Cultura y tradiciones, una conjunción para conmemorar hoy el Día del Folclore

 

 


Nora Figueroa
El Tribuno

Junto a una mesa del Farito que compartían el Cuchi Leguizamón y ‘Perecito’ (Miguel Ángel Pérez), pasó un canillita silbando Zamba para la viuda. El Cuchi lo llama y le pregunta: -“¿Qué estas silbando?”. Y el changuito respondió: -“¡No sé, ni idea!”.
-“Ahí está el folclore”, exclamó el creador de aquella zamba, que ya había perdido la autoría y ahora era de todos.
Con esta conocida anécdota, José de Guardia de Ponté, director Nacional del Consejo Federal del Folclore de Argentina, resume a El Tribuno una de las características que debe tener el folclore. 
La palabra “folklore” que abrevia el término “saber tradicional del pueblo”, fue utilizada por primera vez por William J. Thoms (1803-1885), quien con el seudónimo de Ambrosio Merton publicó en la revista londinense “El Ateneo”, el 22 de agosto de 1846. 
La palabra, que nosotros castellanizamos con “c”, está compuesta por dos voces inglesas: folk=pueblo y lore=saber, ciencia, para definir el saber popular, los conocimientos, usos, costumbres, leyendas, supersticiones, música, danza, canciones, mitos, dichos, refranes, coplas y cantares transmitidos de generación en generación. 
Para el escritor salteño Juan Carlos Fiorillo “es en definitiva, lo que se transmite de boca en boca, que trasciende y se incorpora a nuestras costumbres y desconoce toda autoría”, según comentó a este medio.
La Unesco designó, en 1960, la institucionalización de Día Mundial del Folclore como fecha recordatoria de lo que acuñó Thoms.
En la Argentina, Augusto Raúl Cortazar fue quien le dio carácter de ciencia. “En esos tiempos imperaba la corriente del positivismo, por lo que necesitaba tener el rango de ciencia y lo circunscribió únicamente en lo que se llama comunidad folk o campesina. Desde ahí se incluyó todo lo relacionado con el campo, con las comunidades campesinas originarias (no pueblos originarios), gauchas o criollas”, comentó de Ponté. 
Con el avance de la ciencia y la llegada del estructuralismo le dio mayor envergadura, empezó a avanzar sobre las ciudades y a llamarse folk urbano. Así empezó a trabajarse más sobre la cultura y el patrimonio cultural. “De igual manera se conoce como folclore algo que no lo es en realidad: la música de proyección folclórica, que lo será cuando el pueblo olvide su autoría. El folclore es el patrimonio cultural inmaterial e intangible. Y folklore es la ciencia que estudia ese patrimonio”, definió.
Para este especialista es necesario tener en cuenta que nuestro patrimonio cultural folclórico incluye:
* Mitos, leyendas y relatos. 
* Fábulas, anécdotas y paremias (refranes, proverbios, aforismos y axiomas). 
* Música con orígenes diferentes (andino, ancestral, centro valle y Chaco salteño) 
* Danzas que se consideran folclóricas cuando tienen más de 100 años o que el pueblo las mantiene como vigentes, entre las cuales hay “históricas que ya no son ni folclóricas”. 
* Creencias, de origen indígena, criollo y europeo (como la Pachamama, el Gauchito Gil y el Lobizón, respectivamente y a modo de ejemplo). 
* Fiestas y celebraciones populares que se dividen en: folclóricas, religiosas, rituales ancestrales y de producción agrícola-animal. 
* Patrimonio cultural alimentario y gastronómico. 
* Medicina popular folclórica (curadores y curanderos). 
* Arte popular artesanal (artesanías) 
*La literatura (amplia y variada). 
* Normas usos y costumbres 
* Juegos, deportes y entretenimientos (carrera de postas, piyadita). 

Qué es lo folclórico
Fiorillo brinda claridad al respecto y define que, para que algo sea folclórico, debe ajustarse a una serie de condiciones, entre las que se destacan dos de primordial importancia:
1) Que haya sido producido por el pueblo en el anonimato, por el aporte colectivo de la gente.
2) Que haya arraigado en el pueblo, sufriendo la prueba del tiempo sin desaparecer en sus intenciones básicas. 
Para el escritor, el folclore argentino no es un producto autóctono, es decir que no es la supervivencia de viejas prácticas aborígenes, sino que, en un elevado porcentaje, es resultado de la aclimatación de usos importados, correspondiendo la otra parte a motivos locales que subsistieron a la conquista, pero que fueron fuertemente influenciados por las modalidades europeas. 
Mientras tanto, Guardia de Ponté cree que uno de los peligros que tienen el folclore, la tradición y la cultura es la globalización, “que no es mala ni buena, sino que como fenómeno trae consigo la cultura del consumo basada en la más influyente, que es la norteamericana”. 
Y agrega que el folclore es un conjunto de valores que vamos heredando. “No se puede querer lo que no se conoce y no se puede defender lo que no se quiere”. 
 

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