tras este suceso, salieron a la luz las denuncias de Rubén González, el por entonces titular del santo, quien dijo ser extorsionado por barras antonianos y sindicó responsables. Días después. un grupo de referentes de la barra fueron detenidos. Allí empezó a gestarse un avance, con la implementación del derecho de admisión y el refuerzo de las medidas de seguridad en el Martearena, con la co locación del alambre concertina en las cabeceras.

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