Recién operada, con bajo peso y sin  dinero

Se dicen "hermanas" y se definen como "cristianas". Pero la historia compartida hace pensar en una "hermandad" que va más allá de la religión. Yuri Lindero, de 31 años, y Aleska Bolívar, de 23, llegaron a Salta en abril. Estudiaron Gestión Ambiental y Hotelería respectivamente. Sus padres primero se oponían a la idea de dejar ir a sus hijas.

El padre de Aleska es empleado de PDVSA, la petrolera nacional. En otras épocas, trabajar allí era sinónimo de un buen pasar. Pero en los últimos meses no tenían qué comer, igual que la familia de Yuri. "Salíamos a vender helados. Cuando volvíamos, comíamos una arepa. A veces mi mamá lloraba de impotencia", lamentó.

Ambas comenzaron a planear silenciosamente su viaje. "Nadie se puede enterar porque, si no, te roban porque saben que estás ahorrando", advirtieron. Con dólares escondidos estratégicamente, partieron. Recuerdan los números con los que salieron de su país: "3152-53".

Sortearon los robos en Venezuela, pero no en Colombia, por lo que tuvieron que buscar trabajo para seguir viaje. Yuri consiguió uno por 18 horas diarias y que le exigía hacer fuerza. "Antes de irme, me habían operado de un fibroma del seno derecho y me dolía mucho", recordó la joven. Terminó en una sala de primeros auxilios.

El médico que la atendió, conmovido por su historia, le escribió una "carta" a su jefa. En el escrito, además de advertirle sobre la delicada salud de la joven, le pedía que le pagara los días trabajados, ya que se negaba.

Tomaron 16 buses y viajaron durante 18 días. Se cruzaron en el camino con el robo, la explotación y también la prostitución. "Un hombre nos propuso trabajos oscuros", recordó Aleska.

En la Aduana argentina les preguntaron si tenían dólares. Advertidas por un salteño, dijeron que sí. Tuvieron suerte y no les pidieron mostrar lo que no tenían.

Al llegar a Salta se quedaron por no tener dinero para seguir viaje hasta su destino: Córdoba. Durmieron en la terminal y, al amanecer, buscaron ayuda en Cáritas. No tuvieron suerte. Les dijeron que "solo ayudaban a hombres".

"Pesaba 39 kilos" recordó Yuri. Hoy viven en el barrio Mosconi. Ambas trabajan como mozas y esperan que aparezca "una mejor oferta". "Ustedes tiran mucha comida, yo le dije a mi compañero que me negaba a tirar comida, que lo hiciera él", contó Aleska.

Comenzaron una nueva vida, pero no se olvidan de "los que quedaron". "Las pocas veces que hablo mi sobrina, siempre me dice que comió un zapallo o arroz", dijo Yuri.

 

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