“Dejen que los niños vengan a mí”, ordenó amorosamente Jesús a sus discípulos, y se habrá sentido enormemente complacido con los casi 6.000 niños que acudieron a honrar al Cristo y la Virgen del Milagro ayer, a partir de las 15. La procesión, denominada Milagrito y preparada especialmente para los chicos de los jardines de infantes y salas maternales de la ciudad, fue una muestra colorida de gorras, corbatines, moños, porras y banderas confeccionadas para distinguir a cada delegación.

Los pequeños, pertenecientes a distintas escuelas públicas y privadas de la ciudad, participaron plenamente de la fiesta. Primero siguieron en perfecto orden la caminata alrededor de la plaza y rezaron con respeto, acompañando cada intención que se mencionaba. Luego danzaron las coreografías que desde el escenario -montado en el frente de la Catedral- les marcaban los servidores de la Catedral y el Movimiento Misionero Gianellino, encargados hace unos cinco años de las dinámicas. “Si tuviera fe como un granito de mostaza” y “Grande es el amor de Dios” fueron los temas más coreados por los niños, a quienes sus maestras venían preparando desde hace un mes para vivir el Milagro. Una vez terminada la actividad, se sentaron en la plaza 9 de Julio a disfrutar de un refrigerio de galletas y gaseosa. También hubo otros que atendieron los pedidos de sus padres y posaron para la foto al lado de las imágenes peregrinas, ante las que también se persignaron tal como les habían enseñado. Si durante la niñez se ve con los ojos y el corazón al mismo tiempo, es válido preguntarse qué les habrá quedado de la historia del Milagro en las cabecitas a los concurrentes. Naiara (4), por ejemplo, dijo que le gustaron “los muñecos a los que saludábamos... No, no ponga muñecos, ponga la Virgencita y su hijo...”, se corrigió sobre la marcha. A Josué (5) las alabanzas entonadas durante el encuentro no lo abandonaban del todo y, luego de sacudirse migas del delantal, improvisó algunas estrofas. “Tan alto que no puedo estar arriba de El. Tan profundo que no puedo estar debajo de El. Tan ancho que no puedo estar afuera de El. ­Grande es el amor de Dios!”, cantaba mientras acompañaba cada frase con movimientos de brazos. Yenina (5) se animó a preguntarme: “Señora, ¿le va a donar su pelo a la Virgen?”, claro indicio de que el tema se ha instalado en las sobremesas familiares. La señorita Marcela Aramayo, del Jardín Fe y Alegría, del barrio Solidaridad, contó que los niños habían venido “con entusiasmo grande, ensayando los cantos, y hemos tratado de incentivar en ellos la fe, ya que a veces en la familia no se trabaja fuertemente esto”. Por su parte, la señorita Patricia, de la escuela General Juan José Valle, del barrio Libertad, llevó consigo a cien alumnos. “Todo el año nos venimos preparando. Ellos tienen al Señor y la Virgen en el corazón, a pesar de las necesidades que ellos tienen. Son niños muy pobres y algunos es la primera vez que veían el Cabildo y la Catedral, porque las mamás tienen diez u once niños y no pueden traerlos a todos”, comentó, y en sus ojos se podía ver el cansancio de una tarea que, su sonrisa no engaña, la satisface plenamente.

Belén (19), del Movimiento Gianellino, hizo una pausa entre tanta demanda infantil por una foto para decir que “es indispensable nuestra presencia porque nos ven y nos copian todo lo que hacemos, y nos llevamos más de lo que traemos: un montón de cosas lindas”.

 

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