Aníbal Florencio Randazzo tuvo una semana especial. El nuevo accidente en el ferrocarril Belgrano le permitió exhibir, por una parte, rapidez para salir a mostrarse y, al mismo tiempo, destreza para eludir el costo que supone un percance de esa naturaleza.

La crisis ferroviaria marca su presente político desde que su ministerio del Interior debió hacerse cargo de una historia de desmanejos que desencadenó la catástrofe del 22 de febrero de 2012. Fue en esos días en que la secretaría de Transporte, donde Ricardo Jaime había sido el ejecutor de políticas de rumbo incierto y de operaciones no del todo cristalinas, pasó al Ministerio del Interior.

Por más que se esforzaron en culpar al maquinista por la tragedia de Once, ya había muchos indicios de que la desinversión iba a cobrar su precio y, también, de que la gestión privada de los trenes urbanos era tan poco eficiente como el control que debía ejercer el Estado.

La Justicia investiga hoy los vínculos entre los hermanos Cirigliano, que eran los administradores del tren y de sus generosos subsidios, y Jaime, quien supuestamente debía controlarlos.

Travesuras por Salta

Estos malos antecedentes podían ya vislumbrarse desde Salta. En 2009, Ricardo Jaime había logrado ubicar en nuestra provincia una formación usada que compró en España; es un coche motor con capacidad para 120 personas. Prometieron un nuevo servicio que iba a unir Cerrillos con la Universidad Católica, previa modificación del sistema de transporte urbano a cargo de Saeta, lo que suponía construir una decena de estaciones. Es difícil renovar el transporte comprando material de desecho, y es imposible hacerlo con un solo vagón, pero nadie lo dijo. Al menos, ese coche ahora hace viajes entre Salta y Gemes sin haber modificado, claro, el recorrido de ninguna línea.

Y a los Cirigliano los conocimos cuando lograron vender cien unidades a Saeta a pesar del dictamen técnico desfavorable. Los expertos tenían razón y las empresas volvieron a los antiguos Mercedes Benz, porque los de Cirigliano, claro, no les convencieron.

 

Testigo del deterioro

Randazzo no es un idóneo en ferrocarriles, pero sí testigo privilegiado del deterioro del sistema ferroviario, porque nació y creció en la localidad de Chivilcoy, a 175 kilómetros de la capital federal, en plena llanura pampeana y rural.

El, por razones de diplomacia, habla de “la herencia recibida” -¿quién no?- y de los cincuenta años de desinversión, pero saltea la última década, la de Jaime, que al fin y al cabo en materia ferroviaria no fue ni mejor ni peor que todo lo que sucedió desde que la Argentina les compró los ferrocarriles a los ingleses.

Pero los trenes lo hicieron famoso y él asumió el desafío.

Desde que se recibió de contador a los 25 años, en 1989, Randazzo se especializó - a nivel académico y en la política - en los temas de modernización del Estado. Voluntad de liderazgo no le falta. A los 29 años fue presidente del Concejo Deliberante de Chivilcoy, tras ganar una elección muy reñida con una lista de peronistas jóvenes. Su posterior carrera en la provincia de Buenos Aires mantuvo la misma dirección.

Como ministro del Interior demostró que su capacitación había dado algunos frutos: creó la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que trae aparejada la licencia nacional para conducir y que establece un sistema de sanciones para los infractores que promete modernizar el tránsito. Además, la agilidad para renovar el DNI y el pasaporte le brindaron una llegada a la gente común como la que no tiene ningún otro ministro. El mensaje de texto y la llamada personalizada grabada con su voz hacen que quien gestiona el documento se sienta atendido por el propio ministro. No es poco. Probablemente, ese método para hacerse conocer sea tan eficaz como participar de un programa de chimentos, pero mucho más creíble.

Este contador bonaerense, formado políticamente en el peronismo duhaldista, llegó al kirchnerismo de la mano de Felipe Solá, cuando este era gobernador de la provincia, y se quedó por derecho propio.

Nadie puede negar su filiación oficialista, pero no es un “aplaudidor” más. Se define “peronista, hincha de Boca y de Ford”; su página oficial está impregnada de las “veinte verdades peronistas”, sin devaneos guevaristas ni bolivarianos. Nadie duda de su lealtad hacia Cristina, y ella menos, ya que desde hace seis años él es su ministro político.

Pero su libro - prologado por ella- se titula “Mejor que decir es hacer”, una frase antológica del más puro acervo de Juan Domingo Perón.

Los videos de los maquinistas

Enfrentado a la crisis ferroviaria, Randazzo todavía no demostró su eficacia en la materia. Durante su gestión los trenes siguieron chocando. Lo sorprendente fue el argumento defensivo frente a la perentoria realidad: los videos con maquinistas durmiento, delirando, leyendo y otras aberraciones hicieron aterrar a los pasajeros y demostraron que el control del sistema, a cargo ahora del ministerio del Interior, es nulo. Sin embargo, fue el argumento esgrimido no para reemplazar al secretario de Transporte, el joven ex intendente de Granadero Baigorria, Alejandro Ramos, sino para trasladar al Estado la administración del trágico tren Sarmiento.

Lo sorprendente fue el discurso con el que hizo el anuncio. Advirtió que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no estaba enterada del accidente, pero que la decisión de devolverlo al Estado ya la había conversado con ella. Y de paso, dejó en claro que ni el vicepresidente Amado Boudou ni el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, habían sido consultados.

Es decir, Randazzo mostró que en ausencia de la jefa no reconoce otros jefes y, por otro lado que, si es que comenzó el camino de la sucesión, él no piensa quedarse afuera ni ir detrás de nadie.

Hasta ahora, la modernización ferroviaria no llegó al país y a Salta, mucho menos. Sin embargo, Randazzo actúa como si algo importante estuviera pasando. Peronista de ley, demuestra que le gusta el poder y que, por eso, hace exhibición de poder.

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