“Aquí nadie te invita a su casa, todos se ven en el bar”

Por Silvia Noviasky

Lucía Ponce Peñalva tiene 27 años y hace un año y medio vive en Madrid. Se recibió de maestra jardinera en Buenos Aires, en el Instituto Superior de Profesorado de Educación Inicial Sara C. de Eccleston. Luego ejerció en una escuela que le facilitó hacer una capacitación en Inglaterra.

“Entre la lista de cursos que podía hacer estaba el de Método Montessori. No sabía qué era, pero me informé y me encantó, me pareció emocionante. Es una manera totalmente diferente de ver la educación y los niños”, contó sobre cómo llegó a la especialización que la atrapó y que, más tarde, la llevó a España.

Al regreso de su formación, decidió hacer un máster en la Fundación Argentina María Montessori. Con la especialidad terminada, presentó currículum “por todos lados”. La respuesta vino de lejos.

Un colegio que aplica el método Montessori en Madrid la contactó y le ofreció trabajo. Lucía no dudó. La ayuda familiar, como en cualquier gran apuesta, fue fundamental. “Mi familia me apoyó. Me dijeron que si esto no salía como lo esperaba, no lo tomara como un fracaso sino como una experiencia más y que siempre podía volver”, recordó.

Con un trabajo que la esperaba, la contención familiar y la valija llena de sueños, emprendió viaje. Aunque a veces el desarraigo puede ser una experiencia dura, por suerte, para Lucía no lo fue. Madrid la recibió con los brazos abiertos.

“No me costó acostumbrarme a la vida, porque aquí reciben muy bien a la gente de afuera y tienen un ritmo de vida muy activo. Eso ayuda”, aseguró. Y agregó entusiasmada que “Madrid es un lugar espectacular para vivir”.

Como suele acostumbrarse entre los jóvenes trabajadores que emigran, comparte departamento con un amigo y una amiga.

A pesar de su entusiasmo y alegría, reconoce que extraña la familia, los amigos y las empanadas. Es que cambiar la forma de comer suele ser uno de los costos del irse lejos. Por eso aprovecha cuando alguien va a viajar desde Argentina para que le lleve “yerba mate y galletitas”.

Así como la gastronomía es uno de los puntos difíciles del desarraigo, la música del lugar de origen se vuelve nostalgia. “Hay una amiga que conoce Salta, que cuando voy para su casa me espera con música de allá. Cuando escucho folclore me emociono”, reconoce.

Entre los que viven afuera, coincidir en el lugar de origen se vuelve motivo de complicidad. Lucía encontró a un salteño entre tantos argentinos que viven en Madrid y aprovecha para compartir con él bromas que “otros no entenderían”.

A pesar de la apertura cultural, se pueden notar algunas diferencias en la formas de vida. “Aquí no saben lo que es... no existe el ‘pasá a tomar mate por casa’. Nadie te invita a su casa, todos se ven en el bar de la esquina”, comentó, para luego resaltar que los salteños “somos más caseros”.

Volverse un promotor turístico es uno de los roles que terminan ocupando los que se van lejos, casi sin quererlo. Lucía hace lo suyo con los españoles con los que se cruza y le cuentan que les encanta Argentina pero que “solo conocieron la Patagonia”. “Yo les contesto ‘eso porque no conocieron Salta’” , dijo entre risas. Aunque aclara que los que tuvieron la oportunidad de conocer Salta se enamoraron de la ciudad.

Su profesión

El entusiasmo de Lucía por vivir en España está muy relacionado con su profesión. Su especialización le permitió llegar con ocupación a un país donde el trabajo, por estas épocas, escasea. Incluso muchos profesionales españoles emigran en búsqueda de mejores oportunidades.

Si bien el método educativo Montessori está logrando ponerse de moda en Europa, no abundan los trabajadores especializados en el área. Romper el esquema vertical del maestro que enseña y educa es el principio básico de esta técnica.

“Los maestros no somos los que sabemos todo y se lo transmitimos al niño que no sabe nada. Somos una guía que acompaña el proceso natural de los niños, potenciando sus capacidades para que ellos mismos logren las cosas que se proponen”, describió sobre el rol que cumple dentro de la sala de jardín donde 18 niños están a su cargo. Afirma que “el niño siempre aprende”.

Ahondar en nuevos caminos trae nuevos resultados. Por ello, Lucía destaca la diferencia que detecta entre niños criados con este método y otros niños españoles educados bajo el sistema educativo tradicional.

“El niño que se cría con el método Montessori tiene una personalidad más desarrollada, más libre. Es más seguro porque tiene mucha libertad dentro de mucho límite y eso le permite una libertad al actuar que entre los niños de España no se ve”, afirmó.

El sistema de enseñanza que se aplica en el modelo con el que trabaja Lucía Ponce Peñalva cambia los parámetros educativos tradicionales.

Si bien en Argentina se comenzó a escuchar hablar sobre esta concepción del aprendizaje hace algunos años, en el país todavía está en plena etapa de inicio.

Consultada sobre la educación argentina, Lucía comentó: “Siento que falta recorrer mucho camino. En España, por ejemplo, se consume más la educación pública que la privada. En Argentina es mucho menos”.

Sin embargo, se mostró esperanzada sobre el desarrollo que puede darse en el país y agregó: “Argentina tiene mucho potencial a nivel educativo”.

El método solo se aplica en instituciones de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe y en los niveles iniciales.

Con la mirada puesta en un futuro, la joven aseguró que planea volver a compartir sus aprendizajes.

“Siempre soñé con poner un jardín Montessori en Salta. Sé que ahora no es viable pero en algún momento de la vida me gustaría hacerlo”, expresó.

Método educativo Montessori

 

Nuevas formas de aprender y de ver al niño o al maestro

El método Montessori es un modelo educativo que nació en Italia. Fue ideado por la educadora y médica italiana María Montessori. Luego de trabajar con niños carenciados de Roma y niños discapacitados en un hospital, en 1924 publicó su libro sobre el método.
Se basa en los siguientes puntos básicos:

- Todo educador debe “seguir al niño”, reconociendo las necesidades evolutivas y características de cada edad, y construyendo un ambiente favorable, tanto físico como espiritual, para dar respuesta a esas necesidades.

-El ambiente promueve la independencia del niño en la exploración y el proceso de aprendizaje. La libertad y la autodisciplina hacen posible que cada niño encuentre actividades que dan respuesta a sus necesidades evolutivas.

-El aula Montessori reúne niños de tres edades distintas: menores de 3 años, de 3 a 6 años, de 6 a 9 años y de 9 a 13 años. Las salas integradas favorecen la cooperación espontánea, el deseo de aprender, el respeto mutuo.

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