La protesta nacional del 18A, que tuvo una fuerte convocatoria en casi todas las provincias del país, dejó mucha tela para cortar. Los principales actores de la oposición celebraron la concentración como si fuese un triunfo y el kirchnerismo, con matices, tendió a minimizarla. “A primera vista, parecería que hubo menos gente que en el 8N”, aseguró el jefe del bloque oficialista en Diputados, Agustín Rossi. En una entrevista con El Tribuno, el dirigente santafesino sostuvo ayer que el 18A “fue una convocatoria con alto contenido político y claramente opositora”. Además, llamó a quienes “piensen distinto” del Gobierno a que se encolumnen detrás de algún candidato y descartó que la Casa Rosada esté pensado en realizar cambios tras la protesta.

 ¿Qué análisis hace sobre el cacerolazo nacional del jueves pasado?

Tengo dos reflexiones. La primera de ellas es que es muy bueno que en la Argentina estén plenamente vigentes la totalidad de las libertades individuales y colectivas y que se haya podido realizar esa manifestación sin ningún tipo de inconveniente en Buenos Aires y en distintos lugares de nuestro país. En segundo lugar -al contrario de lo que fueron las marchas anteriores, que se quisieron presentar como una autoconvocatoria con bajos niveles de organización- en esta oportunidad la presencia de casi todos los dirigentes opositores muestra que fue una convocatoria con alto contenido político y claramente opositora. Creo que hay que analizar la manifestación en ese contexto.

 ¿Considera que los políticos opositores que estuvieron en la marcha son capaces de convocar semejante multitud?

No lo sé, no tengo una mirada sobre esa cuestión. Sí hay una cantidad importante de dirigentes opositores que estuvieron en la marcha y que alentaron la convocatoria. Seguramente participaron de la movilización sus adherentes y sus afiliados. Ese es un hecho incontrastable.

De todos los que se escucharon, ¿cuál cree que fue el reclamo principal del 18A?

La verdad es que el espíritu que está en esas movilizaciones es un espíritu fuertemente anti-Gobierno, antikirchnerismo. Un reclamo que se escuchó fue el de la democratización de la Justicia que está discutiendo ahora el Parlamento. Pero cuando se empezó a hablar de la convocatoria del 18 de abril ese tema ni siquiera estaba siendo debatido en el Congreso. Me parece que (en la marcha) toman algunos temas de la coyuntura y expresan su mirada crítica. En esa movilización hubo una mirada absolutamente invalidante de todas las políticas que lleva adelante el Gobierno. Independientemente de cómo se expresa, hay un espíritu fuertemente anti-Gobierno en cada una de esas movilizaciones.

 

En la marcha del jueves se escucharon fuertes reclamos por la corrupción. ¿Le preocupa que la gente perciba eso de este Gobierno?

Nosotros estamos tranquilos con nuestra acción de Gobierno y con lo que se lleva adelante en cada una de las decisiones. Me parece que pudo haber habido más o menos insistencia sobre ese tema, pero repito: el espíritu de esas marchas es fuertemente anti-Gobierno. En las marchas anteriores hubo un predominio mayor sobre lo que significaban las restricciones cambiarias. Las restricciones cambiarias siguen existiendo y no aparecieron en la marcha del jueves. ¿Por qué no apareció? Me parece que es porque los ciudadanos buscaron otras expresiones para manifestar un pensamiento opositor a nuestro Gobierno.

 ¿Coincide con los dirigentes kirchneristas en que vieron el jueves menos gente que en el cacerolazo del 8N?

A primera vista pareciera que sí, pero tampoco me cambia ni me modifica el análisis.

 Teniendo en cuenta lo masiva que fue la concentración, ¿piensa que el Gobierno nacional debería cambiar algo o no?

En la democracia hay momentos, ¿no? Yo creo que el momento más sublime es el de la elección. Allí se sella un contrato electoral entre el representante y sus representados, entre el pueblo y sus líderes. Para quien gobierna lo importante es honrar siempre ese contrato electoral. Nosotros estamos convencidos que en el medio del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner hemos gobernado honrando absolutamente cada uno de los votos que le permitieron a Cristina sacar el 54% de los sufragios. Hemos cumplido con ese contrato electoral y creo que eso es lo trascendente. No hay ningún momento posterior ni anterior al proceso electoral que sea más importante que ese momento. Creo que un dirigente democrático tiene que respetar ese contrato electoral. Obviamente que en ninguna democracia moderna nadie puede tender a la unanimidad. La unanimidad o los consensos altos en las medidas políticas son situaciones transitorias, como puede haber pasado con la nacionalización de YPF, donde hubo un alto acuerdo de todos los sectores políticos. En general, en la democracia hay ciudadanos que piensan de una manera y ciudadanos que piensan de otra. De hecho, nosotros ganamos por el 54% de los votos pero eso significa que hubo un 46% de argentinos que votaron opciones distintas a nuestro Gobierno. Aquellos ciudadanos argentinos que piensan de manera distinta de lo que nosotros estamos haciendo tendrán que, en algún momento, canalizar esa demanda detrás de algún dirigente o espacio político que los represente, y eso tendrán que confrontarlo en elecciones democráticas.

¿Cree que hoy por hoy el kirchnerismo mantiene ese 54% que obtuvo en octubre de 2011?

¿Cuál es el elemento que me puede hacer pensar que no? ¿Por qué a usted se le ocurre esa pregunta? ¿Cómo se verifica eso hasta que haya otra elección presidencial? La democracia tiene un momento clave que es cuando el pueblo se pronuncia. En las últimas elecciones, el pueblo argentino le dijo a la Presidenta: “Ratificamos lo que hicieron los años anteriores y queremos que sigan por el mismo rumbo”. Eso es lo que estamos haciendo.

 ¿Cree que la reforma judicial debería tener al menos un poco más de debate?

Nosotros siempre tratamos de debatir, analizar y escuchar. Yo coincido con usted: esperaba un debate más edificante desde ese punto de vista. Reconozcamos que es bastante difícil tener un debate edificante cuando la oposición, incluso antes de conocer el proyecto, había manifestado su voluntad política de oponerse. Es difícil construir un debate importante cuando en las instancias institucionales previstas para el debate la oposición se ausenta, como sucedió en el Senado en la primera reunión de comisión. Me parece que hemos dado todos los pasos correspondientes que se tenían que dar. Las iniciativas, tanto en Senadores como en Diputados, han tenido modificaciones. Se estuvo debatiendo en el Senado, en Diputados y el martes está prevista una reunión de comisión para tratar las medias sanciones que llevó adelante el Senado. Creo que será una reunión más que interesante en la que se podrán escuchar las opiniones de todos y seguramente el miércoles trataremos de debatirlo en la Cámara de Diputados. En general, en Diputados las sesiones suelen ser bastante largas y todos se expresan.

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