Tres comunidades de Mosconi  viven aisladas en la provincia

Cada amanecer, Celestino Aparicio, sus cinco hijos y unos cuantos vecinos que residían en algunas casitas cercanas se juntaban en el patio de tierra de su casa de madera por el que deambulaban sus perros y otros animalitos de granja, formaban fila, cantaban el himno nacional e izaban la bandera argentina. Finalizada esa ceremonia de la que participaban con tanto decoro y respeto, Celestino y los vecinos iniciaban sus quehaceres diarios mientras los chicos cruzaban el río Itaú, camino a la escuela del paraje San Antonio ubicada en territorio boliviano.

Por eso se vio tan sorprendido cuando una mañana en el patio de su casa aparecieron varias personas -desconocidas para él, que había nacido y se había criado en ese lugar- que le informaron que por decisión del Gobierno de la Provincia de Salta se construiría en esa zona una escuela albergue, donde sus hijos y los hijos de sus vecinos iban a estudiar sin necesidad de hacerlo en otro país vecino.

El relato no es producto de la imaginación de esta cronista, es el testimonio dado a este diario por el propio Celestino hace 20 años atrás -en 1998- cuando, emocionado, recordaba los inicios de la escuela albergue del paraje Madrejones, ubicada al oeste del departamento San Martín en la margen derecha del río Itaú, que separa Argentina de Bolivia. Como los pobladores de esa zona, Celestino vivía, desde que había nacido de la cría de animales y de la siembra en ese paraíso escondido del norte argentino.

En línea recta a la zona donde se ubican las comunidades Madrejones, Trementinal, Baule y Media Luna la separa 30 kilómetros de Campamento Vespucio. La lucha por lograr la apertura de este camino que conecte a las 300 familias que residen en la margen del Itaú, teniendo en frente a la vecina República de Bolivia lleva años.

Y aunque las gestiones ya llevan más de 20 hasta el momento nunca se logró conectar a esas familias con el resto del municipio de General Mosconi al que pertenece la región o de la provincia de Salta. Incorporar definitivamente esa región al resto de la geografía salteña es necesario por el bienestar de esas familias, pero también para preservar lo que está siendo diezmado: la riqueza natural, por lo que urge un programa de preservación de especies animales y forestales.

El lugar inaccesible y casi olvidado para la provincia de Salta es el ámbito ideal para los cazadores y los madereros furtivos que diezman a su gusto la riqueza natural de ese verdadero paraíso de las Yungas.

La escuela albergue con la que Celestino y sus vecinos soñaban fue sin duda un adelanto, un sueño cumplido para esos pobladores, pero los otros sueños y anhelos que guardan desde hace 20 años aún esperan a pesar de que son, como los criollos que residen en ese paraíso de la Argentina, sencillos y modestos.

La preocupación mayor es sin duda el aislamiento de esas 300 familias que quedan a merced de la suerte en la época de las grandes lluvias, cuando el Itaú crece y no se puede cru zar, cuando niños o adultos padecen alguna enfermedad o cualquier urgencia.

El pedido de muchos

No solo el intendente de Mosconi pide hace años la apertura de un camino que vincule Vespucio con esa zona; el año pasado los diputados provinciales aprobaron un proyecto presentado por Dionel Ávalos (PRS), que quedó en la nada. Pero desde hace años tres hermanos mosconenses que periódicamente llevan ayuda a las escuelas de esa zona han hecho todas las gestiones que les ha sido posibles, sin conseguir nada. Miguel Páez conoció esa zona bellísima “una vez que me invitaron a pescar y nos quedamos enamorados del lugar y de su gente”.
Periódicamente los Páez llevan ayuda al lugar a la par que gestionan ante las autoridades provinciales y nacionales la apertura del camino.
 

 

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