Charlotte Caniggia es una chica muy singular. Por “h” o por “b” ella siempre está en las tapas de las revistas u ocupando generosos espacios en la tele y en los diarios.

La veinteañera hija de la excéntrica Mariana Nannis parece haber decidido hacer cuantas mutaciones se le ocurran con su cuerpo a pesar, dicen, del desacuerdo de su padre, el exfutbolista Claudio Caniggia.

Arreglos en la nariz, lolas de talle 130, cintura avispada, boca carnosa en exceso, caderas retocadas como con moldes, cabellos en varios tonos, todos rubios... En fin, chapa y pintura completos, porque de agradar se trata. En ocasiones lo consigue: muchas chicas quisieran ser como ella a la vez que a no pocos hombres deslumbra. Pero también tiene los críticos de ambos sexos que no dudan en “despedazarla” con los comentarios.

Más allá de cualquier reacción, ella asegura sentirse mucho más sexy con sus nuevas curvas porque son cambios que buscó durante mucho tiempo y ahora que lo consiguió cree que valieron la pena. No duda de que fue una decisión correcta.

Sobre los que la critican, disparó sin anestesia: “Son ciegos, no puedo estar más buena”, aseguró, tras lo cual recordó que también hace gimnasia, corre y come muy sano y equilibrado.

Todo sea para encantar, y sobre todo al que por ahora es el hombre de sus vida: Jan Aleksander Tibai, un eslovaco que vive en Europa. ¿Charlotte mantendrá ese amor a la distancia por mucho tiempo más?

 

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