Gimnasia, con suerte en el clásico y con mucha "mufa" en el torneo

Gimnasia y Tiro afronta tal vez su momento futbolístico más complicado de sus últimos años. Por primera vez después de mucho tiempo la amenaza de descenso no es una distopía; por el contrario, es una posibilidad muy latente. Y si no levanta la moral ni la acompaña con resultados, el panorama se pondrá más negro.

Como único dato alentador, en el empate 1 a 1 en el clásico del martes ante Juventud Antoniana pudo reponerse a una adversidad, algo que no había podido lograr en todo el torneo, mucho menos con el antecedente fresco de los grotescos errores de un equipo abatido en la goleada en contra con San Jorge en Tucumán. Y además, tuvo la cuota de suerte que tampoco lo caracteriza, porque en el peor momento se encontró con un centro preciso de Matías Rosso (el único bien direccionado que ejecutó desde que llegó a Gimnasia) y con la cabeza salvador de Juan Manuel Cobelli, quien no la había tocado en todo el partido.

Otra cuestión positiva para rescatar en la preocupante coyuntura de Gimnasia es que los valores juveniles suelen pedirla cuando quema y suplir con ganas las sistemáticas falencias de un equipo que no encuentra la brújula del funcionamiento. Y el abanderado de ese minúsculo grupo es Joaquín Mateo, hasta el momento la grata revelación del equipo, en quien el DT Víctor Riggio confió y hasta el momento no le falló, siendo el jugador más regular hasta el momento.

El hábil volante albo encontró en el segundo tiempo del clásico su lugar en la cancha por primera vez, jugando esta vez como enlace y libre en el campo: allí construyó con sus gambetas la mejor fisonomía de un Gimnasia sin ideas generales. 

Pero como a la suerte que tuvo el albo en el clásico no la tuvo en todo el torneo, la “mufa” volvió con una noticia que golpea fuerte al grupo: Mateo creyó terminar un clásico intenso con un simple golpe, pero en el vestuario, el mismo martes por la noche, tuvo que recibir un inmovilizador ante la alarma de una fractura de clavícula en su hombro izquierdo, lesión que terminó de confirmarse ayer, que dejará al prometedor futbolista del millonario más de 2 meses sin poder jugar al fútbol, con lo que se pierde toda la actividad hasta fin de año y tal vez parte de la reválida que afrontará el albo en 2019 para luchar por mantener la categoría. Según el cuerpo médico, los huesos deberán fijarse y ese proceso lleva alrededor de un mes; y luego le quedará volver a ponerse a tono física y futbolísticamente.

Para colmo de males, Ezequiel Riera, quien volvía de una suspensión, salió lesionado del clásico por un fuerte golpe en su rodilla izquierda, espera por los resultados de los estudios y no se descarta que pueda tratarse de una lesión ligamentaria grave, aunque el Tano “prende velas” porque solo se trata de una distensión, aunque de movida está descartado de plano para otro choque trascendental del albo por la permanencia, el domingo, a las 19, en Resistencia, ante el complicado Sarmiento.

Habrá qué ver con qué podrá contar Riggio para visitar a los chaqueños. Tras el ensayo regenerativo de ayer en el club, se limitó a decir que “rescato la fortaleza para recomponernos y revertir una adversidad”.
 

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