Con un pragmatismo que asombra, y alejado del discurso épico y confrontativo con el que tiñó todas sus acciones en la última década, el Gobierno tomó la decisión de apagar de un plumazo la mayoría de los conflictos que él mismo abrió y que quedaron pendientes tras la derrota electoral de octubre.

Poco importa si se cae en contradicciones discursivas, como pasó con YPF, o si algún funcionario entra en desgracia producto del nuevo escenario, como le ocurrió a Juan Manuel Abal Medina: lo que en verdad importa es que la sociedad perciba nítidamente que hay un cambio real en la gestión, desgastada hace meses por falta de políticas concretas.

Desde la llegada de Jorge Capitanich a la jefatura de Gabinete se observa una fuerza política cada vez más peronista y menos kirchnerista. ¿Es eso un adelanto de lo que puede venir para 2015? Todo indica que sí, ya que el perfil de Sergio Massa, Daniel Scioli y Capitanich, los tres justicialistas con mayores chances de llegar a la presidencia, se parecen entre sí en bastante más de lo que se diferencian.

La impronta del ahora exgobernador chaqueño, avalada cien por ciento por Cristina Kirchner, modificó todos los hábitos que para el Gobierno eran su traza fundacional. Se terminaron los roces con el Grupo Clarín, se restableció parcialmente la relación con el periodismo independiente, se acordó con una empresa denostadísima como Repsol, hubo fuertes gestos hacia la Iglesia y se va camino a normalizar el polémico e intocable Fútbol para Todos.

Esos cinco elementos, sumados a la lucha contra la inflación y la inseguridad que todavía no tuvieron medidas trascendentes, eran ni más ni menos que la columna vertebral de los principales reclamos opositores durante el último año.

“Capitanich no para, son muchos los que en el Gobierno no le pueden seguir el ritmo. Antes, los ministros tenían la independencia que les daba tratar directamente con la Presidenta, ahora tienen que reportar a un hombre que conoce de todo y que exige resultados concretos. Además, trabaja sábados, domingos y feriados”, aseguró a El Tribuno un encumbrado dirigente kirchnerista que pidió reserva de su identidad.

En ese último grupo pueden ubicarse Julio de Vido, Juan Manzur y Carlos Tomada, tres de los ministros con mayor cantidad de años en el Gobierno y con menor demostración de resultados en sus áreas. El caso del titular de Planificación es el más paradigmático de esta nueva etapa, ya que pasó de ser el hombre fuerte de Cristina, a ser uno más de un Gabinete cada vez más dependiente de su jefe.

La hiperactividad de Capitanich dejó en un segundo plano ante la opinión pública hasta el propio rol de la Presidenta. Muy pocos repararon en que Cristina no dijo una palabra en los últimos diez días y se habló más del abandono definitivo del luto que de la recuperación real de la mandataria. Cada día queda más claro que Cristina ha decidido delegar todas sus funciones en el jefe de Gabinete, dejándose para ella la coordinación general de las políticas y el delineamiento de los trazos más gruesos de la gestión. De hecho, los últimos movimientos que tuvo el Gobierno se le adjudican más a la figura de Capitanich que a la supervisión de la jefa de Estado.

El detalle

El acuerdo con Repsol, por el que podrían sumarse importantes inversiones para el yacimiento de Vaca Muerta y otras áreas de la economía, fue el primer gran resultado que exhibió la nueva dupla fuerte del Gobierno que integran Capitanich y Axel Kicillof. La idea macro es regularizar la situación argentina en el frente externo y, así, atraer nuevos capitales y créditos para solventar el crecimiento. ¿Los préstamos con los organismos internacionales no son contrarios a la política de desendeudamiento que pregonó Cristina por años? Lo son, pero eso ya es parte de un gobierno que quedó en el pasado.

Algo parecido sucede con el Fútbol para Todos, que hasta ahora estaba impedido de recibir publicidad privada y se había transformado en un foco de críticas muy duro para el Gobierno. Con lógica, pero robándole otra bandera a Massa, la Casa Rosada abrirá las puertas de la pauta privada y le limpiará la cara a un proyecto que estaba costando miles de dólares al año a la caja del Estado. La designación de un cura al frente de la Sedronar buscó matar dos pájaros de un tiro: el primero para apagar las versiones de inacción ante el avance de la droga y el segundo para darle un mensaje de paz a la Iglesia, que rápidamente aclaró que el nombramiento no estuvo consensuado con ella. En los últimos años, este tipo de nombramientos estaban en cabeza del vocero presidencial Alfredo Scoccimarro: ahora, tal como ocurre en todas las áreas del Gobierno, quien se encarga es el jefe de Gabinete. Capitanich quiere mostrarse como una renovación dentro del mismo Gobierno. El silencio del intendente de Tigre y la pasividad de Scioli, que acordó esta semana con Francisco de Narváez, muestran hasta qué punto hay desconcierto entre los presidenciables por el nuevo panorama.

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