Pequeños productores que se  afianzan y piensan en grande

Los pequeños productores de la Quebrada del río Toro están afianzándose en sus proyectos. Se trata de unas 40 familias de las comunidades originarias del pueblo Tastil que están agrupadas en la Cooperativa Teki Masi.

A fines del año pasado consiguieron un predio, que están utilizando para realizar una feria y vender al público todos los fines de semana en la ciudad Campo Quijano.

El predio, prestado por el Ferrocarril, está ubicado entre las calles Alberdi y 25 de Mayo, frente al edificio de la Municipalidad de Campo Quijano. Es un espacio que tiene alambrado olímpico y que alberga en su interior a las familias de productores que llegan desde todo el territorio de la quebrada para vender sus papas, sus habas, cabritos, corderos y artesanías; pero también para ofrecer las comidas de las montañas hechas con los productos que les brinda la Pachamama.

Toda clasificación está subordinada a la altura sobre el nivel del mar de donde viene el productor.

Llegan desde El Alisal, San Bernardo, Las Cuevas, Capillas, Las Mesadas, Pascha y otros lugares mágicos de la quebrada que nace en la ladera misma del Nevado de Chañi.

Los runas de las zonas más altas traen papa, oca, habas, arvejas y corderos.

Los de las zonas medias tiene choclos, verduras de estación y frutas. Comparten con los de las zonas más bajas los cabritos y los quesos. Para los de más abajo, las nueces, las peras y los duraznos son de lo mejor.

Orgánicos

Para ir a la feria hay que tener paciencia y prepararse para ver qué tienen los productores para esa ocasión. Son agricultores que manejan la tierra de manera "natural", sin agroquímicos y se ciñen a los ciclos de la naturaleza como norma, por lo que los cultivos se adaptan a las estaciones, al frío, las lluvias y otras variables del realismo mágico local.

Un fin de semana puede haber empanadas de cordero, conservas de papas misquilas, acelgas tiernas, queso de cabra o cualquier otro producto. Pero todo depende, en realidad, de cómo viene el clima, la estación, los vientos o quizás el granizo.

"Nosotros acá vendemos lo que consumimos, es decir las frutas y verduras que sembramos y cosechamos. Y además vendemos las comidas nuestras de cada día. Todo está hecho con productos de nuestra tierra. Eso es lo que atrae a todos los que vienen a comprarnos. La gente sabe que todo es natural, sano, sin químicos y es auténtica comida ancestral tastileña", dijo Esteban Vilca.

El hombre sabe de cabritos a la parrilla y su esposa Mabel podría ganar cualquier concurso de empanadas de la ciudad con sus recetas.

Avances

Dando vueltas, siempre anda inquieto Manolo Copa, el presidente de la cooperativa, que entre broma y broma organiza los puestos, certifica a simple vista la utilización de productos de la quebrada y dialoga con El Tribuno.

"Nosotros, como una asociación venimos trabajando desde hace muchos años. A fines de 2017 conseguimos gracias la intendencia de Manuel Cornejo el predio. Por medio de la Fundación Banco Galicia, del sistema de redondeo, nos dieron un subsidio para la compra de una cámara de frío y un container que sirve para el almacenamiento de los productos", dijo Copa.

La cámara resulta indispensable para mantener las papas durante más tiempo y el depósito sirve para que las familias no necesiten trasladar las mercadería todos los fines de semana.

Valentina Chuchuy, una de las productoras, "baja" todos los viernes desde San Bernardo de las Zorras y tiene que caminar unas 2 horas cuando no tiene una moto. Luego toma un colectivo que viene desde San Antonio de los Cobres.

Si bien las distancias no son tan grandes, la accesibilidad es aún un tema pendiente para las familias de la zona.

Junto a Fasutino Quipildor, preparan la mejor empanada de charqui a 150 pesos la docena.

 

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Sección Editorial

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