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En muchos lugares del mundo, por sus bondades, la moringa, una planta originaria de Asia, está teniendo una gran difusión, pero pocos imaginaron que ya se estuviera produciendo en el norte de la provincia de Salta.
Un matrimonio residente en la comunidad Piquirenda, perteneciente al municipio de Aguaray, comenzó a difundirlo participando cada fin de semana de la feria de pequeños emprendedores que se realiza en Tartagal.
Ahora, buscan emprender una pequeña herboristería con los ejemplares con los que cuentan en su predio.
Por la salud de un hijo
Francisco Espeche y su esposa Josefina Aguirre residen en una casita de campo ubicada sobre la ruta nacional 34, colindante con la planta de tratamiento de gas Piquirenda en el paraje homónimo.
Francisco recuerda que "todo comenzó buscando una curación para mi hijo, que tenía 18 años y estaba prácticamente todo el día en cama porque no tenía fuerzas ni para pararse. Era extremadamente delgado, estaba desnutrido, todo a consecuencia de una patología que los médicos de Tartagal ni de Salta ni de Buenos Aires pudieron determinar".
"Lo llevé a un hospital de alta complejidad en Buenos Aires especializado en gastroenterología, le hicieron análisis, cuatro endoscopías, pruebas para determinar si su organismo rechazaba el gluten como sucede con los enfermos celíacos y cuanto estudio me pidieron. Pero nunca pudieron decirme qué enfermedad tenía porque todo eran presunciones por parte de los médicos y nada más", relató Francisco.
Con su hijo enfermo, el matrimonio regresó a Tartagal.
Luego de un tiempo, en Salta, charlando con un amigo sobre la delicada salud que padecía su hijo, escuchó por primera vez nombrar a la planta mágica: moringa.
"Este hombre me dio dos paquetitos de la hoja disecada, me indicó cómo prepararla y gracias a Dios en nada más que cuatro día comenzamos a ver los resultados. Mi hijo se pudo levantar de la cama, comenzó a comer y a alimentarse, algo que no podía hacer, y desde ese momento hasta hoy recuperó 10 kilos", dijo Francisco sin poder disimular su alegría.
"Él mismo se prepara ahora el té y los alimentos, lo más saludable posible y está muy bien de salud", agregó.
Su esposa se volcó de lleno a investigar sobre la moringa y le llegó el dato de que "podíamos encontrarla en Santa Cruz de la Sierra. Conseguimos las semillas, las sembramos y comenzaron a salir los primeros arbolitos. Había consultado en varias oportunidades en el INTA, pero no me supieron dar ninguna información", explicó.
Por tratarse de una especie foránea Francisco y su esposa no sabían cómo iba a andar, tomando en cuenta que es original de la India. Pero la primera plantita de moringa creció y se hizo arbolito y de ese primer ejemplar, en base a las semillas que contienen sus vainas, siguieron sembrando.
Francisco explica que "la moringa necesita de bastante agua y la tenemos que cuidar de los animales y que no la ataquen las hormigas. A los insectos los combatimos sin productos químicos porque no queremos que las plantas alteren sus propiedades, así que recurrimos a los remedios que aprendimos de nuestros abuelos. Pensamos darle utilidad también al tallo por otras propiedades y a las semillas las vamos a reservar para la próxima siembra".