La "globalización" podría ser definida como la etapa del desarrollo científico y tecnológico que generó la aparición de productos y servicios y de métodos de producción capital-

intensivos, que permiten grandes escalas de producción. También, la división y dislocación de los procesos de producción. Todo esto en un contexto internacional en el que es posible la movilidad de los factores de producción y de bienes y servicios en casi todo el mundo y con limitadas barreras que afecten dicha movilidad.

Alimentos siglo XXI

En el sector agropecuario ha habido grandes avances en las técnicas de producción agrícola, lechera y ganadera, pero también en la piscicultura. La automatización de muchas actividades antes realizadas manualmente, la generación de plantas transgénicas resistentes a diferentes tipos de plagas o herbicidas, los fertilizantes sintéticos, el desarrollo de la inseminación artificial y de la clonación o los sistemas de riego mecanizado y automatizado, o la utilización de señales satelitales para guiar el trabajo de sembradoras o cosechadoras de gran porte, han sido adelantos de los más notorios en este campo.

Los países que más rápido están avanzando en la materia, en términos de bajar costos, elevar la productividad por hectárea o por unidad de inversión y ganar en seguridad frente a los accidentes meteorológicos, lo están logrando a través de la introducción de paquetes tecnológicos y financieros.

De ese modo, se allana el acceso a escalas de producción suficientemente elevadas como para permitir la incorporación de maquinaria e implementos de producción de elevado costo y que requieren de una utilización intensiva para alcanzar su amortización en tiempos razonables.

El resultado final, ha sido una creciente producción mundial que ha podido atender una demanda de alimentos que ha crecido por encima de cualquier estimación previa.

El subsuelo

Otro tanto ha sucedido en la minería, donde el tamaño de la maquinaria, su automatización y manejo a distancia y a grandes profundidades, la ampliación de la capacidad de transporte de camiones y buques mineraleros y la construcción de puertos mineraleros y la transformación de la industrialización de los minerales y otros productos extraídos de las entrañas de la tierra o del lecho de los mares, han cambiado por completo la estructura del empleo y los conocimientos requeridos para participar de la actividad y a la vez han creado las condiciones para atender el crecimiento de la demanda mundial. Un proceso equivalente está en curso en la producción de gas y petróleo, con los avances registrados en la explotación "off-shore" o en el desarrollo de las técnicas de "craking".

Globalización y empleo

Obviamente, estos procesos reducen la cantidad de mano de obra necesaria para cada actividad, ya sea manufacturera, agrícola o minera que, como vimos antes, han conocido el surgimiento de la nueva economía de servicios vinculada a la producción. Independientemente de esto, han surgido con la globalización cientos de actividades definidas como "servicios", que han absorbido buena parte de la mano de obra liberada por la industria manufacturera o que se ha incorporado al mercado laboral directamente a través de los mismos.

La expansión sin precedentes del turismo, del transporte, de las comunicaciones, de los servicios bancarios o financieros, de los vinculados a la educación o a la formación, a la salud y a la atención social de niños y de mayores, o la producción de "bienes culturales" de diverso tipo, han modificado totalmente el mercado del empleo.

Los estudios de la OCDE y de la OIT (en particular los antes citados) nos dicen que seguiremos viendo, en el futuro más empleo en el sector de los servicios, menos en la agricultura (siguiendo con un proceso ya secular) y menos empleo en el sector manufacturero en los países desarrollados y en los países de ingresos medios altos (en general aquellos que llegaron después que los países desarrollados a la industrialización) y un leve incremento del empleo industrial en los países de ingresos medios bajos (la mayoría de reciente industrialización).

En este contexto, la declinación de la industria manufacturera en los países desarrollados no sería tan grande, más bien ha cambiado la cantidad, la naturaleza y la ubicación de los empleos.

Sigue habiendo mucho empleo (la desocupación como veremos más adelante- está en niveles históricamente muy bajos en todo el mundo, inclusive en la mayoría de los países industrializados) pero muchos de los "buenos empleos" no calificados del pasado desaparecieron y no volverán. Además, el envejecimiento de la población genera un incremento de la edad promedio de la fuerza laboral, creando problemas y tensiones no solo en los sistemas de seguridad social, sino también nuevos requerimientos de formación y adaptación a la actividad productiva de sectores crecientes de la población activa.

Más temores que riesgos

En este contexto, debe destacarse que el nivel de desempleo mundial es, de acuerdo a los últimos datos disponibles, de solo el 5,7% de la fuerza laboral. Esto implica, sin embargo, que hay en el mundo unos doscientos millones de personas desocupadas que buscan empleo. Esto son casi 30 millones de personas más que en el 2007, antes de la crisis. Sin embargo, con los datos que nos da la OIT, hemos calculado que, desde ese año se han incorporado al mercado laboral mundial unos 548,6 millones de personas, la mayor parte de las cuales han encontrado empleo. Ello se debe a que las grandes economías siguen creando empleos: Asia, creo 20 millones de puestos de trabajo solo en 2016; los mercados que más crecieron fueron India, Indonesia y Filipinas.

China, en cambio, parece haber encontrado un freno no solo a su expansión económica sino también a su capacidad de crear empleo, especialmente en el sector de manufacturas intensivas en trabajo y en la agricultura.

El resultado global para Asia son tasas de desempleo muy bajas y con leves variaciones previstas para el futuro próximo en las principales economías: India: 3,5% en 2016 y 3,4% en 2018; China: 4,6 y 4,7%. Las regiones en desarrollo con mayores niveles de desempleo están en el centro de Asia (Pakistán), los países árabes, África, y en especial el norte y el oeste de dicho continente, y en América Latina, en cuyo promedio pesa en forma destacada el nivel de desocupación de Brasil: 11,5% para 2017 y con una proyección del 12,4% para el 2018.

En los “países industrializados” la tasa de desocupación en 2016 llegó al 6,3% con perspectivas de descender al 6,2% en 2018. Las cuatro principales economías del mundo desarrollado presentan hoy tasas de desempleo muy bajas: Estados Unidos (4,9% y en descenso); Reino Unido (4,8% y en ascenso como consecuencia del “Brexit”); Alemania (4,3%); y Japón (3,1%).

Por otra parte, la mayoría de las estadísticas disponibles evidencian tasas de desocupación más elevadas y mayor precariedad en el empleo entre las mujeres y los jóvenes. En lo que se refiere a los países miembros de la OCDE (la mayoría de los cuales entran en la categoría de “países desarrollados”), confrontan -como el resto del mundo, pero en un contexto diferente- el problema de los llamados Ni-Ni (“jóvenes poco calificados desconectados del empleo y del aprendizaje”). En esos países, el 15% de los jóvenes de 15 a 29 años de edad entran en esa categoría y cerca de un tercio de ellos viven en el seno de una familia donde no hay adultos empleados, lo que sugiere niveles de ingresos muy bajos y menores posibilidades de encontrar empleo.

Yendo ahora a los niveles de los salarios reales, puede decirse que el comportamiento de estos ha seguido, en la mayor parte de los países, el de los niveles de empleo . En las grandes economías de Asia se han registrado muy fuertes aumentos desde el 2006 y 2015: en China, los salarios reales se duplicaron; en India aumentaron un 60%; en la República de Corea el 12%; y en Australia el 10%, solo en Japón disminuyeron un 2%.

Respecto de la brecha de ingresos que genera la globalización, digamos que ésta, al igual que cualquier otra etapa del desarrollo tecnológico y económico, tiene beneficiarios y perdedores, tanto entre las naciones como dentro de ellas. Sin embargo, a nivel global, es posible que sea la más positiva de las etapas hasta hoy conocidas.

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