Cástulo Guerra: “La provincia Salta es mi santuario y mi padre fue mi antorcha“

Partió hace como 46 años, pero parece que nunca se fue. Hablar con Cástulo Guerra, es repasar la Salta, de antes. En esos “duendes” de la nostalgia, sobrevuelan Manuel J. Castilla, el “Cuchi” Leguizamón, César Perdiguero, historias de las casas coloniales, las plazas, los sueños juveniles y la importancia del destino que un día lo llevó desde Tucumán a Nueva York y de allí hasta Los Ángeles, donde hoy vive. Para llegar a esa situación transitó dificultades, pero se fortaleció en la adversidad y hoy repasa esos años. Gesticula, se mueve en el sillón de manera inquieta, quizás es su forma de expresarse. Es un actor de raza, aunque como él dice: “Es muy extraña la huella del actor, sólo lo sabe el actor”.
En 1979 empezó en la obra Otelo de Shakespeare en el festival de Nueva York en el Central Park al lado de Raúl Julia, de Richard Dreyfuss, de Denzel Washington y de Morgan Freeman. Y de allí no paró. Trabajó junto a John Travolta, Olivia Newton-John, Gene Hackman Charles Durning, Burt Reynolds, Candice Bergen, George Segal, Barbra Streisand, aunque también fue dirigido por grandes directores.
Pasó en un vuelo fugaz por Salta donde estuvo por casi dos semanas, alternando entre Cerrillos y la filmación de dos trabajos, uno bajo la dirección de su amigo José Issa (Hay Coca). “Un personaje fabuloso, además Roly Serrano compone, no es una pincelada, te hace el mural, porque viene con su personalidad. Trabajar con Roly fue muy bueno”.
El otro proyecto “Badur Hogar” dirigida por Rodrigo Moscoso. “Esta película tiene una identificación especial por la idiosincrasia de la región”, argumentó. Será una comedia romántica popular, que apunta a una franja de público poco interpelada por el cine salteño”.

Alguna vez dijiste que volver a Salta es como cuando una hoja seca revive con las gotas de lluvias. ¿Seguís sintiendo esa sensación?

“Yo tengo respeto, admiración y cariño a todo eso. Eso que nosotros llamamos terruño hace que la hoja seca vuelva a revivir con el sereno de la mañana. Y te digo no es poesía rebuscada, simplemente es mi verdad. Totalmente, porque Salta es mi santuario. Yo sé dónde está enterrado mi padre. Me conecto con mi viejo, ha sido conmigo de ley. No habrá sido perfecto, pero como hombre es mi ídolo. Mi antorcha. Mi viejo venía bien de abajo”.

¿Tenés una especial admiración por tus padres?

Cuando mi papá estuvo preso en los cuarteles, yo le llevaba la vianda con ropita limpia y los guardias me paraban: alto. Mi papá desde lejos me saludaba. Esa imagen no la olvido más. Ese viejo lo quiero en éste mundo y en el otro. Y mi madre, que se bancó todo, que era española, una mujer divina, alegre con una compasión que yo no tengo. Las cenizas de mi madre están esparcidas en Las Ventanas, camino a Cafayate. Entonces, esas dos fuentes, son las raíces que me guían. Es mucho más, están mis hermanas, mis tíos que eran fabulosos. Todos locos, en las artes, en las pinturas, cada uno en sus formas, todos cantaban en las fiestas familiares, las comilonas, la alegría. Todo eso. Yo recibí muchísimo amor, a mí no me faltaba el amor. Lo recibí en Salta, después en Tucumán y después están esos ángeles de la vida que me dijeron, che anda sentate ahí, porque va a aparecer alguien en seguida. Yo me senté, vino alguien y me dijo ¿Quién sos vos?. No te gustaría hacer teatro. Y allí empezó todo. Tengo que reconocer la importancia que jugó en mi vida mi mujer de hace 45 años que es Christy, que hoy en el ámbito familiar es más conocida como la “Cristie”, madre de mis dos hijos y una gran compañera”.

Salta siempre está presente, aunque sea en las pequeñas cosas...

“Yo me despierto, tomo café o mate, abro la computadora y paso derecho a El Tribuno. A ver qué pasa en Salta, accidentes en la ruta, motochorros. Es una lástima, pero desgraciadamente es mi país. Después, cuando me doy un baño de argentinismo y de salteñidad, abro “Los Angeles Times” y “El New York Time”. Mi mujer lee “El Washington Times”, pero para tanto no me da”.

¿Estás viviendo una especie de dos vidas?

“Yo me fuí hace 46 años pero estoy acá más que nunca. Coincidentemente tengo un compromiso con los changos salteños, pero más allá de esa posibilidad, estoy convencido de que tenemos que hacer cine. Algún día se tiene que decir el cine salteño. Tenemos todos los elementos para hacerlo, simplemente hay que decidirse”. Contemos la historia nuestra, en un mundo global que se conozca a Salta no solo por el turismo. No existe otro lugar como éste”.

¿Estados Unidos tiene también algo distinto?

“Sabes cuál es la diferencia entre Salta y Norteamérica. Que vas por una ruta que está llena de baches, pero no ves la “M” de McDonald. En Estados Unidos, desde 5 millas a lo lejos ya vez una “M” gigantesca y una bandera inmensa de Estados Unidos que dice: Acá chicos vengan a comer hamburguesas. Felizmente no tenemos eso todavía. Entonces el día que tengamos la “M” metida ahí estamos sonados. Nosotros tenemos una riqueza acá. Los pueblos de los valles, hay que contar la historia. Hay que tirarse al agua sin miedo, sin resquemores. Yo sé que es un problema de finanzas, porque hay gente que dice no tenemos para comer, con el tarifazo. Es cierto pero no por eso Shakespeare vivió en un mundo convulsionado, de guerra, asesinaban reyes, príncipes y él contaba todo ahí. El teatro se llenaba”.

¿Y en esos tiempos no existía el cine?

“Siempre pensé que el teatro, el cine, la televisión es la cocina de los tiempos, es el sheff donde se refleja la realidad de los tiempos y eso enseña, nos cambia, nos hace pensar”.

¿A qué se debe que no te conocen mucho?

“Yo te digo, nunca he sido partícipe de la farándula de la vida social. No me interesa, razón por la cual, siempre me dicen, pero yo jamás vi tu nombre. Otras veces ¿De Salta? ¿Qué hacés acá? Siempre surgen esas preguntas cuando me encuentro con algún argentino. Ricardo Darín es una cosa, en cambio Cástulo Guerra es como el vino Toro, algo así”.

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