Estrategias para llegar a donde el Estado no está

Los comedores 2 de Abril y Changuito Dios están ubicados en la zona sudeste de la ciudad. Uno queda en el barrio 2 de abril y el otro, en Norte Grande. Los dos intentan llegar a lugares a donde el Estado no está. Entre ambos dan de comer a más de 250 chicos y adultos de esa zona de la ciudad.

El 2 de Abril es administrado por Olga Acuña. Todos los días 160 personas entre chicos, adolescentes, ancianos y mamás jóvenes acuden al comedor. "Les damos lo poco que se puede porque muchas veces los fondos no alcanzan. Nosotros nos subvencionamos con plata provincial, que son $20 mil. Desde la Nación nos envían $40 mil", explicó la mujer.

"¿Quién come con cinco pesos?", preguntó Olga, quien aclaró que desde la Provincia le envían ese monto y que ahora tienen un mes de atraso. Y agregó: "Nosotros buscamos proveedores que nos ayuden con los precios porque está muy caro todo".

La situación familiar de los chicos a los que asisten es crítica. Según Olga, los padres le agradecen que alimente a sus hijos, que por lo general integran familias numerosas.

"Yo soy feliz haciendo esto. Ahora siento satisfacción, antes me angustiaba mucho. Nos gustaría que desde el Gobierno no atrasen los pagos. En julio no cobramos y estamos debiendo la verduras. Nación paga al día, depositan la plata para tres meses y la manejamos como podemos", sentenció.

La mujer contó que hay comedores que no cuentan con ayuda nacional y están cerrando. "En Lavalle hay varios comedores a los que no les alcanza. A nosotros en junio nos pagaron cinco pesos por chico", añadió la mujer.

Changuito Dios

Víctor Tizera está a cargo del comedor Changuito Dios. Por un problema grave de inseguridad están con la mitad de los chicos que reciben habitualmente. "Sufrimos un robo en el que nos destruyeron cuatro salas, así que les dijimos a los más grandes que no vengan porque no los podemos atender así. Ahora son 45, pero son 90 los chicos que vienen todos los días de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Les damos desayuno, almuerzo y merienda, además de clases de apoyo", explicó Tizera.

Este comedor, a pesar de recibir ayuda del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, del Ministerio de Primera Infancia, de una fundación alemana y otras donaciones privadas, en los últimos años tuvo que mermar en la cantidad de chicos que recibe: pasó de tener 120 a 90.

"Para mejorar la calidad de servicio bajamos la cantidad de chicos. La cuestión económica pega en las ONG, más cuando no tenés un ingreso estable y vivís con donaciones y subsidios", agregó. "Nosotros estamos en lugares donde el Gobierno no está o no presta el servicio que debería. Este es un barrio muy carenciado con muchas complicaciones de violencia familiar o droga, pero también tenés gente que se la juega y que trabaja", finalizó.

La hermana Gregoria continúa 

La hermana Gregoria Colil continúa la obra del padre Ernesto Martearena en Villa Asunción. La monja dirige un comedor que atiende a más de 300 chicos de hasta 5 años. Desde hace varios años reciben ayuda desde Nación por medio del programa abordaje comunitario.
“Ese programa la verdad que ha sido lo fuerte para el comedor porque son los que dan bien la partida; llega a los 30 pesos aproximadamente por cada chico”, contó la religiosa. Además de alimentar a los chicos, la hermana Gregoria expresó que también le dan de comer a adultos mayores, a algunos indigentes y embarazadas. 
Al comedor no solo asisten niños del barrio Asunción sino también asisten de zonas aledañas. Hasta ahora no ha crecido ni disminuido el cupo de niños que asisten al comedor. Trabajan para la cantidad de chicos que están cubiertos por el programa oficial.
“Se nota que hay mucha necesidad. Muchos papás vienen y ya no está la colaboración que antes ellos hacían, no es lo mismo lo de ahora. Ha mermado mucho la colaboración de los adultos porque no tienen trabajo, o se han quedado sin ingresos. Todos los días vienen las mamás a contarme que el esposo se ha quedado sin empleo, que son en negro”, explicó la monja. 
La hermana Gregoria aclaró que las familias que asisten al comedor son numerosas y la entrada de dinero que ellos reciben no alcanza para los tres o cuatro chicos que tienen. 
“No son bien pagos. A ellos les ayudó mucho el salario universal, han mejorado muchísimo su calidad”, reconoció Gregoria Colil. 

El comedor la sigue peleando

Cristina Mamaní tiene un corazón gigante. Pelea sola contra viento y marea para llevar adelante el comedor infantil que tiene en la zona sudeste, ya que no recibe ayuda estatal. En barrio Primera Junta, Cristina da de comer a 93 chicos de la barriada, pero la situación es difícil. En un año tuvo que bajar la cantidad de chicos que asisten al merendero y la cantidad de días que atiende. En junio de 2016 esta mujer brindaba almuerzo y merienda a unos 130 chicos. Ahora, el comedor atiende tres veces por semana y solo da de comer a 93 niños. 
“Estamos peleándola todos los días porque yo no tengo, como digo siempre, la ayuda del Gobierno. El comedor se mantiene a pulmón. Ahora estoy dando de comer a 93 chicos pero hemos llegado a tener 130. Antes me donaban la carne y ahora no, me estoy dando vuelta con lo que me dan”, explicó Cristina. 
Pese a que le cuesta mucho sostener el comedor, lo hace porque hay chicos que lo necesitan. A veces piensa que le faltan manos para ayudar y eso la deprime. “Uno cocina una cantidad y llega un momento en que las cocineras se quedan sin comida, no nos alcanza. Tuve que bajar la cantidad de chicos que atiendo lamentablemente porque no me alcanza. Se vive el día nada más”, relató la mujer. 
Cristina no se olvidó de mencionar al esfuerzo que hacen los puesteros del Cofruthos, que la ayudan con verduras. “Sin eso, la verdad que no sería nada. A las 8 ya estoy dentro del mercado bolseando. Cuando no dan me tengo que dirigir al contenedor; antes de que la tiren prefiero agarrarla”, finalizó. 

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