El consultor internacional Adrián Salbuchi presenta un exacto concepto: “Cuando se habla de guerra tendemos a pensar en términos de ejércitos invasores. La realidad indica que la guerra se ha transformado en algo mucho más encubierto, menos formal. Hoy se utilizan formas mucho más sutiles de librar guerras como, por ejemplo, ingenierizando golpes financieros o sociales, o si no ingenierizando guerras civiles”.

Tomando tales conceptos es fácil concluir que pueblos enteros se encuentran en virtual estado de guerra. Sin embargo, no toman conciencia de ello hasta que resulta demasiado tarde, hasta que se encuentran totalmente involucrados en un caos del que no tienen la mínima comprensión o entendimiento del ¿“cómo”? llegaron a tal situación.

En Latinoamérica

Sin caer en teorizaciones de complots mundiales de dominación, sino, todo lo contrario, tomando las realidades diarias, los hechos y actos que se suceden en pos de consecución de un objetivo concreto, y como consecuencia directa de ello establecer relaciones existentes, se concluye categóricamente que Latinoamérica en general y Argentina en particular se encuentran en un claro, preciso y adrede proceso de ingenierización de conflictos en que el accionar de Encargados de la Administración del país (Presidente y demás) cumplen a rajatabla un “manual de procedimientos” dispuesto por los “accionistas” controlantes de nuestras geografías.

Bajo tal premisa constatamos que la ingenierización se encuentra dirigida a un aumento desorbitante de la brecha entre los descomunalmente ricos (pocos con enorme poder) y los abyectamente pobres (enorme cantidad de personas con nulo o ínfimo poder).

Lo vemos en los conos urbanos de las ciudades de nuestras regiones.

Los pobres están tomando cabal conciencia de ­cuán pobres son!. Mientras que en esta sociedad de consumo, los ricos los abofetean a través de la TV, internet y la venal industria de “entretenimientos para todos y todas”.

Paralelamente asistimos a una tercera generación que nunca vio a sus padres y abuelos trabajar. Por lo que la dependencia del “subsidio que garantiza el voto clientelista” se transforma en la única realidad efectiva de un cada día, mayor número de argentinos.

El mundo supra-nacional de las corporaciones que trascienden los países, les recuerda constantemente a “todos y todas” cuan linda es la vida si se tiene el “dinero” necesario para comprar automóviles, computadoras, teléfonos celulares, viviendas, vacaciones.

¿Es usted demasiado pobre para acceder a todo esto?.

En fin... ­qué lástima!... arréglese como pueda mientras le dure el subsidio.

Tal parece ser la letra del capítulo actual del manual de procedimientos aplicado a la Argentina del “relato ideal”.

Relato que recientemente nos cachetea con:

un Indec que postula alimento familiar por $6,

un Moreno que sostiene que “a la gente le sobra el mango”,

o una Garré que con total desparpajo pretende convencernos que “los robos a mano armada disminuyeron un 50%”.

Transitamos sin pausa y con cada vez más prisa el camino de disgregación y licuación del argentino como “pueblo” que se diluye en el término que lo reemplaza tan usado por los políticos mercaderes: ... “la gente” convertidos en tan sólo una denigrante mercancía de ínfimo o ningún valor.

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