La coca llegó a los 1.000 pesos el kilo en los barrios de Salta

Por Antonio Gaspar y Daniel Díaz

"Éramos pocos y parió la abuela". A los aumentos en los cigarrillos, las naftas, el fernet, la luz, el gas y el colectivo hay que adicionarle la subas en la hoja coca.

Los salteños se despertaron esta semana con una actualización tarifaria cercana al 40%.

El sinceramiento del precio de la coca arrancó la semana pasada cuando el cuarto costaba 140 pesos el lunes y se fue hasta los 160 el viernes.

Ayer cerró la cotización superando los 200 pesos con una notable tendencia alcista.

Estamos hablando de la hoja de coca común para luego ir al otro extremo con la premium y de remate la novedad que se comenzó a ver ahora con la que se llama "machucada".

Tampoco hay calidad por la enorme escasez de coca. Es decir que el que quiere comprar buena hoja, si la encuentra, pagará una fortuna.

Lo que se encuentra revolviendo es la "coca selec" a 240 en muy pocos lugares, como por ejemplo al frente del mercado Cofruthos. Allí se le provee a los comerciantes minoristas y a los grandes coqueros "mantecoso".

"Nosotros tenemos la común a 550 pesos el kilo, a 800 la hojeada y a mil la machucada. Esos son nuestros precios que siempre aumentan para el carnaval. Todos los años es lo mismo y luego se mantiene", dijo uno de los vendedores.

El comerciante dijo que no se consigue buena coca y que están liquidando los remanentes de la que va quedando.

Otros rumores indican que en Bolivia se desató un conflicto entre gremios que paralizó el comercio legal de la hoja de coca y que por eso no llega a la Argentina. El conflicto de la denominada Cocaleros de los Yungas entró en un estancamiento en las comercializaciones a raíz de lo que consideran "abusos" por el cobro en el transporte de la hoja de coca.

El comercio se bloqueó, lo cual es una medida característica que los gremios bolivianos usan como presión.

En La Quiaca está casi paralizado el paso de coca para nuestro país. Del lado salteño, el río Bermejo está endiablado en Aguas Blancas y los altos niveles del cauce hacen que los pasadores de productos, más conocidos como "bagayeros", no pueda cruzar hacia Argentina.

Todo confluye a la escasez de mercadería y como la ley de mercado lo dictamina: todo lo que falta sube.

El que más lo paga es aquel obrero que sale a la mañana y hace un alto en el camino para comprar 20 o 30 gramos de la hoja ancestral; esa que se necesita para trabajar en la construcción, en los campos, en las calles. Allí, en los quioscos de los barrios humildes de Salta, se paga 20 pesos los 20 gramos. Es decir 1 peso por gramo. El trabajador es el que más pierde porque a la larga está pagando mil pesos el kilo de coca.

En un quiosquito de la feria de la avenida San Martín, Hilda informa a sus clientes sobre los aumentos y explica. "Yo no quiero que mis coqueros se enojen, pero no se consigue más coca barata. No sabemos si luego bajará nuevamente o seguirá al mismo precio", concluyó la mujer grande.

Símbolo de estatus

Por los precios, la coca se va convirtiendo en un verdadero artículo de lujo y los gauchos disfrazados, los viejos de las confiterías del centro, los choferes, los árbitros malos y hasta los periodistas comenzaron con las bromas sobre los modos de esconder las bolsas de pedigeños. La coca más que un vicio ya es un lujo y el criollo no deja pasar su impronta picarezca para gastar una broma.

Más allá de los eufemismos y las ironías que genera la situación, la inflación parece haber alcanzado de lleno al coqueo, costumbre ancestral arraigada profundamente en el ser andino. Para los salteños en particular, sinónimo de festejos, meditación, remedio, bálsamo para las tristezas y ofrenda en rituales.

Aunque se debe ser claro en que esto no se da en el marco de una escalada generalizada de precios a causa de la política argentina.

Ahora bien, en la calle las subas en los precios de la hoja siempre encuentran un buen argumento, las inundaciones en el norte, los cortes de ruta, el costo del combustible, el dólar, el frío, el calor, etcétera.

Lo cierto es que hoy, los coqueros deben hacer un enorme esfuerzo para adquirir unas cuantas hojas para amasijarlas en el interior de sus mejillas, rumiando la bronca.

 

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