En vez de dar crédito a todas las especulaciones disparatadas sobre el futuro del dólar, deberíamos creerle a pie juntillas a la presidente Cristina Fernández de Kirchner cuando dice “no va a haber nada raro”.
Lo que no se puede negar es que ya sucedieron algunas cosas muy raras en los mercados cambiarios de este mes.

¿Cuántas pruebas más necesita el Gobierno acerca de lo contraproducentes que resultan los controles cambiarios, que han paralizado la actividad económica, resucitado la fuga de capitales y creado un dólar paralelo ahora convertido en un factor de peso, eclipsando la credibilidad de la tasa de cambio oficial?
En efecto, la Argentina se ha convertido probablemente en el único país del mundo que ofrece casi la misma cifra en moneda local tanto por el dólar como por el euro.

Una brecha del 25% que toca ese umbral crítico desde donde la gente le da la espalda al peso.
CKF es reacia a los “shocks” o a cualquier cosa “rara”, pero tendrá que probar algo distinto.
En muchos sentidos le convendría volver a las estrategias anteriores -depender del poder de fuego del Banco Central en vez de marginar al dólar- en lugar de lanzarse a improvisar nuevos experimentos.

Las pruebas realizadas con un tipo de cambio múltiple a lo largo de la historia económica argentina desde 1933 (supuestamente revisadas por el viceministro de Economía Axel Kicillof) nunca funcionaron, por más que pueda ser más justo considerarlas más bien un síntoma de la inflación en vez de su causa.

Por momentos los controles parecen apuntar al sueño imposible de desterrar totalmente el dólar de la economía argentina, pero esta política eliminaría el último resguardo que queda contra la inflación, aunque fuese exitosa.
Este sueño de limitar la economía al total de billetes de 100 pesos inflacionarios que puedan ser impresos ignora el hecho de que es virtual el 97% del dinero en el mundo actual.

Así, al dólar verde simplemente se le da mayor valor por la escasez, suben las extracciones de los depósitos en dólares y el país es presa de ataques de pánico con “fundamentals” mucho más fuertes que los de tantas otras economías atribuladas del mundo de hoy (incluyendo un superávit comercial todavía robusto para suministrar los dólares artificialmente inexistentes).

En esta situación, se podría pretender que el Banco Central elaborase una estrategia, pero su dirección actual parece ser totalmente pasiva con respecto al zarismo económico (que no debe confundirse con el hombre que encabeza el Ministerio de Economía).

Por último, pero no por ello menos importante, la política económica no puede ser definida herméticamente intramuro, y mucho menos una moneda internacional como el dólar.

La crisis argentina de 2001/2002 empezó con la gran devaluación brasileña a principios de 1999, y hoy vemos devaluarse lentamente la moneda de Brasil, mientras que en Argentina los controles defienden la “línea Maginot” del tipo de cambio oficial.

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