La Libreta de Enrolamiento era el paso inicial para la incorporación al Servicio Militar Obligatorio (SMO), que había instituido el general Pablo Riccheri, en el año 1901.

El senador bonaerense Mario Ishii propuso el regreso del Servicio Militar Obligatorio para los jóvenes menores de 24 años. Su mentor es un referente kirchnerista.

¿A quién se le habrá ocurrido sacar el tema de la colimba? No hay tertulia de café, mesa de familia o cola de jubilados en la que no aparezca un contrapunto de anécdotas, sufrimientos y alegría de quienes hicieron la conscripción. Algunos sacan la ajada Libreta de Enrolamiento. Para los que no la conocieron: un librito de 15 x 10 y 56 páginas, encuadernado con tapa y contratapa de cartulina color ocre. Sus páginas centrales, y en papel más pesado, incluían la letra del Himno Nacional Argentino, las imágenes de la bandera, el escudo y la escarapela. Precisamente llamada de enrolamiento porque era el paso inicial para la incorporación al Servicio Militar Obligatorio (SMO) que había instituido el general Pablo Riccheri, en el año 1901. Como detalle: era la única oportunidad en que los argentinos podíamos conocer el atroz texto completo del Himno Nacional, que dejo de ser texto oficial de los actos oficiales en el 1900 (“Sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor. En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel. Su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel”). También nos recordaba que nuestra Patria es un legado de los Incas (“Se conmueven del Inca las tumbas y en sus huesos revive el ardor, lo que ve renovado a sus hijos de la Patria el antiguo esplendor”).

Yo también tengo mi anécdota: parte de la colimba la hice en el Comando en Cuerpo del Ejercito I, en la sección donde se tramitaban las excepciones (hijo único de madre viuda, único sostén de familia, hermano bajo bandera, etc.). En una oportunidad solicitamos a un tramitante que trajera una nueva partida de nacimiento, pero que viniera también con la vieja. Al día siguiente se presentó con su madre.

Así como dicen que los mejores ateos salen de los colegios religiosos (Juan, lo dijo), no hay duda de que quienes pasaron por la conscripción terminaban odiando la institución militar, pero amando ese período de su vida en el que entre los colimbas- no existía discriminación racial ni social, se estrechaban lazos de solidaridad, se aprendía a compartir, etc.

Según la etimología popular, la palabra “colimba” deriva de “corre, limpia y barre”, funciones tradicionalmente endilgadas a los involuntarios reclutas del servicio militar. Según fuentes mejor documentadas de la academia del lunfardo, derivaría de “colimi”, esto es, milico sometido a un proceso de vesre.

Los nenes NINI

En medio del debate sobre los NI-

NI (jóvenes que no estudian ni trabajan) y tras una semana en la que los delitos en el conurbano fueron protagonistas de la tapa de los diarios, el senador bonaerense Mario Ishii propuso el regreso del Servicio Militar Obligatorio para los jóvenes menores de 24 años. Lo llamativo de la iniciativa es que su mentor es un referente kirchnerista y no una cara de la oposición, como ha sucedido en otras oportunidades (particularmente, nuestro comprovinciano Alfredo Olmedo).

Lo notable es que unos lo ven como un instrumento, eventualmente, eficaz para combatir la inseguridad; otros como parte de una política adecuada para alejar a los jóvenes de la droga. Lo cierto es que creemos no servirían ni para una cosa ni para la otra.

La participación obligatoria del servicio militar puede tener influencia positiva o negativa; pasar un tiempo en el ejército podría enseñarles a los adultos jóvenes obediencia y disciplina, pero podría también acabar con sus barreras mentales naturales para cometer actos de violencia, entrenarlos en el uso de armas y postergar la inserción en el mercado laboral, ofreciendo argumentos tanto a favor como en contra de la introducción del servicio militar en un terreno de lucha contra la delincuencia. Una investigación (Lederman, Daniel. 1999. “Crime in Argentina: A Preliminary Assessment”. Washington, DC: The World Bank Documents) sugiere que es probable que la conscripción aumente las tasas de delincuencia. Los resultados que analizan los grupos etarios entre 1958 y 1962 indican que el servicio militar aumenta significativamente la tasa de delincuencia en casi 4%. El efecto de la conscripción en la delincuencia fue homogéneo para los reclutas en el servicio militar durante los gobiernos democráticos como dictatoriales, pero el efecto del servicio militar es mayor para los reclutas en los únicos dos grupos etarios que no fueron enlistados durante el tiempo de paz. A pesar de que solo una pequeña fracción de reclutas estuvieron expuestos al combate, el efecto de la conscripción en la delincuencia para aquellos que participaron durante la guerra de las Malvinas en 1982 fue más de tres veces mayor que el efecto observado en tiempos de paz. Existe alguna evidencia de que el efecto de conscripción en la delincuencia fue también mayor para aquellos que hicieron su servicio militar en la Marina, quienes sirvieron por dos años.

En fin, no es la “colimba” la panacea que ayudará a encauzar la situación de la juventud vernácula. Mal que le pese a más de uno, la solución de este conflicto es tan o más complicada que su propio diagnóstico.

Los jóvenes son un ineludible espejo de una sociedad que ha perdido sus valores y que alimenta sus propias hipocresías, retroalimentando su propia decadencia, en un círculo vicioso que parece no tener fin.

Es imposible pedirle a la juventud que no mienta, cuando el mensaje social es justamente el contrario; donde el engaño y la estafa son moneda corriente. Es hipócrita reclamar honestidad a los más jóvenes cuando los mayores ostentan el récord de engaños a propios y ajenos

Saludo uno, saludo dos

A nuestro modo de ver los proyectos no ponen énfasis en una importante función de la conscripción militar que consistía en tener una radiografía social, una foto instantánea del grupo generacional que poco después forjaría el destino nacional. Aunque mal aprovechado, se obtenía anualmente un censo nacional de esa dorada cohorte juvenil. Desde el punto de vista de la prevención de la salud permitiría controlar infinidad de riesgos para el propio interesado y la comunidad toda.

Por múltiples motivos, que exceden el contenido de esta nota, creemos positivo la convocatoria a hombres y mujeres para que anualmente- se incorporen a un Servicio Social Obligatorio de seis meses.

Adehala

Si en España usted dice que esto va de yapa no le van a entender un corno. Hablemos correctamente (¿?), esto va de adehala, para que en estas notas no falten gotas de humor, en este caso militar, aún con chistes viejos.

-Compañía, ­armas al hombro! ­El del cañón no, hombre!

Otro: Dice el sargento: -­Soldado! ­Ice la bandera!

-Pues le ha quedado muy bonita, mi sargento.

El último: - Almirante, quince carabelas aproximándose.

- ¿Una flota?

- No, flotan las quince.

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