Mamá y militante feminista 

Por Nora Figueroa (espectaculos@eltribuno.com.ar)

Jesabel Úrsula Cirami tiene 27 años, es mamá de Jazmín, de 11 meses, y Lautaro de 7 años (foto página 34). Estudia la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UNSa y solo le resta la tesis, que piensa orientarla a la investigación social. 

“Para ser madre necesi­tás un montón de cosas más allá del amor; el amor no es lo único que necesita una criatura pa­ra que nazca bien. Un hijo necesita un techo, ali­mento, educación, la po­sibilidad de brindarle una atención de salud”, señala Jesabel.

Ella se define como militante feminista y desde ese lugar sueña con cambiar conceptos, como que “a los hombres no se los juzga cuando deciden no ser padre y sí a la mujer cuando decide no ser madre, es algo que no voy a entender nunca”. 

Jesabel sostiene que la maternidad no es solo una decisión, también es una cuestión de poder serlo. “Se puede ser mamá porque tenés el apoyo de tu familia, porque tenés un compañero que no te abandona, porque no te dejan sola”. 

Y si bien cuenta con el apoyo de su familia, también tiene presente que siempre fue “diferente, desde pequeña”, pero sabe como comunicarse con ellos y hacer escuela con el tema del feminismo, algo que también la agota pero es una apasionada. 

Madre presente
Es una mamá presente que intenta que su hijo mayor vaya adquiriendo una posición crítica en la vida, con palabras que él pueda entender pero sin vueltas y de manera concreta. 
“A veces me da mucha angustia pensar si estoy haciendo lo suficiente para dejarles un buen mundo a mis hijos. No somos eternas y veo aberraciones que nos toca muy de cerca y eso me asusta”, acota pensando en el futuro. 

Para Jesabel, maternar es una contradicción constante porque “cómo mamá tenés un amor infinito hacia los hijos, pero a la vez es superdifícil, no solo porque estás criando una persona para que el día de mañana pueda defenderse, sino también porque el entorno es muy difícil y te cuestionan mucho como madre, porque siempre tenés que poder, no tenés permitido caerte, bajonearte, hasta sentís culpa de no poder o de estar cansada, pero es algo normal por lo que todas pasamos en algún momento”. 

“Las madres somos personas, no somos robots ni perfectas, nos equivocamos y también nos cansamos”, puntualiza. 
 

La maternidad de dos mamás que se aman
Ella es Rosana Visich, tiene 51 años y desde hace 6 transita la vida junto a Teresita (34), y desde un principio compartieron los deseos de formar una familia juntas. 
Ambas son profesoras de Educación Física y decidieron ser madres a través de la fecundación artificial de donante anónimo, que intentaron cuatro veces con un método simple hasta que finalmente accedieron a uno de alta complejidad y gracias al médico Juan José Aguilera, Teresita pudo engendrar a Pablo, que ya está por cumplir un año. 

Rosana Visich y su hijo Pablo

Y si bien la obra social le cubrió el tratamiento y todo transcurrió con normalidad, los escollos comenzaron a aparecer. Desde conseguir una licencia por maternidad para Rosana cuando nació su hijo, hasta poder ponerle su apellido, ya que no están casadas. 
Actualmente esperan la resolución del Ministerio de Salud, que debe protocolizar el convenio del centro de salud que llevó adelante la fecundación para que recién el hijo del amor pueda tener el apellido de sus dos mamás. 
“La verdad es que nunca sentí una mirada acusadora a nuestra decisión. Contamos con el total apoyo de nuestras familias y amigos y estoy muy feliz de haber formado esta familia”, cuenta Rosana. 
Ambas están organizadas como cualquier familia, con tareas asignadas según los horarios de trabajo de cada una. 
“Entiendo que quienes no tienen forma de afrontar un tratamiento se le hace difícil el camino de alcanzar la maternidad”, afirma Rosana. 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Espectáculos

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...