A casi dos meses del colapso de las dársenas de la terminal de ómnibus, para esta semana se esperan avances concretos sobre la reconstrucción de la cara más visible o la puerta de entrada a la ciudad de Salta: la terminal de ómnibus.
Sin que se sepan aún las verdaderas causas del derrumbe de sus dársenas, que a mediados de enero quedaron a 3 metros de profundidad, esta semana saldrá a la luz el proyecto de reconstrucción elaborado por la concesionaria Terminal Salta. Dicho proyecto deberá ser aprobado -o no-por Obras Públicas de la comuna. El intendente Isa dijo que “los salteños tendrán la terminal que se merecen”, aun cuando el proyecto de Terminal Salta sea rechazado. En otras palabras, Isa dejó abierta la posibilidad para una rescisión del contrato y fue políticamente correcto al advertirlo públicamente. Muchos hablan de que todo está arreglado y encaminado para un pronto acuerdo, que permita una reconstrucción “aceptable” a los ojos de turistas y vecinos y en el menor tiempo posible.
 

Pero detrás de esta historia aparecen, con cierta sutileza, algunas circunstancias que ocultan pulseadas políticas y desconcierto en torno de un verdadero proyecto de sustentabilidad turística en el futuro inmediato.
En este sentido resulta sugestiva la ausencia del Gobierno provincial en el terreno de las acciones concretas para hallar una solución de fondo al problema.
Los números son muy claros: 300 colectivos de larga distancia arriban diariamente al lugar. Esa cifra se dispara en la temporada turística. Decenas de miles de visitantes llegan a la estación de micros y desde allí comienzan a generar ese millón de dólares diarios con que se sustenta la actividad en la provincia.
Todo esto es motivo más que suficiente para pensar en un emplazamiento moderno, mas cómodo y a la altura de las necesidades actuales y a futuro, pero nada de esto parece tener prioridad.

 

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