El Senado sancionó el proyecto de ley integral contra la violencia familiar, de género y escolar. 

En una provincia donde el femicidio y la violencia de género se volvieron casi un estigma, el grueso de los senadores terminó cuestionando a Gabriela Cerrano, del PO, por ser la única que planteó diversas observaciones. 
Al igual que muchas organizaciones feministas, la senadora capitalina consideró que con esta ley se eliminan derechos contenidos en la legislación actual, que debió haberse escuchado a otras voces y, además, que cada tipo de violencia merece una ley específica. 
Entre otros aspectos, advirtió que el actual texto quita a las mujeres algunos resguardos que hasta hoy garantiza la llamada ley Alderete, sancionada en 2004.
El proyecto aprobado fue gestado y confeccionado por el oficialismo, que sumó el voto de otros bloques, pero causó una inédita reacción contra Cerrano por las observaciones que puntualizó.
 El senador y médico Santiago Payo, quien se mostró muy ofuscado, consideró que “el objeto es amplio pues ahora la ley abarcará todo lo relativo a prevención, erradicación, sanción de la violencia familiar, de género, escolar y social en distintos ámbitos”. 
El radical Miguel Nanni consideró que la ley es buena, pero a la vez se mostró seguro de que se podrían haber pulido más cosas. Por más que no se presente un dictamen de minoría, no se puede privar a la sociedad de una buena ley. 
El renovador Roberto Gramaglia rescató “un trabajo hecho a conciencia, no se guardó nada”
La discordia que se evidenció en el recinto reconoce algunos antecedentes. Los senadores oficialistas dicen que Cerrano, como suele ocurrir con legisladores de su partido, desarrolla políticas disruptivas.
Pero hace pocas semanas el justicialista Alfredo Jorge, prescindiendo de los fueros, las funciones y el rol cuestionador propio de los legisladores, le impidió plantear interrogantes al titular de Saeta, Claudio Mastandrea, en una reunión sobre la implementación del boleto solidario para estudiantes y jubilados. 
El paraguas protector, ese día, funcionó para la legisladora como un reflejo machista. 
Los oficialistas también estaban enojados porque la semana pasada la senadora marcó la descortesía que tuvieron con miembros de la Multisectorial de Mujeres, que querían opinar sobre la ley de violencia. 

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